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Viernes 14 de Agosto - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Opinion - Anahit Hovsepian, Alemania
"Un ataque directo a la identidad armenia"
14 de Agosto de 2026

«El deber moral de nosotros los católicos es mostrar solidaridad con el amigo de cuatro papas de Roma, Karekín II»

Los medios de habla alemana —Der Spiegel, n-tv, t-online y, naturalmente, los medios católicos digitales (kath.ch, kath.net, katholisch.de, entre otros)— se hicieron eco el 7 de agosto y en los días siguientes del juicio contra Karekín II y otros seis obispos, iniciado ese día en el tribunal de Vagharshapat, calificándolo de "sin precedentes" en la historia de la Iglesia armenia. Domradio tituló su nota sobre la actitud de gran parte del pueblo armenio hacia el Katolikos como "Aplausos en el patio del tribunal", mientras que otros medios destacaron en sus títulos el hecho mismo del proceso y subrayaron que la principal causa de la tensión entre el "gobierno pro-occidental" y el Katolikos sería que este último "respalda a una oposición prorrusa que actúa bajo la influencia de Putin". Por razones de espacio no nos detendremos en esas publicaciones, pero cabe señalar que varios juristas alemanes siguen de cerca el proceso: Armenia no cuenta con un tribunal especializado en asuntos eclesiásticos, circunstancia que despierta interés entre abogados europeos e internacionales especializados en derechos humanos.

En kath.net, el autor especializado en temas eclesiásticos y cristianos Michael Hesemann se refirió al juicio. En un extenso artículo titulado "El Katolikos de Armenia, Karekín II, es acusado de no reincorporar a un obispo cismático", con la bajada "Cristianos de distintas partes del mundo expresan su solidaridad", Hesemann repasa primero la historia armenia —marcada por tragedias y martirios desde que, en el año 301, el pueblo armenio se convirtió en el primero en adoptar el cristianismo como religión de Estado— y señala que "tras la caída de la URSS, la proclamación de la República de Armenia en 1991 significó, para una nación que había sufrido durante siglos y para su Iglesia de 1700 años, un período de paz, autodeterminación, identidad y restauración de una fe profundamente arraigada. Armenia enfrenta hoy uno de sus mayores desafíos", escribe Hesemann, y argumenta: "hasta el día de hoy, la unidad interna y la fe del pueblo armenio han sido la fuerza que le permitió resistir un destino trágico, incluso el genocidio de 1915-1918. Hoy somos testigos de lo que quizás sea la mayor crisis en la dramática historia de Armenia, un ataque directo contra su unidad y su identidad. Esta vez el enemigo está adentro: ya logró dividir al pueblo armenio y ahora comienza a separarlo de su raíz, de su identidad cristiana. A quien impulsa esta división no le preocupa que la Constitución de Armenia quede de hecho suspendida en el proceso", escribe el autor alemán, y agrega: "aseguró su cargo de primer ministro por cinco años más mediante elecciones que numerosos observadores consideran manipuladas".

Hesemann presenta a Nikol Pashinian, quien se enfrentó al Catholicos, como "un tribuno popular que, como periodista y opositor a las convenciones sociales, supo cómo encender el descontento contra la elite del país, y en 2018 llevó adelante la Revolución de Terciopelo con apoyo financiero de Estados Unidos, la UE y la Fundación Soros, con el objetivo de reemplazar, tras el derrocamiento de un gobierno prorruso, por uno pro-occidental. Cuando Azerbaiyán inició la guerra contra Nagorno Karabaj, Pashinian hizo al principio declaraciones contundentes, pero luego, cuando tanto sus antiguos como sus nuevos aliados —desde Washington hasta Moscú— se distanciaron, retrocedió. En 2023, Azerbaiyán ocupó el enclave de Nagorno Karabaj, expulsó a 150.000 armenios y destruyó su patrimonio cultural, vestigios de 5000 años. El genocidio de 1915-1918 parecía repetirse, y el mundo callaba, igual que callaba el primer ministro armenio. Sobre los paralelismos históricos, Pashinian incluso negó que la matanza sistemática de 1,5 millones de personas en el Imperio Otomano haya sido un genocidio, hecho reconocido por 34 países. Por ello se lo acusó de adoptar posiciones turcas y azerbaiyanas, y de traicionar los intereses históricos del pueblo armenio". El Katolikos de Todos los Armenios no calló, escribe Hesemann, quien repasa su biografía: estudió teología en Bonn en 1975, dirigió durante tres años la comunidad armenia de Colonia, experiencia que "sigue moldeando al padre espiritual". "Cuando en 1999, a los 48 años, fue elegido 132° Katolikos de Todos los Armenios, se concentró en el diálogo ecuménico, especialmente con Roma. Juan Pablo II lo visitó en 2001 y Francisco en 2016; con Benedicto XVI mantuvo una relación de amistad, y al papa León XIV lo recibió en dos ocasiones. Cuando Karekín II condenó el genocidio cultural en Artsaj, criticó a Pashinian por su silencio, y este, mostrando cada vez más un comportamiento autoritario, respondió criticando al Katolikos".

