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Opinion - Hakob Badalian, analista político
La diáspora no debilita a Armenia: la fortalece
19 de Agosto de 2026

La diáspora es un recurso: fortalecerla dota a Armenia de una nueva energía de viabilidad estatal

Existe una idea absurda que sostiene que cuanto más se fortalece la diáspora, peor es para Armenia, que cuanto más crece una, más se debilita la otra. Algo por el estilo. Esa idea la difunden ahora, especialmente, los representantes de la fuerza gobernante.

Por supuesto, ahí se intenta imponer una lógica según la cual la diáspora se fortalece a costa de Armenia y, en consecuencia, Armenia se debilita cuando la diáspora se fortalece.

En realidad, esto equivale más o menos a decir: si tomás agua, vaciás el vaso, y para que el vaso no se vacíe no hay que tomar agua. Aproximadamente, no en sentido literal.

La posibilidad de fortalecer la diáspora no es a costa de Armenia, sino a través de Armenia. Es decir, es Armenia, como Estado, la principal beneficiaria de una diáspora fuerte. Ubicada en una posición geográfica y geopolítica donde sus recursos son objetivamente muy inferiores al volumen de los desafíos que enfrenta, Armenia necesita un recurso adicional. La diáspora es ese recurso adicional, y no únicamente en términos materiales. La diáspora es un recurso profesional, un recurso de lobby, un recurso socio-psicológico, un recurso de valores.

La pregunta es cómo se logra trabajar con ese recurso desde el Estado. Y, naturalmente, se vuelve central hasta qué punto se es capaz de reconocer ese recurso, percibirlo, comprenderlo, aceptar su diversidad, su estratificación y su complejidad, imaginar su heterogeneidad y, en consecuencia, la necesidad de elaborar una política diferenciada y flexible.

La diáspora es un recurso, no una varita mágica. Pero es un recurso muy importante, valioso y, en cierto sentido, excepcional, cuyo fortalecimiento no implica el debilitamiento de Armenia, sino que la dota de una nueva energía de viabilidad estatal.

Cuando de algún modo se contraponen los conceptos de Armenia y diáspora, eso simplemente debilita la estatalidad armenia y erosiona también el potencial diaspórico.

Esto, por lo demás, no significa que sean bienvenidos automáticamente los brindis sobre la "unidad". La cuestión pasa por el trabajo, no por los brindis. Y también existe en Armenia una mentalidad igualmente absurda —tal vez inculcada de manera sistemática y deliberada— según la cual las estructuras diaspóricas, en particular las organizaciones de la diáspora tradicional, serían, por así decirlo, "emocionales" en su percepción de Armenia.

Necedad, pura necedad. Son personas pragmáticas, con mucha experiencia de vida. Tienen visiones distintas sobre el rumbo que debe tomar el Estado armenio —algo absolutamente natural—, pero siempre parten de una mirada pragmática.

Las diferencias y las divergencias deben gestionarse, no rechazarse. Cuando en cualquier circunstancia se rechazan las diferencias —más aún con agresividad, con mediocridad combativa o con ignorancia—, el resultado suele ser, no la eficacia, sino la destrucción. Y eso es, en esencia, lo que hoy hace la política estatal, tanto en la relación entre Armenia y la diáspora como en las relaciones internas de Armenia.

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