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Sociales - Fallecimiento
✝María Majian de Abdian
09 de Mayo de 2026

Con profunda paz, la misma que ella irradiaba, anunciamos el fallecimiento de María Majian de Abdian ocurrido el día Jueves 30 de abril de 2026.

mama adriana foto

María fue una persona con una nobleza digna de destacar. Nació en la ciudad de Buenos Aires el 3 de junio de 1929 siendo hija de Garabed Majian y Hranoush Zmelian, nieta de Haigul Mutafian. Tuvo dos hermanos –ya fallecidos- Ricardo y Rosa Majián. Siguió el camino en valores de su respetado padre, Don Garabed Majián, quien llegó a la Argentina –como muchos- dejando su Patria Armenia tras la gran matanza en Hadjin de 1915.

Contrajo matrimonio, el día 8 de Julio de 1950, con Simón Abdian. De dicha unión en amor puro, nacieron sus tres hijas Adriana Patricia, Gabriela Inés y María Alejandra.

Luego, con inmensa felicidad recibió a sus nietos Agustín Pablo, Ignacio Germán, Francisco Martín, María Eugenia, Laura Arev y Simón Rafael.

Cumpliendo con sus principios fue buena nieta, excelente hija, hermana, amiga, suegra, consuegra, cuñada, tía, madrina, leal esposa y abnegada madre, siendo una abuela amorosamente delicada y atenta a cada detalle.

Durante muchísimos años, acompañó a su esposo a participar activamente en Hadjin Dun, colaborando ella con la Comisión de Damas. Así dejó huella con su trabajo silencioso para la armenidad, siempre dispuesta a ayudar para que la cultura continúe de generación en generación.

Siempre presente en cada evento de la Comunidad Armenia. Sabiendo que su familia era su prioridad, se destacó por fomentar la armonía y unión, mostrando sabiduría en cada una de sus actitudes.

Siendo una mujer llena de virtudes: era amable, bondadosa, risueña, de espíritu alegre, inteligente, actualizada, amigable consejera, paciente, educada, distinguida, elegante, decidida, leal y valiente.

Se destacó por su generosidad en reunir a todos alrededor de su mesa con manjares armenios, preparados por sus prodigiosas manos, con su fiel rezo del “Hair Mer” al comienzo, para luego, disfrutar de una amena conversación que ella misma inspiraba transmitiendo principios y valores, con su infaltable brindis al son de profundos deseos de alegría y esperanza.

Parecía que “todo lo hacía bien” y eso era porque tenía un corazón noble.

Siempre radiante.

Su sonrisa genuina irradiaba bondad con una autenticidad que la hacía una persona única e irrepetible.

Nos dejó un gran legado de fé, amor, esperanza y caridad.

Vivió cada momento como un gran regalo de Dios.....

Sin duda alguna, su ejemplo de vida quedará por siempre en quienes la conocieron.

Se la recordará como una gran mujer con una ternura y amorosidad inigualables.

Con amor infinito, despedimos a quien fue luz, refugio y corazón.

Su sonrisa brillará por siempre.

Que Dios ilumine su alma.

Asdvadz hokin lusavore.

Աստուած հոգին լուսաւորէ

Sus hijas Adriana Patricia, Gabriela Inés y María Alejandra.

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