Las relaciones entre Armenia y Azerbaiyán han tomado un giro bastante curioso. En la actualidad podrían caracterizarse como una situación de "ni guerra ni paz" que, al menos a juzgar por las declaraciones y acciones de Azerbaiyán, no parece evolucionar hacia una paz efectiva.
Las partes aún no han firmado un acuerdo de paz y, por el momento, tampoco parece especialmente realista que ello pueda concretarse en un futuro próximo. Al mismo tiempo, no existen hostilidades militares ni intercambios de disparos entre ambos países.
La confrontación parece haberse trasladado, en cambio, al terreno público, a través de declaraciones y retórica política, generalmente de carácter unilateral. Las manifestaciones realizadas desde los niveles más altos suelen tener un tono hostil y provienen principalmente de la dirigencia azerbaiyana. Así, aunque no existe actualmente un enfrentamiento militar, continúa la confrontación política e informativa contra Armenia.
Las relaciones que no han alcanzado una resolución definitiva tienen necesariamente un carácter transitorio y, tarde o temprano, las partes deberán llegar a la paz. Sin embargo, lo cierto es que, en este momento, esa posibilidad no parece realista en el corto plazo y se desplaza hacia una perspectiva de mediano plazo.
Lo más probable es que ello ocurra después de la celebración de un referéndum en Armenia que permita satisfacer las condiciones planteadas por Azerbaiyán.
La situación actual beneficia principalmente a Azerbaiyán porque, como parte vencedora y Estado con mayor poder, se encuentra en condiciones de resolver a su favor varias cuestiones importantes. Por un lado, ha fortalecido su posición en la región y puede actuar como un actor regional más poderoso que los demás Estados de la región. Por otro, está en condiciones de obtener importantes concesiones de Armenia.
En otras palabras, Armenia está realizando concesiones anticipadas en respuesta a las exigencias de Azerbaiyán. Esto crea un escenario favorable para que Bakú no firme el acuerdo de paz o bien plantee exigencias máximas y lo firme lo más tarde posible.
Por ello, incluso si se implementa la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional (TRIPP), esto no constituye por sí solo una garantía de que Azerbaiyán vaya a firmar el acuerdo de paz.
Estados Unidos tampoco desea vincular directamente la implementación de la TRIPP con la firma de ese acuerdo.
Surge entonces la pregunta de por qué el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, se ha referido últimamente a Armenia en términos tan agresivos y con una hostilidad tan manifiesta.
Podrían existir varias razones. Por ejemplo, no puede descartarse que el primer ministro armenio, Nikol Pashinian, le haya prometido algo que, por alguna razón, todavía no ha podido concretar.
También es posible que esta agresividad responda a la necesidad de Azerbaiyán de establecer cuanto antes una conexión con Najicheván, su territorio separado del resto del país, y que el Gobierno azerbaiyano considere que el principal obstáculo para lograrlo se encuentra en la cuestión ferroviaria.
Quizás por ello Bakú esté ejerciendo presión para que Armenia resuelva este asunto cuanto antes en Moscú, durante la próxima visita de Pashinian. De lo contrario, podrían volver a surgir diversos problemas tanto en las relaciones entre ambas partes como en el proceso de paz.
No es casual que Donald Trump se refiera cada vez menos a la paz entre Armenia y Azerbaiyán: el proceso está estancado.
La plena implementación de la TRIPP se ve obstaculizada en este momento por la guerra entre Irán y Estados Unidos, así como por el hecho de que el sistema ferroviario de Armenia se encuentra bajo un contrato de concesión con Rusia.
Si bien Armenia no tiene capacidad de control o influencia sobre la situación relacionada con Irán, en Bakú consideran que Ereván debería resolver cuanto antes con Moscú la cuestión ferroviaria, de modo que Rusia deje de administrarla y pueda establecerse así la conexión entre Azerbaiyán y Najicheván.
Todo indica que Bakú pretende que Armenia acepte todas las condiciones que plantee Rusia para recuperar el control de la red ferroviaria, cualquiera sea el costo que esto implique.
Fuente: Armenian Mirror-Spectator