"Si la Diáspora se fortalece, Armenia se debilitará. La Diáspora debe debilitarse para que Armenia se fortalezca", sostuvo el diputado del CC (Contrato Cívico) Arman Yeghoian desde la tribuna de la Asamblea Nacional armenia.
La Diáspora no tiene categoría de peso, la Diáspora no tiene un solo número de teléfono al que puedas llamar y que te responda con todo su peso específico, afirmó el legislador oficialista.
La Diáspora debe levantar el teléfono, llamar a Armenia y preguntar qué puede hacer por Armenia. Y la Diáspora debe hacer lo que Armenia le pida, agregó Yeghoian.
Así es, según el legislador, la única manera en que concibe la relación entre Armenia y la Diáspora.
"Existe un mito muy difundido en Armenia sobre la Diáspora: se dice que cuanto más fuerte es la Diáspora, más fuerte es Armenia, y cuanto más fuerte es Armenia, más fuerte es la Diáspora. Esto es completamente falso. La Diáspora nunca se fortaleció por crecimiento demográfico natural, sino únicamente cuando hubo flujo migratorio desde Armenia u otros centros de la colectividad", declaró Yeghoian.
--------------------------------------------
La Diáspora no es una sucursal: apuntes sobre los dichos de Arman Yeghoian
Las declaraciones del diputado Yeghoian no son un desliz retórico: son la expresión más honesta, hasta ahora, de cómo concibe el oficialismo armenio a millones de personas que durante generaciones sostuvieron a la nación cuando el Estado no pudo, no supo o no quiso hacerlo. Decir que la Diáspora "no tiene categoría de peso", que carece de un solo número de teléfono al que Armenia pueda llamar para exigir obediencia, no es un análisis: es un desprecio disfrazado de diagnóstico institucional.
Conviene ponerle nombre a lo que Yeghoian está pidiendo en realidad: una Diáspora muda, dócil y financista, que gire remesas y calle. Fue esa misma Diáspora, sin comando único ni jerarquía central, la que sostuvo escuelas, iglesias, centros de salud y campañas de auxilio en cada catástrofe que atravesó Armenia: desde el terremoto de Spitak hasta el éxodo forzado de más de 100.000 armenios de Nagorno Karabaj en 2023. Fue esa misma Diáspora la que, sin que nadie se lo pidiera, montó en Ereván el programa "Segunda Opinión" —que conecta al Hospital Garrahan con los centros médicos Arabkir y Sourp Astvadsamayr—, financió el Hospital Austríaco de Niños de Gyumri y sostuvo, junto a la UGAB, el Armenian-American Wellness Center, uno de los activos sanitarios más valiosos de la Armenia independiente. Nadie "levantó el teléfono para preguntar qué podía hacer": la ayuda llegó, y llegó rápido, precisamente porque no existe el mando central que Yeghoian añora, y que probablemente le resultaría mucho más fácil de controlar o de silenciar.
El argumento sobre el "crecimiento demográfico natural" es, directamente, una manipulación. Sostener que la Diáspora solo existe como derrame de Armenia —y nunca por mérito propio— es una construcción hecha a medida de una sola conclusión: si la Diáspora no tiene legitimidad propia, tampoco tiene derecho a opinar, cuestionar o pedirle cuentas a quienes gobiernan. Es el argumento de cabecera de cualquier poder que prefiere una Diáspora arrodillada antes que una Diáspora crítica. Y no es casual que llegue de un bloque que necesita cada vez más urgentemente anular voces disidentes, dentro y fuera del país.
Porque ahí está la hipocresía de fondo, y no hay forma elegante de decirla: el mismo oficialismo que le exige a la Diáspora que "haga lo que Armenia le pida" es el que, tras las elecciones de junio, impulsó una reforma electoral para recortarle el derecho al voto a los ciudadanos no residentes. No se le puede exigir sumisión "telefónica" a quien, al mismo tiempo, se le está cerrando la puerta de las urnas. Eso no es pedir colaboración: es pedir tributo sin representación.
La relación entre Armenia y la Diáspora no le pertenece a Yeghoian ni a su bancada ni a su partido ni a su gobierno para redefinirla desde un atril parlamentario. Se construyó durante más de un siglo de sacrificio compartido, y ningún funcionario de turno —por más embriagado que esté de poder circunstancial— tiene autoridad moral para bajarla a la categoría de una central telefónica a sus órdenes.
Sergio Nahabetian, director