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Opinion - Hagop Avedikian
La Iglesia Armenia sabe superar las dificultades
30 de Enero de 2026

Con toda probabilidad, en breve seremos testigos de una nueva intensificación de la campaña emprendida por Nikol Pashinian y su grupo contra la Iglesia Armenia, utilizando un pretexto recientemente fabricado: la supuesta “malversación” del derecho de propiedad inmobiliaria y una serie de acusaciones conexas, articuladas en investigaciones claramente “hechas a medida”.

No es casual. Se aproxima la Asamblea Episcopal que tendrá lugar en la ciudad de Pölten, Austria, entre el 16 y el 19 de febrero. Si dicha Asamblea se celebra y se desarrolla con normalidad, convocada por el Katolikós de Todos los Armenios y con la participación de más de 50 obispos, independientemente de sus resultados, dejará al descubierto el trabajo de meses de Pashinian y su entorno, orientado a dividir a la Iglesia desde dentro, crear grupos cismáticos mediante el miedo y promesas engañosas, debilitar la Santa Sede de Echmiadzín y, finalmente, ejecutar los puntos del conocido “mapa de ruta” previamente diseñado.

Por ello, desde su perspectiva, resulta imprescindible “presentar” a la jerarquía eclesiástica y a los obispos fieles, nuevos y graves problemas, relacionados con el destino de los bienes y propiedades pertenecientes a la Iglesia.

Además, Pashinian se ha impuesto otra tarea, probablemente autoasignada: intimidar, amedrentar y alejar de la Iglesia a todos los benefactores y donantes, señalando, por ejemplo, el caso de Samvel Karapetian, castigado por haber realizado una obra piadosa. Si la Asamblea Episcopal concluye con éxito y se restablece el orden interno, todos los benefactores, especialmente aquellos que no tienen vínculos con el negocio interno en Armenia, podrán contribuir con mayor confianza al fortalecimiento de la Iglesia Armenia, en particular si esta impulsa nuevos programas y amplía su acción en los ámbitos educativo, sanitario, juvenil y social.

Pashinian no sería Pashinian si permitiera semejante actividad. En este aspecto es más intransigente incluso que el camarada Panchuni, quien al menos solía escribir al final de sus informes: «envíen un poco de dinero». Pero ese “poco” es demasiado poco para Pashinian y sus cómplices (estuve a punto de escribir “simpatizantes”). Se trata de un enfoque antiguo, innato y profundamente arraigado. Ama el dinero, mucho dinero, que constituye su último y único sostén para mantenerse en el poder sobre el Estado y el pueblo.

Sin embargo, es preciso reconocer que cada acción de Pashinian debe, al menos en apariencia, revestirse de legalidad y legitimidad jurídica. Esta vez también se ha ocupado de ello, especialmente porque dispone del instrumento adecuado: la Asamblea Nacional, que desde hace tiempo he definido como una “dictadura parlamentaria” (Parlamentarian Dictatorship). Ya el 25 de diciembre, en una sesión del gobierno (es decir, consigo mismo), aprobó el proyecto de ley “Sobre las modificaciones al Código de Tierras de la República de Armenia”, que fue adoptado con suma facilidad en la sesión parlamentaria del 19 de enero.

Dicha ley introduce cambios en el procedimiento de cesión de tierras al Patriarcado sin otorgar derecho de propiedad, cuando en realidad —digámoslo de paso— las tierras y bienes eclesiásticos pertenecen a diversas categorías jurídicas. Entre ellas se encuentran las propiedades otorgadas a la Iglesia desde la época del rey Drtad III, así como los territorios adquiridos posteriormente por el Katolikos Nerses Ashtaraketsi, incluidos los parques y el estanque adyacentes a la iglesia de Santa Gayane.

Más tarde, durante las últimas décadas del poder soviético y el período de independencia, los terrenos asignados por nuestros tres presidentes consecutivos, así como los terrenos adquiridos por la propia Santa Sede, corresponden claramente a distintas categorías de derecho de propiedad. Para alguien como Pashinian no será difícil, bajo la consigna de “encuentren la manera”, nacionalizar la mayor parte de estos bienes, privando así a la Iglesia Armenia de sus riquezas y posesiones acumuladas a lo largo de 17 siglos.

De este modo, aproximadamente 125 años después, la Iglesia Apostólica Armenia vuelve a enfrentarse al peligro de perder sus propiedades: entonces por la codicia y las aspiraciones autoritarias del zar Nicolás II, hoy por las de Nikol Pashinian. Por ello, se espera una enorme responsabilidad de cada miembro de la próxima Asamblea Episcopal, que, con una postura firme y unitaria, y con el apoyo de todo el pueblo armenio, debe afrontar y superar los desafíos y pruebas presentes y futuros.

A lo largo de su historia, la Iglesia Armenia ha demostrado en numerosas ocasiones que es capaz de hacerlo.

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