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Opinion - Anna Melikian, especialista en asuntos humanitarios
"Los plazos para liberar prisioneros dependen de la voluntad política del Estado de origen"
21 de Agosto de 2026

"El proceso de devolución de prisioneros tras el fin de la Segunda Guerra Mundial duró diez años." Así lo afirmó días atrás, desde la tribuna de la Asamblea Nacional, la diputada del partido Contrato Cívico (CC) Arpi Davoian, al trazar un paralelismo con la situación de los prisioneros armenios que permanecen retenidos en Bakú.

Cabe preguntarse, sin embargo, por qué la comparación se hizo justamente con la Segunda Guerra Mundial, cuando las últimas décadas ofrecen ejemplos mucho más recientes y más afines a nuestra situación, vinculados a la liberación de prisioneros de guerra, rehenes y presos políticos.

En cuanto a la Segunda Guerra Mundial, el período de mayor actividad en materia de devolución de prisioneros de guerra suele ubicarse entre 1945 y 1948. El año 1955 fue particularmente relevante por el encuentro entre el canciller alemán Konrad Adenauer y el líder soviético Nikita Kruschev, en el que Adenauer sostuvo que, sin la devolución de los prisioneros restantes, era imposible establecer relaciones diplomáticas entre ambos países. Sin embargo, la diputada del oficialista partido CC, omitió mencionar esta declaración de Adenauer en su intervención ante la Asamblea Nacional.

La declaración de la legisladora tiene, además, una dimensión moral y ética, ya que, según especialistas, este tipo de manifestaciones provoca angustia psicológica en los familiares de los cautivos.

NEWS.am conversó sobre el tema con Anna Melikian, especialista en asuntos humanitarios y representante de la ONG Protección de Derechos sin Fronteras:

Señora Melikian, recientemente una diputada del CC declaró en la Asamblea Nacional que, tras la Segunda Guerra Mundial, la devolución de prisioneros llevó diez años, en lo que pareció ser un intento de justificar la ineficacia de las gestiones oficiales para liberar a los prisioneros armenios retenidos en Bakú. Como especialista en cuestiones humanitarias, ¿cómo evalúa la dimensión moral o ética de una declaración de este tipo, teniendo en cuenta que también la escuchan las familias de los cautivos?

Cuando se habla de personas privadas de su libertad a raíz de un conflicto armado, siempre debe actuarse con sensibilidad, especialmente por parte de los representantes del poder, teniendo en cuenta la vulnerabilidad tanto de los detenidos como de sus familias.

En primer lugar, señalemos que el Estado es responsable de las personas que actúan en su nombre como parte de un conflicto, en particular de aquellas que han sido capturadas. Quiero remarcar que los 19 armenios actualmente retenidos en Azerbaiyán cayeron cautivos precisamente a causa del conflicto armado del cual Armenia es parte.

¿Qué tan apropiada resulta la comparación con la Segunda Guerra Mundial cuando, por ejemplo, la experiencia de las últimas décadas muestra que los prisioneros de guerra, presos políticos o rehenes retenidos por otros países son liberados en plazos mucho más breves? La liberación de los rehenes israelíes, por caso, se produjo al cabo de unos dos años. También puede mencionarse otro acuerdo de 2024 entre Rusia y Occidente, que permitió el intercambio de un gran número de rehenes sin que estos permanecieran retenidos durante diez años.

Comparar un conflicto con otro resulta inapropiado, porque las circunstancias difieren, al igual que las partes involucradas. Más aún, la comparación con la Segunda Guerra Mundial resulta especialmente fuera de lugar, porque fue precisamente a raíz de esa guerra, y de los problemas que surgieron durante ella —entre ellos los vinculados a los prisioneros—, que la comunidad internacional comprendió la importancia de definir obligaciones internacionales para los Estados involucrados en conflictos respecto de la condición y repatriación de los cautivos.

Me refiero a los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, uno de los cuales regula específicamente el trato de los prisioneros de guerra. El Convenio establece con claridad que los prisioneros de guerra deben ser liberados y repatriados sin demora tras el cese de las hostilidades activas. Recordemos que tanto Armenia como Azerbaiyán son parte de estos convenios, al igual que cerca de 200 países en todo el mundo. Una participación tan amplia demuestra que existe consenso generalizado respecto del principio que allí se establece.

Más aún, tanto el Convenio como la práctica de los Estados en conflicto muestran que las naciones procuran organizar la repatriación de prisioneros ya sea durante las hostilidades activas o inmediatamente después. Lo que el Convenio prevé es que los Estados incluyan la cuestión de la devolución de cautivos en un acuerdo de cese del fuego o en otro acuerdo equivalente; en ausencia de tal acuerdo, cada Estado que retiene prisioneros debe elaborar y ejecutar de inmediato un plan de repatriación.

Asimismo, los prisioneros de guerra o civiles detenidos con problemas de salud deben ser repatriados con carácter prioritario.

En el caso del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán, la cuestión de los prisioneros no está incluida en el texto del acuerdo de paz, ni existe ningún otro acuerdo que regule esta materia, con excepción de la declaración de cese del fuego del 9 de noviembre de 2020. Más aún, aprovechando esta misma circunstancia, las autoridades azerbaiyanas han sometido a juicio a armenios capturados después del 9 de noviembre y les han negado la condición de prisioneros de guerra, en violación de las normas del derecho internacional humanitario.

En su opinión, ¿qué factores determinan una liberación más rápida de los prisioneros? ¿Existe una tendencia general en esta materia?

Los plazos para la devolución de personas detenidas en el contexto de conflictos están directamente ligados a la intensidad de las gestiones realizadas por el país del que son ciudadanos los prisioneros, ya sea negociando directamente las condiciones de la devolución con el país que los retiene, o involucrando a Estados y organizaciones mediadoras para agilizar el proceso a través de ellos.

El Estado debe utilizar todas las plataformas diplomáticas disponibles para lograr el regreso de los armenios retenidos en Azerbaiyán. Lamentablemente, en este sentido, observamos oportunidades desaprovechadas, como la reunión celebrada en Washington el 8 de agosto de 2025 y los desarrollos posteriores a esta.

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