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Opinion - OC Media: Contradicciones del régimen azerbaiyano
¿Puede Bakú abandonar la propaganda antiarmenia?
28 de Agosto de 2025

La retórica de odio contra los armenios en Azerbaiyán no es un fenómeno nuevo: lleva décadas arraigada en el discurso público. Aunque se manifiesta con mayor crudeza en redes sociales, también forma parte de la propaganda oficial y se utiliza como herramienta de persecución contra activistas pacifistas. Así lo señalan los autores Aytan Farjadova y Nate Ostiller en un extenso análisis publicado por OC Media.

El 8 de agosto, en el documento preliminar firmado por el presidente Ilham Aliyev y el primer ministro Nikol Pashinyan, ambas partes se comprometieron a “contrarrestar toda forma de intolerancia, odio racial y discriminación, separatismo, extremismo violento y terrorismo en el marco de sus jurisdicciones”. Sin embargo, destacan los autores, cumplir con este compromiso exige desmantelar una mentalidad institucionalizada de odio hacia los armenios, profundamente arraigada en la estructura estatal.

Contradicciones entre el discurso y la práctica

Desde el anuncio del acuerdo, los medios azerbaiyanos continúan atacando sistemáticamente tanto a Armenia como a líderes occidentales considerados “pro-armenios”, contradiciendo abiertamente el espíritu y la letra del acuerdo. Activistas citados por OC Media advierten que el camino hacia una transformación genuina aún es muy largo.

El abogado exiliado Samad Rahimli recuerda que, si bien la legislación azerbaiyana prohíbe la discriminación y el “discurso de odio”, en la práctica estas normas se instrumentalizan para silenciar voces críticas. Casos como el del periodista Avyaz Zeynalli o el escritor Rafik Tagi, acusados bajo este pretexto, evidencian el uso político de figuras legales.

Más recientemente, activistas pacifistas como Bahruz Samadov y el investigador talysh Iqbal Abilov fueron condenados a 15 y 18 años de prisión, respectivamente, por mantener contacto con ciudadanos armenios. Según Rahimli, ni el gobierno azerbaiyano ni la comunidad internacional han mostrado interés en detener estos abusos.

Militarización de la sociedad

La feminista Vaha Naghi, exiliada en Francia, subraya que tras la victoria militar de 2020, el régimen transformó a la sociedad en un espacio profundamente militarizado. La propaganda, afirma, cumple un doble propósito: consolidar el poder de Aliyev sobre la base del “triunfo” en la guerra y eliminar la disidencia al tacharla de “traidora” o “armenófila”.

Naghi advierte que, pese al discurso oficial de reconciliación, en Azerbaiyán siguen encarcelados más de 350 presos políticos, y la construcción permanente del “enemigo armenio” sigue siendo un mecanismo clave de legitimación interna.

Paz superficial

Otros activistas, como Javid Asadov, señalan que en Azerbaiyán el concepto de paz siempre ha estado condicionado por lo que el poder considera aceptable. Incluso la exhibición de símbolos de paz o banderas armenias en redes sociales solo es posible “con permiso del poder”.

El abogado Emin Abbasov sostiene que para que exista una reconciliación verdadera, los acuerdos de paz deben fomentar relaciones civilizadas y de confianza entre los pueblos —algo imposible en un país donde el simple contacto con pacifistas armenios puede ser interpretado como traición.

Mientras tanto, los medios progubernamentales mantienen una línea hostil: el portal Caliber, por ejemplo, publicó un artículo contra el senador estadounidense Adam Schiff, acusándolo de ser “pro-armenio”, aunque el tema de su investigación no guardaba relación alguna con Armenia.

En definitiva, concluye OC Media, la paz firmada sobre el papel no se traduce en la realidad: el régimen de Bakú continúa utilizando el nacionalismo agresivo y la armenofobia como pilares de su propaganda tanto interna como externa.

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