Hay fechas que en el calendario armenio laten con un doble significado, y el 15 de agosto es una de ellas. Para la Iglesia, es la Asunción de la Virgen María, una de las cinco grandes fiestas tabernáculas del año litúrgico. Para el pueblo armenio, es también el Día de la Madre: un homenaje que la tradición religiosa terminó proyectando sobre algo mucho más terrenal, la figura de cada madre armenia, en Ereván y en cada rincón de la diáspora.
La superposición no es casual. Según relata la Iglesia Apostólica Armenia, Jesús encomendó a su madre al cuidado del apóstol Juan antes de morir. María habría vivido después en Jerusalén y, quince años más tarde, tras su muerte, fue sepultada por los apóstoles en el valle de Getsemaní. La ausencia de Bartolomé en el entierro —y los cánticos que, según la tradición, se escucharon durante tres días junto a la tumba vacía— llevaron a la comunidad de los apóstoles a una misma conclusión: María no había muerto, sino que había sido elevada al cielo. Ese episodio, conocido primero como la "Dormición de la Virgen", pasó a llamarse Asunción —Verapojúm— recién entre los siglos IX y XII, cuando la doctrina de su traslación se consolidó en la Iglesia Armenia.
Que esa fecha se haya convertido, con el tiempo, en el día dedicado a todas las madres armenias dice algo sobre cómo funciona la memoria colectiva del pueblo armenio: lo religioso y lo nacional rara vez viajan por separado. Basta mirar Ereván para confirmarlo. Desde 1962, en el Parque de la Victoria, la ciudad tiene su propio monumento a esa idea: Mayr Hayasdán, la "Madre Armenia", una estatua que no representa a ninguna mujer en particular sino a la nación misma como madre, con espada en mano, custodiando la capital desde las alturas.
En la Argentina, esa doble tradición —la litúrgica y la simbólica— se repite cada año en parroquias, organizaciones de damas y entidades comunitarias, que convierten el 15 de agosto en una jornada de encuentro entre generaciones. Es, a su manera, un recordatorio de que la identidad armenia se sostiene sobre esa misma imagen que la fecha celebra: la de la madre que da continuidad a la comunidad, a la fe y a la memoria.