La celebración de la Divina Liturgia y el bautismo de dos niños por el rito de la Iglesia Apostólica Armenia constituyeron un acontecimiento de profunda emoción para la colectividad, reafirmando los vínculos entre la fe, la identidad y las nuevas generaciones.
El domingo 25 de octubre, la comunidad armenia de Rosario vivió una jornada especialmente significativa con la celebración de la Divina Liturgia en rito armenio y el bautismo de Narek Danielian y Juan Pedro Affolter, dos acontecimientos que reunieron a más de 50 personas en un clima de espiritualidad, emoción y pertenencia.
La ceremonia fue presidida por el Hayr Surp Hovsep Hakobyan, sacerdote de la Iglesia Surp Kevork de Córdoba, quien invitó a los presentes a descubrir el verdadero significado espiritual de la liturgia. «Hoy no quiero que ustedes sean solamente espectadores, que simplemente admiren la belleza exterior de la Divina Liturgia. Quiero que juntos nos sumerjamos en el mar de la Divina Liturgia para descubrir su belleza interior», expresó durante la celebración.

El oficio religioso contó con la participación del coro integrado por Adriana Stepanian, María Graciela Evazian y Hilda Balouksian, mientras que la diaconisa Mara Pedicino Keuroghlian asistió en el altar y acompañó la ceremonia con traducciones que facilitaron su comprensión. También estuvo presente Daniel Zakian, quien acompañó la visita pastoral del sacerdote a Rosario.
Uno de los momentos más conmovedores fue el bautismo de Narek Danielian y Juan Pedro Affolter, quienes recibieron los sacramentos de iniciación cristiana conforme a las tradiciones de la Iglesia Apostólica Armenia. La realización de estos bautismos, después de varias décadas sin celebraciones similares en Rosario, adquirió un profundo significado para una comunidad que procura mantener vivas sus raíces religiosas y culturales.
Para las familias protagonistas, la decisión representó una manera de transmitir a las nuevas generaciones el legado de sus antepasados.

Ignacio Danielian, padre de Narek, explicó: «Para nosotros era importante que nuestro hijo pueda crecer conociendo sus orígenes, nuestra cultura y las tradiciones que forman parte de nuestra historia. Por lo tanto, bautizarlo nos pareció un buen inicio».
Por su parte, Santiago Voskerichian, padre de Juan Pedro, destacó el valor de la experiencia: «Fue una gran experiencia que nos acercó un poco más a nuestros abuelos y a nuestra cultura. Recomendamos a otras familias vivirla».
La emoción también se reflejó en los testimonios de los abuelos. Juan Danielian expresó que ver a su nieto recibir el bautismo armenio representó un momento de enorme satisfacción personal: «Siento que toda mi trayectoria y todo aquello que siempre valoré encuentra sentido en momentos como este».
A su vez, Patricia Voskerichian, abuela de Juan Pedro, recordó a su abuelo, sobreviviente del Genocidio Armenio, para quien la Iglesia constituía un espacio de encuentro con su idioma, sus tradiciones y su pueblo. «Por primera vez entendí realmente lo que significaba para él ir a misa. Allí volvía a encontrarse consigo mismo», señaló emocionada.
La jornada dejó una profunda huella entre los participantes y puso de manifiesto la importancia de preservar las tradiciones religiosas como parte fundamental de la identidad armenia.
Más allá de los bautismos y la celebración litúrgica, el encuentro simbolizó la continuidad de una herencia espiritual y cultural que, transmitida de generación en generación, permanece viva en la comunidad armenia de Rosario.