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Opinion - Anabel Balassanian y Armén Kniasian
¡Queremos paz!
20 de Octubre de 2020

En medio de una guerra que escala día a día mientras el mundo está ocupado luchando contra la pandemia, nosotros decidimos crear una imagen que nos ayude a gritar alto y claro que queremos paz. Paz para un pueblo tranquilo lleno de una cultura que recorre el mundo desde su música, sus danzas, sus comidas, sus vestimentas, entre otros aspectos.

De nosotros ¿¡qué decir!?... Somos dos jóvenes pertenecientes a la colectividad armenia de Buenos Aires, amigos desde que tenemos uso de razón. Nos sentimos siempre unidos por nuestra identidad que, gracias a Dios, disfrutamos en el día a día a través de nuestras costumbres y -por qué no tambié-n por una profunda necesidad de mostrar al mundo nuestra cultura. A veces creo que todavía somos niños, ideando siempre alguna manera nueva de crear escenarios que nos acerquen a nuestros orígenes… disfrutamos mucho de nuestra armenidad.

Estamos atravesando uno de los momentos más duros para la nación armenia que está compuesta por los habitantes de la República de Armenia, los residentes de la República de Artsaj, que hace tres semanas está siendo atacada por Azerbeiyán de manera incesante y escalada, y los armenios de la diáspora que se encuentra esparcida por el mundo. Muchos saben que la diáspora armenia es una comunidad muy grande que surge del primer genocidio del siglo XX y que su perpetrador, el Estado Turco, continúa negándolo. Como si fuera poco, hoy, aprovechando la distracción a causa del COVID, Turquía intenta terminar con el exterminio de los armenios del Cáucaso, en una alianza perversa con Azerbeiyán.

Los armenios nos caracterizamos por ser alegres, solidarios, hospitalarios, y -por sobre todas las cosas-, pacíficos. Hace 105 años sufrimos el genocidio que se llevó 1.500.000 almas y vivimos reclamando su reconocimiento y reparación de manera pacífica. Hoy, pedimos paz para nuestros compatriotas que habitan la región de Artsaj y aunque no muchos parecen escucharnos, no perdemos la fe, otra característica fundamental. Sabemos que vamos a sobrevivir a estos ataques. Sabemos que vamos a vencer. Sabemos que no nos van a borrar del mapa.

Mi inspiración en la vida es la fuerza de mi pueblo que ha sobrevivido a un genocidio y que, aún sin dejar de recordar el dolor de las muertes injustas, siempre ha vuelto a sonreír, a cantar, a bailar, a festejar la existencia. En honor a esa fortaleza y por nuestra fe, es que mi amigo Armén y yo nos vestimos con la ropa típica de Artsaj para enviarles un mensaje de hermandad, esperanza y confianza/ánimo, mostrando a la vez un poco de la identidad de esa gente serena.

Traje mi vestido de Armenia cuando viajé por última vez, en 2016, junto al Conjunto Masís, y atesoro cada fibra, no tanto por su valor material, sino por las manos de las mujeres que lo trabajaron, a quienes estimo muchísimo y con quienes mantengo un diálogo de tipo familiar desde hace cuatro años. No veo la hora de volver a verlas y celebrar junto a ellas la paz del pueblo armenio.

Agradezco a Armén por la idea de este proyecto que, a pesar de la difícil circunstancia, disfrutamos mucho hacer junto con mi mamá, Ana María.

Creo que fue una manera de renovar nuestras propias fuerzas, ya que no han sido para nada fáciles estas tres semanas: necesitamos paz en Artsaj.

 Anabel Balassanian

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