Tras la reunión en Washington, los comentarios oficiales difundidos por Armenia y Azerbaiyán revelan una peligrosa contradicción.
El primer ministro de Azerbaiyán, Ali Asadov, afirmó hoy que Armenia aceptó la exigencia de Aliyev de proporcionar un acceso sin obstáculos hacia Najicheván. Según Bakú, se trataría de una “victoria de la justicia histórica” de Azerbaiyán.
Sin embargo, Nikol Pashinian había asegurado después de Washington que la apertura de las comunicaciones se llevaría a cabo dentro del marco de los principios de integridad territorial, soberanía, jurisdicción de los Estados y sobre la base de la reciprocidad.
La contradicción es evidente:
si Armenia consintió en que los azerbaiyanos transiten por Syunik sin el control de guardias fronterizos o aduaneros armenios, ello significaría una lógica de “corredor”, lo que constituye un golpe gravísimo a nuestra soberanía,
si no es así, entonces las declaraciones de Bakú son maniobras políticas y un instrumento de presión para imponer su agenda ante la comunidad internacional.
Preocupa, además, que hasta ahora el gobierno de Pashinian no haya publicado el texto del memorándum Trump–Pashinian sobre el proyecto “Cruce de la Paz” y la cooperación en el desarrollo de capacidades, firmado en Washington.
Mantener el documento en secreto, lamentablemente, otorga mayor credibilidad a las afirmaciones provenientes de Bakú.
En estas condiciones, la sociedad está plenamente legitimada a exigir no solo explicaciones claras, sino también la difusión de los documentos oficiales.
El futuro de Armenia no puede decidirse por una sola persona a puertas cerradas: decisiones de esta magnitud deben ser sometidas al control público y al campo de la responsabilidad política.