El exembajador de Estados Unidos en Armenia, John Evans, lanzó una dura crítica contra la gestión diplomática de la administración Trump en el proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán, denunciando que "Armenia fue aplastada como con una apisonadora" y que el aclamado acuerdo de paz aún no ha sido firmado, meses después de la ceremonia en la Casa Blanca.
Las declaraciones de Evans fueron publicadas como comentario al artículo del experto Thomas de Waal sobre el conflicto armenio-azerbaiyano, donde el diplomático retirado no escatimó en críticas:
"La reunión de agosto en la Casa Blanca fue verdaderamente un espectáculo, sin la preparación adecuada. Armenia fue aplastada pasando una apisonadora por encima, y el acuerdo glorificado todavía no está firmado. Los prisioneros armenios todavía están retenidos en Bakú, y los refugiados armenios de Karabaj están prácticamente abandonados", escribió Evans.
El exembajador fue especialmente crítico con el proceso: "Lo que tenemos ahora es lo que obtenemos cuando la diplomacia fracasa y comienza la guerra. Este es un acuerdo dictado por los vencedores, impuesto por un 'matón' que no podía pronunciar correctamente la palabra 'Azerbaiyán' y pensaba que el otro país podría ser 'Albania'", en clara referencia a errores cometidos por funcionarios estadounidenses durante las negociaciones.
Evans concluyó con una disculpa: "Lamento tener que decir todo esto".
La crítica de Evans cobra relevancia ante la realidad del proceso: el 8 de agosto de 2025 se realizó una ceremonia en Washington donde el presidente Donald Trump reunió al primer ministro armenio Nikol Pashinian y al presidente azerbaiyano Ilham Aliyev, pero el acuerdo formal de paz todavía no ha sido firmado.
Según declaraciones del presidente azerbaiyano Aliyev, Armenia debe primero modificar su Constitución para poder sellar el acuerdo de forma definitiva. El ministro de Asuntos Exteriores armenio ha indicado que la firma se realizará tras una modificación constitucional y la organización de un referéndum, previsto para 2027.
Las denuncias de Evans sobre el abandono de los refugiados armenios y los prisioneros en Bakú reflejan una de las caras más oscuras del conflicto. En septiembre de 2023, tras una ofensiva relámpago azerbaiyana, más de 100.000 armenios fueron expulsados de Nagorno Karabaj (Artsaj), en lo que muchos actores internacionales calificaron de "limpieza étnica".
El retorno de los armenios de Artsaj se encuentra completamente ausente de todos los acuerdos discutidos tras la guerra de 2023, mientras que la situación de los prisioneros armenios detenidos en Azerbaiyán continúa sin resolverse.
Como parte de las negociaciones, Armenia aceptó otorgar a Estados Unidos derechos exclusivos de desarrollo por 99 años sobre el corredor de Zangezur, rebautizado como "Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional" (TRIPP). Este corredor de 43 kilómetros conectará Azerbaiyán con su enclave de Najicheván a través de territorio armenio.
John Marshall Evans fue embajador de Estados Unidos en Armenia entre 2004 y 2006. Es conocido por su valentía al romper con la política oficial estadounidense en 2005, cuando reconoció públicamente el Genocidio Armenio, lo que eventualmente le costó su cargo. Desde entonces, se ha convertido en una voz respetada en la comunidad armenia internacional y autor de libros sobre la cuestión armenia.
El analista político Thomas de Waal, experto del Carnegie Endowment, atribuyó el avance hacia el acuerdo en gran medida al primer ministro armenio Nikol Pashinian, quien habría hecho una serie de concesiones clave, mientras que el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev rara vez enfatizaba los beneficios de la paz.
De Waal ha advertido que este es un documento sobre normalización entre estados, no sobre reconciliación social, y carece de elementos que usualmente acompañan a un acuerdo de paz histórico, como mecanismos de justicia para crímenes de guerra o compromisos sobre el derecho de retorno para personas desplazadas.
Las declaraciones de Evans se suman a las voces críticas que cuestionan la legitimidad y efectividad del proceso de paz. Mientras la administración Trump celebra el acuerdo como un triunfo diplomático, la realidad sobre el terreno muestra una Armenia debilitada, refugiados sin hogar, prisioneros en cautiverio y un acuerdo formal que permanece sin firma, meses después del espectáculo mediático en la Casa Blanca.
La pregunta que resuena es la misma que planteó Evans: ¿Es esto realmente diplomacia, o simplemente el resultado de su fracaso?