Hesemann observa: "aunque, según la Constitución armenia, la Iglesia está separada del Estado, Pashinian dicta reformas a la Iglesia. Exigió recortar la liturgia, que se entone primero el himno nacional, que se coloque la bandera de Armenia sobre el altar y que se exhiba el retrato del primer ministro. Pero, ante todo, el primer ministro exigió la destitución del Katolikos, formulando las acusaciones más absurdas, y como muestra de desprecio se dirigió a él por su nombre de pila. El hecho de que el Katolikos mantuviera contacto regular con las comunidades de la diáspora armenia en Rusia, Estados Unidos y Alemania fue interpretado como espionaje o traición. Aprovechando la cercanía de Karekín II con una oposición de orientación cristiana, Pashinian lo acusó de organizar un golpe de Estado en su contra". La siguiente parte del artículo aborda el encarcelamiento de los obispos. "Todo esto podría calificarse de absurdo tragicómico, si el primer ministro no hubiera recurrido a medidas aún más drásticas". Al referirse a la detención y condena de dos arzobispos críticos, Bagrat Galstanian y Mikael Achabahian, Hesemann menciona también la causa judicial contra el benefactor de la Iglesia, Samvel Karapetian, cuyas empresas están siendo confiscadas y nacionalizadas. "Pashinian logró convencer a algunos religiosos ambiciosos de pasarse a su bando. Al ex obispo Gevorg Saroian, el primer ministro lo eligió como sucesor de Karekín II. Cuando Saroian intentó imponer las reformas exigidas al clero de su diócesis, el Katolikos lo destituyó de inmediato. Saroian presentó una demanda, y el tribunal, bajo presión del primer ministro, falló a su favor, obligando al Katolikos a restituirlo. Karekín II se negó a permitir esta injerencia en los asuntos internos de la Iglesia. Por eso, el fiscal formuló la acusación y le prohibió abandonar el país. El Katolikos participó por videollamada en un sínodo realizado en St. Pölten, Austria, y el 7 de agosto fue llevado a juicio junto con otros seis obispos". Hesemann explica: "la parte acusadora sostiene que la decisión de no restituir a Saroian como obispo constituye un desacato a la resolución judicial. La Iglesia Apostólica Armenia, sin embargo, se ampara en un derecho garantizado por la Constitución: el nombramiento, la destitución y la responsabilidad disciplinaria de los obispos son competencia exclusiva suya, y por lo tanto quedan fuera de la jurisdicción del gobierno civil". El autor alemán señala que este derecho tiene un lugar firme en el mundo civilizado. "Ningún tribunal estadounidense o europeo discutiría la excomunión y expulsión de la Iglesia del obispo Viganò por parte del papa Francisco a causa de un cisma (en 2024 el Vaticano lo expulsó, luego de que el ex nuncio en Estados Unidos se negara públicamente a reconocer la legitimidad del papa y la autoridad del Concilio Vaticano II —A.H.), ni la prohibición de León XIV a la Fraternidad San Pío X de separarse de la Iglesia. Son asuntos internos de la Iglesia, no cuestiones que deba resolver el Estado".

Hesemann informa que desde distintos puntos del mundo hubo reacciones de indignación por esta injerencia en asuntos eclesiásticos, y se expresó solidaridad con Karekín II. El papa León XIV manifestó preocupación por la situación en Armenia. Los patriarcas de la Iglesia Apostólica Armenia condenaron la "persecución política" del Katolikos y expresaron su plena solidaridad. El patriarca ortodoxo sirio Ignacio Aphrem II también manifestó su solidaridad con Karekín II. El secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, Jerry Pillay, criticó el "ataque de Pashinian contra la libertad religiosa, la santidad del culto y la autonomía de las instituciones religiosas". Hesemann se refiere también a una publicación en Facebook del pastor de la comunidad armenia de Baden-Wurtemberg, Tiratur Sardarian, calificándola de "resumen perfecto": "el gobierno de Armenia se aleja cada día más de la democracia. Un tribunal que sirve claramente a los objetivos del gobierno, y no al Estado de derecho, es un instrumento para asegurar el poder. Un gobierno que humilla públicamente al representante religioso de su pueblo, llevándolo ante los tribunales, no ganará la batalla legal. Socava su propia legitimidad. El poder que no se autolimita, termina perdiendo el poder en nombre del cual actúa", había escrito Sardarian. Hesemann menciona además que organizaciones de la diáspora armenia de distintos países expresaron su "apoyo total e incondicional" al Katolikos de Todos los Armenios. Al referirse al juicio, el autor alemán lo califica de "día de la vergüenza". "Karekín II y los seis obispos acusados se presentaron a una audiencia que duró apenas minutos. El juez a cargo del caso, Hakob Manukian, se excusó. El juicio quedó postergado, y la fecha aún es incierta". Hesemann describe cómo, en el patio del tribunal, miles de fieles armenios y dirigentes opositores recibieron con cánticos y calidez al Catholicos. "Más vergonzoso aún es el silencio de los dirigentes políticos occidentales. Los intereses económicos y políticos parecen cerrar ojos y oídos. Quien es considerado socio estratégico de Occidente parece obtener el privilegio de hacer lo que, en manos de un adversario, sería condenado. Pero un derecho basado únicamente en la conveniencia política ya no es derecho, sino un instrumento de poder. Todo cristiano de buena conciencia debe reconocer la injusticia, dondequiera que se encuentre. Por eso también es un deber moral de nosotros los católicos mostrar solidaridad con el amigo de cuatro papas de Roma, Karekín II", concluye así el artículo Michael Hesemann.

Foto de portada: del sitio mencionado. Karekín II junto al papa León XIV y Michael Hesemann.

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