La agenda de «Azerbaiyán Occidental» llega a la ONU: ¿dónde está la «paz irreversible» de Pashinian?
El 28 de septiembre, en la sede central de la ONU, el Grupo de Iniciativa de Bakú organizó una conferencia internacional titulada «Derecho al retorno y descolonización: restablecimiento de una justicia histórica postergada».
No se trató de un punto de la agenda oficial de la ONU, sino del aprovechamiento de un espacio en el marco del período de sesiones de la Asamblea General. Para Bakú, lo esencial fue precisamente eso: usar la plataforma.
Según la agencia azerbaiyana APA, fue la primera discusión de este tipo en el ámbito de la ONU en la que se planteó la cuestión de la «limpieza étnica de azerbaiyanos por parte de Armenia».
Bakú sostiene que cientos de miles de azerbaiyanos fueron desplazados por la fuerza de «sus tierras históricas situadas en el territorio de la actual Armenia», y que en Armenia el patrimonio cultural y religioso azerbaiyano —topónimos, mezquitas, cementerios y otros monumentos— fue sistemáticamente destruido, profanado o apropiado.
Son afirmaciones ya conocidas del lado azerbaiyano. Pero lo importante no son las tesis propagandísticas de siempre, sino las exigencias políticas que se desprenden de ellas.
Durante el encuentro se planteó la organización de un «retorno seguro y digno» de los azerbaiyanos a Armenia, con supervisión y garantías internacionales. No se habla solo del retorno: también de la restitución de propiedades, el acceso a archivos y el monitoreo. «Azerbaiyán Occidental» quedó incluido en el paquete general de la descolonización. Se mencionó además la necesidad de un acuerdo jurídicamente vinculante, y al cierre de la conferencia se aprobó un pedido para que la ONU designe un relator especial.
De este modo, Bakú intenta trasladar los conceptos de «Azerbaiyán Occidental» y «derecho al retorno» a la agenda política y jurídica internacional.
Con fórmulas como «descolonización», «limpieza étnica», «justicia histórica», «derecho al retorno» y «garantías internacionales», Azerbaiyán presenta una agenda referida al territorio de Armenia en el lenguaje de los derechos humanos y del derecho internacional, con el objetivo de dotarla de legitimidad internacional.
También es llamativa la cronología.
En el mismo período de sesiones de la Asamblea General, el canciller azerbaiyano Jeyhun Bayramov habló de una «paz de facto» con Armenia y de la irreversibilidad del proceso de paz, sin olvidarse del tema del «retorno de los azerbaiyanos». Apenas días después, en la misma Nueva York, se ofrecía una plataforma internacional para impulsar el reclamo de «retorno» de azerbaiyanos al territorio armenio.
Por un lado, Bakú habla de paz, de reconocimiento mutuo de la integridad territorial y de normalización de relaciones; por otro, lleva a la agenda internacional un concepto según el cual parte del territorio de la República de Armenia es presentada como la «patria histórica» de los azerbaiyanos, y su retorno, como un derecho que debe garantizarse mediante mecanismos internacionales.
Ahí está el principal peligro para Armenia.
El «derecho al retorno» existe en el derecho internacional, pero Bakú lo inserta en el concepto político más amplio de «Azerbaiyán Occidental» y lo convierte en una herramienta de expansión demográfica.
Por eso, la agenda del «retorno» de Bakú no puede analizarse en un plano humanitario. Azerbaiyán avanza de manera consecuente hacia la creación de un instrumento de presión de largo plazo sobre Armenia.
En este contexto, resultan problemáticas las afirmaciones de Nikol Pashinian sobre la «irreversibilidad de la paz».
Si la paz es realmente irreversible, ¿por qué Bakú, en paralelo a sus declaraciones de paz, institucionaliza en foros internacionales la agenda de «Azerbaiyán Occidental»?
Si las partes reconocen mutuamente su integridad territorial y su soberanía, ¿cómo se compatibiliza ese principio con la presentación del territorio de la República de Armenia como «tierras históricas» de los azerbaiyanos?
¿Y qué garantía tiene Armenia de que lo que hoy se impulsa bajo el rótulo de «derecho al retorno» no se convierta mañana en nuevas exigencias demográficas, políticas y, más adelante, también territoriales?
No hay respuestas convincentes a estas preguntas.
Por lo tanto, la irreversibilidad de la paz no puede sustentarse solo en las declaraciones o los deseos de Nikol Pashinian. Más aún: sus afirmaciones sobre una «paz irreversible» carecen de suficiente sustento fáctico.
Las autoridades están obligadas a dejar asentado que el concepto de «Azerbaiyán Occidental» es incompatible con el reconocimiento de la integridad territorial.
De lo contrario, la tesis de la «paz irreversible» puede terminar sirviendo para justificar concesiones unilaterales y humillantes.