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Opinion - Grigor Arakelian, iranólogo, diplomático
¿Quién gana la guerra contra Irán? Balance a seis meses del conflicto
07 de Septiembre de 2026

A las puertas del sexto mes de la guerra que Estados Unidos e Israel desataron contra Irán, los analistas políticos ya pueden empezar a sacar un primer balance de lo que ganó y perdió cada bando en el conflicto.

En general, las guerras perjudican a todas las partes que se embarcan en una aventura militar, y esta no es la excepción.

Irán no puede considerar el resultado de la guerra como una "victoria" inequívoca. Sería más exacto decir que, a costa de pérdidas militares y económicas muy graves, logró impedir que sus adversarios cerraran el conflicto en los términos que se habían propuesto.

Al evaluar los resultados de la guerra, Reuters señala que, a seis meses de iniciado el conflicto, Irán no se rindió, la navegación por el estrecho de Ormuz sigue seriamente afectada y todavía no se vislumbra un final claro.

Según la misma fuente, los ataques de Estados Unidos e Israel debilitaron seriamente el potencial militar iraní, pero no lograron que Teherán capitulara ni aceptara la totalidad de las exigencias de Washington. En ese sentido, la expectativa inicial de Estados Unidos de lograr un resultado rápido con una guerra breve no se cumplió.

¿Y qué ganaron los adversarios de Irán? Los logros y las pérdidas de Estados Unidos e Israel tampoco son claros. A las puertas del sexto mes de guerra, medios occidentales difundieron una serie de datos llamativos sobre consecuencias del conflicto que todavía no se habían revelado del todo para Washington y Tel Aviv.

Donald Trump inició la guerra convencido de que Irán atravesaba el momento más débil de las últimas décadas.

The Wall Street Journal abordó este tema y reveló que Tulsi Gabbard, entonces directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, había advertido a Trump —pocos días antes de los ataques previstos para el 28 de febrero— que un asesinato del líder supremo de Irán podía llevar al poder a un gobierno aún más radical, con mayor voluntad de desarrollar armas nucleares.

Gabbard también había anticipado que Irán cerraría el estrecho de Ormuz, alteraría el mercado energético mundial y atacaría a fuerzas y aliados estadounidenses en Medio Oriente.

Según la misma fuente, el mando militar también había advertido sobre posibles bajas, el agotamiento de las reservas de municiones y una presión adicional sobre las tropas estadounidenses.

Una de las revelaciones no difundidas hasta ahora tiene que ver con la postura del vicepresidente J. D. Vance, quien había propuesto dar más tiempo a las negociaciones y recurrir a una operación militar rápida y de gran escala solo en caso de que fracasara la vía diplomática.

Según The Wall Street Journal, muchas de las consecuencias previstas antes de la guerra ya se hicieron realidad, y el conflicto, que se preveía cerrar en seis semanas, sigue sin terminar seis meses después.

La guerra también dañó bases militares estadounidenses, redujo las reservas de armamento y de petróleo del país y elevó los precios del combustible.

Las pérdidas ocultas de la inteligencia estadounidense

A las puertas del sexto mes de guerra, la cadena NBC investigó algunos de los daños menos visibles del conflicto.

La cadena, citando a fuentes al tanto de la situación, informó que los ataques iraníes con misiles y drones contra centros de inteligencia estadounidenses y equipos de escucha en Medio Oriente causaron daños mucho más extensos de lo que se reconoció oficialmente.

Según la información difundida, reparar el daño sufrido por la CIA y otras dependencias de inteligencia estadounidenses podría costar miles de millones de dólares.

Entre los blancos de los ataques hubo edificios de inteligencia, sistemas de comunicación y equipamiento avanzado utilizado para recolectar y analizar información sobre Irán y la región.

Debido al carácter reservado de esos centros, el gobierno estadounidense no difundió su ubicación ni la magnitud exacta de los daños. Sin embargo, según la información disponible, el perjuicio no se habría limitado a la infraestructura edilicia: también se redujeron algunas capacidades técnicas y de vigilancia de Estados Unidos.

