Tras las elecciones armenias, Rusia cambió su política hacia Ereván. La propuesta de un corredor ferroviario y vial por la costa del mar Negro, ya bautizada "Ruta Putin", pone al gobierno de Pashinian ante una decisión difícil.
A la presión que llega desde Azerbaiyán se suma ahora una Rusia mucho más activa en su política hacia Armenia. Lo más probable es que Moscú, al advertir que su presencia estratégica en el Cáucaso Sur está amenazada, haya cambiado su estrategia de política exterior hacia Ereván después de las elecciones armenias.
Rusia parece haberle retirado al primer ministro Nikol Pashinian el apoyo que le dio tras la guerra de 2020, expresado tanto en declaraciones del propio presidente ruso como en el respaldo político de Moscú para que se mantuviera en el poder, según denunciaba la oposición armenia en aquellos días. El objetivo principal era, probablemente, concretar el acuerdo del 9 de noviembre de 2020, que Moscú esperaba implementar mientras Pashinian siguiera en el gobierno.
Hoy Rusia cambió de estrategia, y la impresión es que la confianza que Moscú depositó alguna vez en Pashinian ya no es la misma. El Kremlin busca nuevas formas de conservar su influencia en el Cáucaso Sur. Una de sus iniciativas es un proyecto de conexiones ferroviarias y viales a lo largo de la costa del mar Negro que unirían Rusia, Georgia y Armenia, y que, según trascendió, ya fue presentado por Moscú. Bautizada provisoriamente "Ruta Putin", la propuesta fue en los últimos días tema de amplio debate entre los especialistas.
Aunque no hubo anuncio oficial, lo más probable es que la discusión pública sea una manera de medir las reacciones de Armenia y Georgia. Lo interesante es que Rusia no da este paso por casualidad. Moscú conoce bien la iniciativa Encrucijada de la Paz de Pashinian y, con esta nueva propuesta, parece buscar una respuesta clara de las autoridades armenias.
Si Ereván rechaza la propuesta, podría interpretarse que, para el gobierno armenio, la Encrucijada de la Paz se aplica solo a la normalización de relaciones con los vecinos directos de Armenia y que sirve para que Occidente gane influencia en el país como contrapeso de Rusia. Si no la rechaza, Moscú tendría la oportunidad de intensificar su participación política en el Cáucaso Sur tomando como base esta iniciativa económica, tal como ocurrió con la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales (TRIPP).
Se trata de una jugada cuidadosamente calculada, que puede dar respuesta a varias preguntas importantes. No se descarta que Pashinian y el presidente ruso, Vladimir Putin, traten el tema en su próxima reunión. Para una Rusia cuya posición en el Cáucaso Sur se debilitó, hay que aprovechar cada oportunidad disponible para recuperar influencia en lo que considera su esfera tradicional y, al mismo tiempo, contrarrestar la influencia turca y estadounidense.
En cuanto a Armenia, sus autoridades enfrentarán una elección difícil. La lógica de las relaciones con Occidente, en particular con la Unión Europea, tiende a empujar a Moscú fuera del Cáucaso Sur. Además, al menos en el plano de la retórica y de las declaraciones oficiales, Ereván contribuye a profundizar esas tensiones.
Por supuesto, la "Ruta Putin" es todavía una iniciativa preliminar y es pronto para sacar conclusiones firmes. De todos modos, lo más probable es que Moscú impulse la idea con más fuerza, al menos como forma de aumentar la presión sobre Armenia. Si Ereván rechaza la propuesta, Moscú puede sacar conclusiones serias y pasar a acciones concretas.
Algo está claro: Rusia puede estar perdiendo influencia en distintos países y regiones, pero eso no significa que no vaya a pelear hasta último momento para conservarla o fortalecerla. Sería ingenuo suponer que Rusia, o cualquier otra potencia, va a ceder fácilmente sus posiciones en una región que considera parte de su esfera de influencia desde hace siglos, desde los tiempos del Imperio ruso.
Moscú entiende que, más allá de todo lo demás, necesita mantener una posición fuerte en al menos uno de los países del Cáucaso Sur. De lo contrario, quedaría directamente fuera de la región. Y si se tienen en cuenta las relaciones tensas de Rusia con Georgia y con Azerbaiyán, Armenia es el único punto de apoyo que le queda a Rusia en el Cáucaso Sur. Moscú va a pelear por conservarlo.