El actual gobierno ha dejado al descubierto una realidad alarmante que echa por tierra toda la propaganda oficial construida en torno al Ejército.
Pashinian ya se ha referido por segunda vez a los incidentes ocurridos en las Fuerzas Armadas señalando que en las posiciones de combate no se mantiene la debida vigilancia y que los soldados carecen de motivación para cumplir adecuadamente su servicio de guardia.
Como explicación, sostiene que anteriormente existía una tensión permanente y que los soldados, por su propia seguridad, no dormían mientras se encontraban en las posiciones. Ahora, en cambio, habría paz y, por lo tanto, esa percepción de amenaza habría desaparecido.
En primer lugar, con estas afirmaciones Pashinian hace estallar la burbuja inflada por el propio gobierno, según la cual también antes los soldados dormían en sus puestos, argumento con el que se pretendía diluir la gravedad de los incidentes registrados en el Ejército.
En segundo término, si en las Fuerzas Armadas no existe vigilancia en las posiciones de combate, si el soldado no tiene motivación para custodiar su puesto y si, como afirma Pashinian, los problemas internos se resuelven “con el lenguaje de la calle”, entonces el propio gobierno está reconociendo que en el Ejército no hay un adecuado cumplimiento del servicio ni disciplina, y que los reglamentos de combate y las leyes no funcionan.
Esta es, precisamente, la evaluación que la máxima figura del poder hace del Ejército y de su verdadera situación.