Las siguientes palabras del vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, describen con claridad la esencia y los objetivos de su visita a Armenia y Azerbaiyán, en particular su valoración del ejército azerbaiyano:
“Creo que esta ha sido, durante mucho tiempo, una asociación y amistad subestimada, pero extremadamente, extremadamente, extremadamente importante para los Estados Unidos de América. Muchos estadounidenses quizá no sepan que los azerbaiyanos fueron de los últimos en abandonar Afganistán. Apoyaron firmemente la guerra global contra el terrorismo. Combatieron junto a los Marines estadounidenses en Afganistán y, de hecho, se ganaron la reputación de ser algunos de los soldados más duros y feroces del mundo. Por eso quisimos venir hoy: para mostrar nuestro agradecimiento por esta amistad, pero también para cerrar la página anterior y abrir el siguiente capítulo”.
De este modo, el supuesto devoto cristiano y católico practicante J. D. Vance ensalza ante el mundo a los soldados azerbaiyanos responsables de la violencia contra los armenios, presentándolos como antiguos y fieles aliados de las fuerzas estadounidenses.
Para Vance, la presencia armenia milenaria en Artsaj carece de valor. El limpieza étnica y el genocidio de la población armenia de Artsaj aparecen como hechos normales. Tampoco le preocupa la ocupación de zonas estratégicas del territorio de la República de Armenia.
Ignora asimismo la destrucción sistemática de iglesias cristianas armenias, jachkares, cementerios y otros santuarios, perpetrada por los mismos “guerreros” a los que elogia. Implícitamente, sitúa a los combatientes armenios caídos por la defensa de Artsaj en la misma categoría que fuerzas terroristas.
No es casual, por tanto, que hasta hoy no exista presión internacional alguna sobre Azerbaiyán para la liberación de los prisioneros armenios.
Esto permite comprender, en esencia, los verdaderos objetivos de la visita de Vance. Quien considere que se trata únicamente de la postura de la administración de Trump revela, en el mejor de los casos, falta de memoria o profunda desinformación. Y quien aún se sorprenda ante esta realidad tiene mucho que aprender sobre la política exterior de Estados Unidos y la lógica que rige las relaciones internacionales.
Aun así, armenios, ha llegado el momento de aprender el alfabeto político.