El tecnólogo armenio-estadounidense Hakob Aganian publicó un extenso análisis en redes sociales cuestionando la calidad del combustible "premium" que Armenia importa desde Azerbaiyán, planteando interrogantes sobre posibles métodos químicos utilizados para elevar el octanaje.
"Armenia compra gasolina 'premium' de Azerbaiyán, cuando Azerbaiyán no produce combustible de clase premium real", escribió Aganian. "Entonces, ¿cómo se eleva el número de octano?"
El tecnólogo plantea la posibilidad de que se utilice tetraetilo de plomo (C₈H₂₀Pb), "uno de los métodos más antiguos y baratos para aumentar el octanaje", pero advierte que "esta sustancia está prohibida o rechazada en casi todo el mundo debido a sus graves e irreversibles consecuencias para la salud humana".
Aganian subraya: "Si el octanaje se eleva de esta manera, no es combustible de calidad. Es un daño a largo plazo, especialmente para el cerebro y el sistema nervioso".
El autor enfatiza el carácter científico de su planteamiento: "Esto no es política. Esto es química. Y la química no perdona".
En un extenso análisis sobre los efectos del plomo en la salud, Aganan detalla:
Sobre la persistencia del plomo: "Cuando se quema gasolina con plomo, el peligro no permanece dentro del motor. Durante la combustión, el plomo se convierte en partículas finas e invisibles y sale al aire. Estas partículas se dispersan fácilmente en el aire y, al entrar en el organismo, ya no se eliminan. El plomo se acumula en la sangre, órganos, huesos y cerebro, profundizando el daño con el tiempo".
Sobre el sistema reproductivo: "El plomo golpea duramente el sistema reproductivo. Altera el equilibrio hormonal natural y daña las células reproductivas. En adultos, puede reducir o detener completamente la fertilidad. Durante el embarazo, el plomo se transmite inmediatamente al feto, aumentando el riesgo de abortos espontáneos, defectos de nacimiento y trastornos irreversibles del desarrollo durante toda la vida".
Sobre el cerebro y sistema nervioso: "El cerebro y el sistema nervioso son especialmente vulnerables. En los niños, incluso pequeñas cantidades de plomo pueden causar pérdida de capacidades mentales, dificultades de aprendizaje y problemas de conducta que permanecen durante toda la vida. En adultos, la exposición al plomo está relacionada con deterioro de la memoria, trastornos del estado de ánimo, temblores y daño al sistema nervioso".
Conclusión médica: "No existe una cantidad segura de plomo. Su efecto es silencioso, acumulativo y a menudo irreversible, razón por la cual el mundo abandonó la gasolina con plomo hace décadas".
En su posdata final, Aganian aclara su posición política: "Estoy a favor del desbloqueo de Armenia y de relaciones comerciales libres, sin embargo, hay cuestiones que deben aclararse y esta es una de esas cuestiones".
Esta declaración es significativa porque muestra que el tecnólogo no se opone al comercio con Azerbaiyán por principio, sino que plantea interrogantes específicos sobre control de calidad y salud pública.
Consciente de las posibles interpretaciones de su publicación, Aganian añadió una extensa aclaración sobre cómo debe entenderse su texto:
"El material que he publicado es un análisis basado en cuestionamientos y lógica científica. No se presenta como un hecho final ni como una afirmación. En el texto se utilizan específicamente signos de interrogación porque se trata de cuestiones científicas sujetas a discusión, no de conclusiones establecidas".
Y advierte: "No es permisible cambiar las palabras del texto, eliminar o reemplazar los signos de interrogación, o presentar el material como si yo afirmara con 100% de certeza la realización de algún proceso".

Aganian es un inventor con más de 15 años de experiencia en nanotecnología y más de una docena de patentes registradas en la Oficina de Patentes de Estados Unidos (USPTO) en áreas como producción de hidrógeno, nanopartículas de aluminio, tecnología de baterías e innovaciones médicas. Actualmente preside Aganyan Inc
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Nota editorial: Sardarabad considera que los interrogantes planteados por Hakob Aganian son legítimos y merecen respuestas claras. Hacemos un llamado a:
La salud pública no es un tema político. Es una cuestión de transparencia científica y responsabilidad gubernamental.