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La política de “sentarse en varias sillas a la vez” se acerca a su fin
29 de Septiembre de 2026

Hace alrededor de un mes publiqué una serie de análisis en los que sostenía que Nikol no quiere elegir entre la Unión Europea (UE) y la Unión Económica Euroasiática (UEE), sino que intenta “venderles” a las partes el derecho a esa elección. Ya se ve con claridad que, en breve, ese derecho se lo van a “sacar” de las manos.

Mientras se trataba de Rusia y la Unión Europea, Nikol y los suyos todavía podían aparentar que llevaban adelante una política “multivectorial” y de “diversificación”. Pero en paralelo surge otro dilema tajante: Estados Unidos o Irán.

Pashinian le dice a Estados Unidos: “Estamos construyendo con ustedes una asociación estratégica”, y a Teherán: “No se preocupen, esto no los amenaza”. Por ahora es posible hacer ambas declaraciones al mismo tiempo.

Sin embargo, el problema aparecerá cuando la presencia estadounidense en la región deje de ser una idea escrita en un papel y se convierta en una realidad física. Entonces quedará claro cómo hará el “gobierno” de Pashinian para pasar de una silla a otra.

De palabra, los gobernantes de Armenia pueden, por supuesto, mantener “relaciones amistosas” con Estados Unidos, tener “buenas relaciones” con Irán, hablar de “integración europea”, conservar los “lazos económicos” con Rusia y llenarse la boca diciendo que esa es precisamente la nueva política multivectorial y de diversificación.

Todo eso pueden hacerlo hasta chocar con una verdadera línea roja.

La cuestión es que las líneas rojas regionales para Armenia no las fijan ni Washington ni Bruselas. Tenemos dos vecinos que cuentan con palancas reales de presión y para los cuales cualquier cambio en el equilibrio de fuerzas de la región tiene una importancia directa: Rusia e Irán.

La Unión Europea puede ofrecerle a Armenia un “mercado” y créditos. Estados Unidos puede ofrecer inversiones, apoyo político y el TRIPP. Pero ni Washington ni Bruselas son vecinos inmediatos de Armenia. Irán sí lo es. Rusia también está en su vecindad inmediata.

El “gobierno” de Pashinian todavía puede saltar de una silla a otra: de Rusia a Europa, de Estados Unidos a Irán, de Occidente a Oriente.

Pero cuando la silla de turno se acerca demasiado a la línea roja, surge una pregunta completamente distinta: “Y, en definitiva, ¿quién sostiene esa silla en términos de seguridad?”. Es justamente ahí cuando se terminan las vistosas declaraciones diplomáticas y empieza la geografía.

Y cuando la geografía empieza a dictar las reglas del juego, también se acerca a su fin la política de “sentarse en varias sillas a la vez”.

Las exigencias ya están sobre la mesa:

Rusia pide que Armenia elija entre la UEE y la UE, y además reclama su participación en el TRIPP.

Irán se opone a la presencia estadounidense y exige el funcionamiento sin obstáculos del megaproyecto Norte-Sur.

Turquía y Azerbaiyán exigen el tránsito sin trabas por Syunik, al que insisten obstinadamente en llamar “corredor de Zangezur”.

La UE busca sacar a Rusia del Cáucaso Sur y de Armenia.

Estados Unidos persigue una política de control global sobre las vías de comunicación y los recursos de la región…

Y ahora es la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa la que, de golpe, pone en duda los resultados de las últimas elecciones y, con ello, la legitimidad de los actuales gobernantes.

En tiempos de guerras y fuertes antagonismos, la política pueblerina de lanzarse al ruedo y hacerse “amigo” de todos se transformará fácilmente en una situación peligrosa: la de enemistarse con todos o ser ignorado por todos.

 

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