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Opinion - Suren Sargsian, especialista en relaciones internacionales
Irán, la TRIPP y la geopolítica de la seguridad regional

La semana pasada, el canciller iraní Abbas Araghchi visitó Ereván para participar en la 17.ª Conferencia de las Partes del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (COP17). Ante la prensa, hizo una declaración llamativa sobre la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional (TRIPP).

Araghchi dijo que a Irán le preocupa cualquier presencia estadounidense en la región, pero que confía en Armenia y está seguro de que Ereván no hará nada que amenace la seguridad de Teherán. “Tenemos inquietudes por cualquier presencia de Estados Unidos en la región y a nuestro alrededor. Pero estamos en estrecho contacto con nuestros amigos armenios sobre este tema y confiamos en ellos. Sabemos que no están dando ningún paso contra la seguridad de Irán”, afirmó.

Por un lado, es una advertencia a Armenia para que no actúe contra los intereses iraníes. Por otro, podría reflejar un ablandamiento de la postura de Teherán: si antes se oponía categóricamente al proyecto, ahora parece dispuesto a hacer concesiones. En julio, el embajador iraní en Armenia, Khalil Shirgholami, pidió a Ereván crear mecanismos para gestionar los riesgos de la TRIPP y le recordó su compromiso de que el proyecto no amenazaría la seguridad de Irán. En septiembre volvió sobre la presencia estadounidense en la frontera armenio-iraní y propuso consultas periódicas entre Ereván y Teherán sobre el tema. En agosto, el primer ministro Nikol Pashinian había asegurado que el proyecto no prevé ninguna presencia militar o armada extranjera.

Esta mayor flexibilidad admite varias lecturas. Teherán podría buscar incluir la TRIPP en un paquete más amplio de negociaciones con Washington. En Estados Unidos saben que Irán podría tomar cualquier medida que considere necesaria para su seguridad, incluso en territorio de terceros países, y esa puede ser una de las razones por las que todavía no empezó la construcción del tramo armenio.

Tampoco se descarta que Irán termine participando del proyecto de alguna manera. Que Teherán y Washington tendrán que sentarse a negociar parece casi inevitable, pero ninguno confía en el otro. Irán considera que la guerra no terminó, y Estados Unidos también puede ver el actual alto el fuego como algo transitorio.

En ese marco, Araghchi anunció que Irán presentó a Estados Unidos un plan de siete días para reabrir el estrecho de Ormuz y que está analizando las observaciones de Washington. Según el canciller, si se aceptan las condiciones iraníes, el estrecho se reabrirá el sexto día y las negociaciones comenzarán el séptimo.

Teherán, además, juega con el calendario de las elecciones de medio término en Estados Unidos, el 3 de noviembre. Hace unos días, medios iraníes llamaron a la población a prepararse para la guerra. A mi juicio, se trata más de una maniobra estratégica calculada que de un anuncio de reanudación de las hostilidades.

El llamado llegó mientras equipos y aviones militares estadounidenses se desplazan por la región y operan en torno a Ormuz. Aunque formalmente está dirigido a los iraníes, apunta sobre todo al público externo. Irán podría buscar generar incertidumbre en el mercado internacional de combustibles, para empujar los precios hacia arriba o, al menos, evitar que bajen.

Eso golpea directamente a Trump: uno de los principales problemas de su partido de cara a las elecciones son los precios del combustible, históricamente altos en buena medida por la guerra con Irán. La Casa Blanca intenta bajarlos para mejorar el ánimo del electorado, hasta ahora sin éxito. Si un entendimiento entre Trump y Putin sobre el suministro de combustible lograra estabilizar el mercado, Irán podría estar tratando de neutralizar ese efecto. Todo esto cobra más peso ante la afirmación de Trump de que no planea atacar antes del 3 de noviembre.

El mensaje de Teherán es que un nuevo ataque tendría un costo más alto para Estados Unidos y sus aliados, no solo económico sino también político, dentro de Estados Unidos y en toda la región. Irán no solo prepara a su población para una posible guerra: también toma medidas preventivas de política exterior. Y como su diplomacia avanza en varios frentes a la vez, muchas veces conectados entre sí, la TRIPP bien podría terminar siendo una pieza más de la negociación con Washington.

Publicado originalmente en The Armenian Mirror-Spectator

26 de Octubre de 2026
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