De acuerdo con las últimas revelaciones, esta situación podría —al menos en el corto plazo— dificultar la capacidad de Washington para monitorear de manera constante la actividad militar iraní y la evolución de la situación en el golfo Pérsico.

Según NBC, los ataques iraníes obligaron a los funcionarios estadounidenses a revisar la forma en que despliegan tropas y equipamiento sensible en la región.

De los ataques militares a las sanciones

Por su parte, Axios informó que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, comunicó a los aliados de Washington que Estados Unidos, por el momento, cambió de estrategia: dejó de lado los ataques militares y pasó a las sanciones y a la presión económica.

Ese giro se produjo después de que Estados Unidos logró habilitar un corredor limitado en el tramo sur del estrecho de Ormuz, cerca de aguas omaníes, para garantizar el paso seguro de los petroleros.

Según funcionarios estadounidenses, por ese corredor circulan unos 10 millones de barriles de petróleo por día, aunque ese volumen todavía representa apenas la mitad del nivel previo a la guerra.

De acuerdo con Axios, Washington espera que la combinación de sanciones, bloqueo naval y diplomacia obligue a Irán a llegar a un acuerdo, sin dejar de mantener la disposición a reanudar los ataques.

La resistencia de Irán pone a prueba la estrategia de Trump

Un análisis del sitio de CNN sostiene que la presidencia de Donald Trump se apoya en la premisa de que el poderío militar y económico de Estados Unidos puede forzar tanto a aliados como a rivales a aceptar las exigencias de Washington. Pero la resistencia de Irán sometió a esa teoría a una prueba severa.

Según la misma fuente, Irán lleva seis meses resistiendo el poderío militar estadounidense, mientras que Trump todavía no logró cerrar la guerra en los términos que prefería.

Según CNN, esto podría debilitar la autoridad política de Donald Trump y, al mismo tiempo, acarrear serias consecuencias económicas y políticas para Estados Unidos.

La guerra también entra en la agenda interna de Estados Unidos

Politico escribió que, a las puertas de las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre, la guerra contra Irán dejó de ser apenas una cuestión de política exterior para Estados Unidos.

Según Politico, el aumento del precio de la nafta y del costo de vida puso en duda las promesas de Trump de controlar la inflación. Al mismo tiempo, los demócratas intentan responsabilizar al presidente y a los republicanos por la situación.

Según Politico, algunos dirigentes republicanos siguen respaldando la operación militar, pero varios de ellos temen que la prolongación de la guerra y la falta de un horizonte claro pongan en riesgo el control del Congreso por parte del partido.

Así las cosas, a las puertas del sexto mes de guerra, es difícil hablar de una victoria incondicional de cualquiera de las partes. Irán sufrió pérdidas graves, pero no capituló ni aceptó la totalidad de las exigencias de Washington. Estados Unidos e Israel lograron debilitar considerablemente el potencial militar iraní, pero no alcanzaron su objetivo inicial de terminar la guerra rápido.

Es más, las consecuencias del conflicto exceden cada vez más el plano estrictamente militar y alcanzan a los mercados energéticos, la infraestructura militar y de inteligencia de Estados Unidos, la situación económica e incluso la agenda política interna estadounidense. Por eso, el principal resultado de la guerra quizás no sea la victoria de ninguna de las partes, sino el hecho de que el cálculo de resolver el conflicto de manera rápida y definitiva por la vía militar todavía no se cumplió.

Para cerrar, cabe señalar que, a las puertas del sexto mes de la guerra contra Irán, ninguna de las partes del conflicto puede hablar de una victoria incondicional. Los ataques de Estados Unidos e Israel debilitaron de manera considerable el potencial militar iraní, pero no lograron que Teherán capitulara ni aceptara todas las exigencias de Washington. Al mismo tiempo, la guerra dejó secuelas en las capacidades militares, de inteligencia y económicas de Estados Unidos, y generó además problemas de política interna.

En definitiva, la prolongación de la guerra confirma, sobre todo, los límites de la estrategia de buscar una resolución rápida por la vía militar.

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