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Martes 20 de Enero - Buenos Aires - Argentina
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Opinion - Armen Ayvazian, Doctor en Ciencias Políticas, historiador
El poder declara de facto la guerra a su propio pueblo
20 de Enero de 2026

 

Por invitación de Su Santidad Karekin II, Katolikós de Todos los Armenios, la Asamblea de Obispos de la Iglesia Apostólica Armenia se celebrará del 16 al 19 de febrero no en Armenia —en la Santa Sede Madre de Echmiadzin— sino en Austria, en la ciudad de Sankt Pölten. ¿Qué significa esto?

Esta decisión es simplemente el reflejo de una triste realidad histórica y política:

ACTUALMENTE, LA IGLESIA ARMENIA EN LA REPÚBLICA DE ARMENIA ESTÁ PRIVADA DE LA POSIBILIDAD DE ACTUAR LIBREMENTE.

La Iglesia no solo no está protegida, sino que está sometida a presiones y persecuciones abiertas: arzobispos encarcelados, turbas sectarias en los patios de la Santa Sede y otros templos —con fuerzas policiales protegiéndolas—, intervención brutal de los órganos estatales de poder y judiciales en la vida interna de la Iglesia y en los procesos de autogobierno, imposición de cambios canónicos intraeclesiales y doctrinales, insultos, amenazas, blasfemias y chantajes que suenan casi a diario desde los más altos niveles estatales: este es el ambiente en el que hoy sobrevive la Iglesia Armenia.

Aunque durante bastante tiempo no he tenido la oportunidad de reunirme con nuestros altos eclesiásticos y discutir con ellos la situación creada, puedo imaginar aproximadamente qué motivaciones han llevado a trasladar la Asamblea de Obispos a la lejana Austria.

El hecho es que en la República de Armenia, la junta pashiniana podría sabotear el trabajo de los obispos por diversos medios, recurriendo a las provocaciones más infames. Enumeremos solo algunos de los posibles peligros. La junta podría:

  • Organizar en el aeropuerto de Zvartnots el hostigamiento de los obispos fieles a Karekin II bajo este o aquel pretexto, incluso plantando drogas u otros objetos prohibidos en sus bolsillos o equipajes (véase el caso del arresto del obispo Arshak), y luego prohibirles completamente la entrada a Armenia;
  • Espiar las conversaciones personales de los participantes de la asamblea, luego falsificarlas mediante inteligencia artificial y publicarlas (véase el caso del arresto del obispo Bagrat);
  • Durante los días de la asamblea, volver a llenar los patios de la Santa Sede con sectarios y activistas de ONG, organizando ruidosas "manifestaciones";
  • Bloquear ostentosamente la Santa Sede con fuerzas policiales, intentando influir mediante terrorismo de fuerza en las decisiones que tomarán los participantes de la asamblea;
  • Cortar la electricidad de la Santa Sede durante horas durante la asamblea;
  • Y así sucesivamente.

La campaña antieclesiástica instigada por la junta demuestra una vez más que los intereses del actual poder de la República de Armenia y los del pueblo armenio no coinciden en ningún punto. Más aún, se encuentran en directa contradicción. Cuando el poder declara la guerra a su propia Iglesia, de facto declara la guerra a su propio pueblo: a su identidad nacional, su memoria histórica y sus fundamentos espirituales.

En cualquier caso, en este enfrentamiento histórico, el lado justo es el pueblo armenio.


"ECHMIADZIN, GRAN SANTUARIO,

TESORO DE LA SANTA FE,

QUIEN OLVIDE TUS GRACIAS,

QUE SUS DOS OJOS QUEDEN CIEGOS".

(Ghazar A. Jahketsi, 1737)

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