SECCIONES
ARMENIA
LOCALES
DIÁSPORA
UGAB
INSTITUCIONES
EMPRENDIMIENTOS Y PYMES
OPINION
AGENDA
SOCIALES
EDICIONES
Temp.: -
Hum.: -
Domingo 05 de Julio - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Opinion - Artur Khachikian, doctor en Ciencias Políticas, Universidad de Stanford (EE. UU.)
"El nuevo enemigo del régimen: la diáspora armenia"
05 de Julio de 2026

El administrador de la "República Autónoma" de Armenia cumplió con la enésima exigencia de Aliev y Erdogan: neutralizar a la diáspora armenia

El sueño centenario de la Ankara oficial se está cumpliendo. Después de renunciar al Ararat y renunciar al reconocimiento del Genocidio, ahora llega la etapa siguiente. Tenemos un nuevo enemigo: la diáspora armenia. Esa misma diáspora que, con su ingenuidad y candidez, alimentó a Armenia durante 35 años e invirtió miles de millones de dólares para su desarrollo. Ahora estos son nuestros enemigos. Antes se había convertido en enemigo a los artsajtsíes, a los rusos, a los "ex". Ahora nuestros nuevos enemigos son los armenios de la diáspora. El régimen del administrador continúa dividiendo metódicamente a nuestro pueblo y cumpliendo todas las exigencias de sus patrones.

En lugar de privar del derecho a voto a quienes, según su criterio, traicionan a su propio pueblo, decidieron privar de ese derecho a quienes vinieron a combatir por Armenia en tiempos de guerra, a quienes murieron por ella, a quienes durante décadas la alimentaron y la ayudaron privando el pan a sus propias familias. Y, dicho sea de paso, ayudaron y alimentaron bastante en vano.

Por primera vez en la historia, el régimen decidió privar del derecho a voto en su propia república a los ciudadanos de Armenia que residen en el exterior.

Es decir, los armenios "auténticos" —aquellos que entregan Armenia a pedazos y le sacan el Ararat a los pasaportes— son merecedores del derecho a voto. En cambio, los armenios "no auténticos" o "descarriados", que se sacrifican para ayudar a la patria, no deberían tenerlo. Pero plata pueden seguir mandando, de eso no vamos a renunciar.

Hace poco, en Francia, en un café, el mozo, al enterarse de que éramos de Armenia, empezó en broma a tararear canciones de Charles Aznavour. Yo sonreía, me reía, hacía como que escuchaba con gusto, por cortesía. Pero en realidad no había mucho para cantar. Más bien sentía vergüenza.

No podía decirle al mozo que los herederos de Charles Aznavour —esos mismos que se jactan de llevar su apellido cuando van de compras a Occidente— decidieron renunciar a su propia memoria: a la memoria de la familia de su madre, cuyos integrantes fueron asesinados durante el Genocidio. Renunciaron a su identidad, a su historia, a su dignidad. Y mientras tanto, allí en París, sonaban las canciones de un hombre que había glorificado a los armenios en toda Francia. El mozo jamás podría entender esa ironía.

Y, en general, no es mala idea. Si los armenios de la diáspora no son "esos" armenios que deberían tener derecho a voto, entonces la cuestión también se puede plantear del otro lado.

¿Acaso no habría que decirle a Eduardo Eurnekian, que construyó el nuevo aeropuerto de Ereván, que es un armenio "equivocado"? ¿Y que ya es hora de que los armenios "correctos" le devuelvan sus inversiones? Por ejemplo, estableciendo un recargo o impuesto adicional por el uso del aeropuerto, ya que tanto les gusta volar al exterior.

O tal vez habría que conversar con la familia de Kirk Kerkorian, quien invirtió más de 1.000 millones —repito, más de mil millones de dólares— en Armenia, y decirle que es un armenio equivocado, que fabrica una miel equivocada, y que esos son dólares equivocados. Y que los armenios "correctos" deberían compensar de algún modo sus inversiones, por ejemplo, para el asfalto de Ereván.

Lo mismo se le podría decir a la familia del "equivocado" Gerard Cafesjian, que también invirtió sus "equivocados" millones de dólares en el Museo de Arte Contemporáneo del Cascada, ese mismo Cascada donde la "élite" de Ereván y los turistas baten récords de gasto en gastronomía todos los días.

Monte Melkonian, cuya figura imitaba el líder del golpe de 2018, también era un armenio "equivocado". Había venido, con su ingenuidad, a defender y a morir por quienes hoy privan a sus herederos del derecho a voto en su propia patria.

¿Y en qué son malos los "equivocados" armenios que cada año envían a Armenia cerca de 5.000 millones de dólares? Quizás ellos también deberían pensarlo. Si de sus aportes viven quienes creen que no tienen derecho a voto en su propio país, sobre todo cuando no están de acuerdo en entregarlo todo. O tal vez convenga no enviar esos miles de millones con tanto patriotismo.

Es interesante preguntarse quién será el próximo enemigo. ¿Ya vamos a ir por regiones? ¿Siunik? ¿O Sevan? ¿O Gyumri? Ahí van a masticar el próximo pedazo y van a empezar a cortar uno nuevo. Así es exactamente como se destruye a un pueblo: pedazo a pedazo, enfrentándolo consigo mismo y azuzándolo entre sí.

En el Cascada, los amantes de la vida abundante baten récords culinarios, mientras que en la vida pública de Armenia se baten otros récords: de vergüenza cósmica, de humillación y de degradación.

 

Más leídas