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Opinion - Vahé Davtian, doctor en Ciencias Políticas, profesor
Pashinian blanquea el plan de comprar electricidad a Azerbaiyán
31 de Agosto de 2026

Pashinian ya habla con total claridad y franqueza sobre la perspectiva de importar electricidad desde Azerbaiyán viendo las declaraciones del 27/08/2026.

La justificación es la siguiente: en el marco del desarrollo dinámico de la infraestructura de inteligencia artificial en Armenia, podría producirse un déficit de electricidad que solo sería posible cubrir mediante la importación.

Ni mediante el aumento de la capacidad de generación nacional, ni a través de la implementación del proyecto nuclear armenio. Y tampoco mediante el desarrollo de la generación solar y de los sistemas de almacenamiento de energía.

La importación: esa es, según este planteo, la vía para superar los problemas previstos del sistema energético armenio.

Sin embargo, el problema en sí no es el comercio transfronterizo de electricidad. El problema es que la importación desde Azerbaiyán se considera cada vez con más frecuencia como una alternativa al desarrollo de la generación propia.

Hay que entender que Armenia es un importador neto de bienes. La energía eléctrica es una de las pocas áreas que podría permitirle al país desarrollar la exportación de productos de alto valor agregado, con todos los efectos en cadena que eso conlleva. Sin embargo, la liberalización del mercado eléctrico iniciada en febrero de 2022 está construida sobre el principio de un aumento de la dependencia de las importaciones, más que sobre el estímulo a la exportación.

Cerca de una veintena de traders licenciados ya esperan con impaciencia la puesta en marcha de las nuevas líneas de transmisión eléctrica transfronterizas. No con el objetivo de aumentar las exportaciones, sino de ampliar la importación de electricidad más barata, incluso desde Azerbaiyán, que inevitablemente recurrirá al dumping de precios para consolidar su posición en el mercado armenio.

En esencia, lo descripto puede abordarse desde dos posturas radicalmente distintas: la consumista y la estratégica.

La primera supone renunciar a las prioridades nacionales en el sector energético. Si se puede importar electricidad más barata desde mercados externos, ¿para qué preocuparse por el desarrollo de la generación propia?

Basta con declarar la paz, abrir las fronteras y vivir a costa de los suministros externos. El enfoque es, por decirlo con suavidad, cuestionable. Sobre todo si se tiene en cuenta que la "paz" y la "apertura de fronteras" son componentes del discurso oficial de una sola de las partes del conflicto.

De un conflicto que no ha terminado, sino que ha entrado en una nueva fase de confrontación en materia de infraestructura y logística.

Precisamente teniendo en cuenta estas realidades, el segundo enfoque —el estratégico— resulta más adecuado frente a los nuevos desafíos de seguridad. Este supone evaluar las infraestructuras críticas, incluida la energética, desde la óptica de garantizar la estabilidad de los sistemas de seguridad y el posicionamiento geoestratégico del Estado. Desde este punto de vista, la energía se convierte en uno de los pilares de la seguridad nacional.

Sin embargo, no es difícil adivinar cuál de estos enfoques resulta hoy más conveniente para las autoridades armenias a la hora de impulsar la agenda de "paz" y "cooperación regional".

De ahí que las declaraciones oficiales de Ereván pongan el énfasis en el componente de importación, en lugar de en el de exportación.

 

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