«Si en lugar de instalar tantos jachkares hubiéramos exportado otro tanto, hoy nuestro país sería mucho más poderoso y nuestros ciudadanos vivirían con mucho más bienestar».
El autor de esta declaración, de las más necias que se hayan escuchado, es el ministro de Economía de Armenia, Kevork Baboian.
Ya casi a diario, nuestra identidad queda en la mira de las declaraciones y las acciones de los representantes de este gobierno. A esta altura, no logran disimular de ninguna manera su desprecio por los valores nacionales.
Cabe recordar que no es la primera vez que el jachkar se convierte en blanco de expresiones de este tipo por parte de funcionarios. Hace dos años, el propio Nikol Pashinian, durante un encuentro con niños, se refirió a los jachkares en estos términos:
«Atémosles grandes jachkares a los pies a los chicos y digámosles: “Bueno, arrástrenlos, porque ustedes son descendientes de Vartán Mamigonian”. ¿Nuestros mártires murieron para que les colguemos jachkares del cuello a los chicos?».
Expresiones como estas no son simplemente producto de la ignorancia. El jachkar es uno de los símbolos de la memoria histórica del pueblo armenio, de su fe cristiana, de su cultura y de su identidad nacional. Contraponerlo con los indicadores de exportación revela una tendencia peligrosa a desvalorizar el significado de los valores nacionales.
El desarrollo económico y la preservación de los valores nacionales no se contradicen. Podemos exportar, atraer inversiones e impulsar el crecimiento de la economía y, al mismo tiempo, preservar nuestro patrimonio histórico y espiritual.
El jachkar armenio no es un obstáculo para el desarrollo económico. Nuestra identidad nacional y nuestra memoria histórica no están en venta. El problema no está en el jachkar, ni en la Iglesia, ni en el Ararat: la amenaza para nuestra estatalidad y nuestra identidad nacional es la política que ustedes llevan adelante.
Lamentablemente, declaraciones como esta, que ofenden nuestros sentimientos religiosos, hace tiempo que no sorprenden viniendo de un gobierno cuyos representantes entran descalzos a las mezquitas en Turquía.
Después de entregar cientos de monasterios y jachkares, ¿ahora intentan desvalorizarlos ante nuestros compatriotas? No lo van a lograr.
Los jachkares van a perdurar. La identidad armenia va a perdurar. Y ustedes quedarán en la historia como un gobierno que renegó de los valores nacionales, pisoteó el interés del Estado y sirvió al enemigo.