Tras la trifulca del 29 de octubre en la Asamblea Nacional, que enfrentó a diputados oficialistas y opositores y en la que el vicepresidente del Parlamento, Vahagn Aleksanian, arrojó una silla contra legisladores de Armenia Fuerte, el politólogo Ara Boghosian reflexiona sobre lo que el episodio revela de la sociedad armenia.

Para ser justos, la Asamblea Nacional de Armenia refleja fielmente la conducta, la mentalidad, las preocupaciones, los modales y la educación de al menos la mitad del pueblo armenio.
Tanto en el Parlamento como en la sociedad, muchos se odian entre sí y esperan el momento oportuno para golpear al otro. Muchos son directamente calumniadores: odian a cualquiera que sea más inteligente, más exitoso o que simplemente viva mejor que ellos.
Muchos insultan, humillan, no les importa absolutamente nada…
Muchos intentan resistir, explicar, dar pelea. Pero o bien son pocos dentro de la minoría ruidosa, o bien su educación no les permite hacer trizas a quienes perdieron toda medida y se escaparon de las cloacas morales.
Y esa imagen se proyectó también sobre la Asamblea Nacional.
Que quede claro: no es que lo negativo que señalo esté solo en el oficialismo, ni lo positivo solo en la oposición.
En pocas palabras, la polarización de la sociedad se va a profundizar y estas escenas quizá se vuelvan más frecuentes, según los problemas de cada momento.
Y las batallas en la Asamblea Nacional van a continuar…