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Opinion - Armen Ayvazian, Doctor en Ciencias Políticas, historiador
"El fascismo turco-azerbaiyano está ganando" en Artsaj
15 de Septiembre de 2026

Esta última visita de diplomáticos a Artsaj, lamentablemente, sugiere que el fascismo turco-azerbaiyano notorio está ganando por ahora.

Así, el 11 y 12 de septiembre de 2026, las autoridades de Azerbaiyán organizaron la mayor visita hasta el momento del cuerpo diplomático extranjero a Artsaj. Participaron cerca de 150 representantes de 58 países y 9 organizaciones internacionales. Visitaron Stepanakert, Shushi, las regiones de Martakert y Kashatagh, entre ellas Gandzasar y Dadivank. Según fuentes azerbaiyanas, fue ya la vigésima segunda visita organizada del cuerpo diplomático a esos territorios desde 2020.

¿Qué les mostraban?

Caminos y túneles nuevos, edificios residenciales, una universidad, fábricas, el "regreso" de azerbaiyanos, un Stepanakert y una Shushi "en reconstrucción". Muchos de los diplomáticos elogiaron el volumen y la velocidad de las obras. Sin embargo, en sus declaraciones públicas nunca resonó la pregunta más elemental: ¿y dónde están los armenios de Artsaj?. Porque no desaparecieron...

Después de la guerra de 2020, del bloqueo azerbaiyano de diez meses en 2022-2023, del hambreamiento, la presión militar y el ataque de septiembre, más de 130 mil armenios de Artsaj se vieron obligados a abandonar, en apenas unos días, su lugar de nacimiento y la patria de todos los armenios. Artsaj quedó completamente vaciado de armenios.

Entonces, ¿de qué "regreso a la vida" se habla? ¿La vida de quién volvió a Stepanakert, si sus habitantes armenios viven forzosamente en la República de Armenia y en otros lugares? ¿El "repoblamiento" de quién celebran los diplomáticos extranjeros, si la población autóctona de esa tierra está privada de la posibilidad de regresar a sus casas?

Este monstruoso silencio diplomático tiene una consecuencia política muy concreta: el "resultado" de la limpieza étnica se legaliza y se normaliza de manera gradual.

Hasta hace apenas tres años, en Artsaj vivían los armenios, tal como habían vivido allí desde tiempos inmemoriales. Los expulsaron por la fuerza. Hoy, en ciudades y pueblos armenios se reasientan azerbaiyanos, mientras diplomáticos de decenas de países visitan esos lugares y elogian la "reconstrucción". Es difícil imaginar un escenario más favorable para los fascistas de Bakú: el crimen cometido queda en el pasado, y la "nueva realidad" que creó ya se presenta al mundo como "vida normal".

Pero el asunto no terminó con el vaciamiento étnico. En Artsaj avanza a toda marcha la eliminación de la huella armenia.

El ejemplo más flagrante son Gandzasar y Dadivank. A los diplomáticos ya se les presentó allí la tesis oficial de Azerbaiyán, según la cual estos monasterios armenios son un patrimonio "caucásico-albanés". En el caso de Gandzasar, esto se hace en un monasterio cuyos muros llevan inscripciones armenias, cuya historia está indisolublemente ligada a la Iglesia Apostólica Armenia, al principado armenio de Khachen, que gobernó la región entre los siglos IX y XVI y a la lucha de liberación del pueblo armenio de Artsaj en el siglo XVIII, en 1917-1920 y en 1988-2023.

Esto no es una simple falsificación de la historia, sino la continuación de la limpieza étnica, ahora en el terreno cultural: primero, alejar a los armenios de Artsaj; después, alejar de Artsaj su historia armenia.

Es precisamente aquí donde la idea que Raphael Lemkin formuló ya en 1944 encuentra una confirmación casi estremecedora. Lemkin no limitaba el genocidio a la destrucción física de las personas. Hablaba de dos fases sucesivas: la destrucción del patrón nacional del grupo oprimido y, en su lugar, la imposición del patrón nacional del opresor. Y agregaba que esta segunda fase puede aplicarse ya solo sobre el territorio, una vez expulsada la población y poblado ese territorio con los propios ciudadanos del conquistador.

En Artsaj se está desarrollando exactamente este proceso: expulsión de la población armenia, luego bloqueo de su regreso, nuevo poblamiento del territorio, eliminación de la toponimia armenia, borrado de la memoria histórica armenia, y "albanización" y apropiación del patrimonio cultural armenio.

Y el problema ya no es solo armenio.

La legitimación internacional de la limpieza étnica de Artsaj es una catástrofe no solo para los armenios. Es un peligro para todo el sistema de seguridad internacional. Si el resultado de una limpieza étnica puede convertirse, en pocos años, en una realidad política internacionalmente aceptada, entonces la expulsión forzada de una población se transforma, de hecho, en un método "eficaz" para resolver problemas territoriales y demográficos. Exactamente como en la idea que expresó Adolf Hitler el 22 de agosto de 1939: "¿Quién se acuerda hoy del exterminio de los armenios?". Días después estalló la Segunda Guerra Mundial, y en los años siguientes, el exterminio planificado de millones de personas.

El caso de Artsaj puede dejarle al mundo una lección muy peligrosa: si querés deshacerte de una población indeseada, llevá el asunto hasta el final. Expulsá rápidamente a toda la población, creá un hecho consumado e irreversible en el terreno, no le prestes atención a los débiles intentos de condena internacional, y después construí caminos y barrios residenciales, organizá visitas diplomáticas y esperá. Al cabo de un tiempo, el mundo dejará de hablar del regreso de los desplazados forzosos y empezará a discutir el desarrollo económico de la "nueva realidad" que vos creaste.

Este es el aspecto más peligroso del precedente de Artsaj: una limpieza étnica completada con éxito y que queda impune se convierte en un ejemplo a imitar.

Si la comunidad internacional se acomoda al resultado del crimen, se derrumba la fuerza disuasiva del derecho internacional. Hoy, de hecho, está anulada la función más importante —la preventiva— de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio adoptada por la ONU en 1948, aunque hasta el momento la hayan ratificado 154 Estados.

¿Fue acaso una casualidad que, inmediatamente después del vaciamiento étnico de Artsaj, el mundo se enfrentara a la catástrofe de Gaza: las matanzas masivas de la población palestina, su desplazamiento y la destrucción a gran escala de su entorno vital? Hoy, distintas manifestaciones de esos mismos procesos peligrosos son visibles también en Cisjordania, así como para la población del sur del Líbano. En Sudán se están perpetrando matanzas de carácter genocida…

Por supuesto, Artsaj no "causó" Gaza. Pero Artsaj y Gaza dejan al descubierto la misma enfermedad grave del sistema internacional: la incapacidad de detener a tiempo un crimen masivo y, después, la disposición a acomodarse a la realidad impuesta por la fuerza.

En la cuestión de Artsaj hoy se está decidiendo mucho más que el destino de Artsaj y de la República de Armenia.

El mundo está eligiendo hoy qué lección sacar de lo ocurrido en Artsaj. Y esta última visita de los diplomáticos a Artsaj, lamentablemente, sugiere que, por ahora, está ganando el fascismo turco-azerbaiyano manifiesto, que convierte la limpieza étnica y el genocidio en un medio aceptable para alcanzar objetivos políticos. Las consecuencias no tardarán en llegar y se harán cada vez más visibles en muchos otros lugares del mundo.

Y nosotros debemos intentar resolver nuestras cuestiones de seguridad por todos los medios posibles e imposibles.

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