En Armenia se está formando una situación peligrosa donde los órdenes canónicos y constitucionales se subordinan al capricho político
Bajo el título "Poder fuera de la Constitución", el politólogo Suren Sureniants ha presentado su más reciente artículo:
Los acontecimientos que se desarrollan en torno a la Santa Iglesia Apostólica Armenia en los últimos días ya no pueden considerarse meramente como procesos intraeclesiales o incidentes que se han convertido en objeto de comentarios políticos. Estamos ante una peligrosa violación del orden constitucional: el jefe del poder ejecutivo cuestiona la legitimidad de una institución independiente y la validez de sus decisiones.
La destitución del obispo Guevorg Saroian, primado de la diócesis de Masiatsodni, por parte del Katolikós de Todos los Armenios se llevó a cabo en el marco de los procedimientos canónicos de la Iglesia. La subsiguiente reacción de Nikol Pashinian trasladó la cuestión a un plano completamente diferente: el campo de la confrontación institucional y el nihilismo jurídico.
Cuando el jefe del poder ejecutivo declara públicamente que las decisiones tomadas por el Katolikós de Todos los Armenios son "nulas" y "no tienen valor", está saliendo de facto del marco de sus atribuciones constitucionales. En un Estado constitucional, ningún funcionario, independientemente de su mandato político, tiene competencia para evaluar o no reconocer la legalidad del órgano superior de otra institución independiente. Con tal declaración, el poder ejecutivo se coloca por encima de la ley y de la constitucionalidad.
Este enfoque es una manifestación clásica de gobierno autoritario, cuando el poder no se limita por la ley, sino que decide por sí mismo qué acto jurídico está sujeto a ejecución y cuál no. Como resultado, las instituciones dejan de funcionar como sistemas independientes y se convierten en instrumentos de conveniencia política.
La cuestión del obispo Guevorg Saroian es secundaria en este contexto: lo central es el precedente creado, según el cual el poder político se reserva el derecho de intervenir y controlar las decisiones internas no solo de las estructuras seculares, sino también de las espirituales.
La consecuencia más peligrosa es la destrucción del sistema unificado de legitimidad. Si el poder ejecutivo puede declarar que las decisiones del Katolikós son nulas, entonces con la misma lógica otros sujetos pueden a su vez no reconocer las decisiones del gobierno, del sistema judicial o de otros órganos estatales. De esta manera se forma un modelo de legitimidad selectiva, donde cada parte decide por sí misma a quién someterse y a quién no.
La experiencia histórica ha demostrado repetidamente que tales situaciones no conducen a una gobernanza estable, sino que crean un peligro real de caos, enfrentamientos y colapso institucional.
La participación del Primer Ministro en la liturgia junto al primado destituido tampoco puede considerarse una manifestación de fe o de actitud personal. Tiene un claro carácter simbólico político y es un mensaje a todo el sistema eclesiástico de que el orden canónico está sujeto a censura política.
Esto es una violación flagrante del principio de separación entre Estado e Iglesia y una manifestación del patrocinio estatal de la división interna de la Iglesia.
Así, en Armenia se está formando una situación peligrosa donde los órdenes canónicos y constitucionales se subordinan al capricho político, la autonomía institucional pierde su protección, y las normas jurídicas se vuelven relativas y condicionales. Esto es una crisis profunda del modelo de gobernanza estatal. La cuestión se reduce a una elección fundamental: ¿el Estado será gobernado por la ley o por el "bespredel"?
Nota: "Bespredel" es un término ruso que significa ausencia total de ley y orden, arbitrariedad sin límites.