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Opinion - Hovik Avanesov, defensor del patrimonio cultural de Artsaj
Cuando destruir una iglesia armenia se celebra como triunfo
12 de Agosto de 2026

En las redes sociales azerbaiyanas circula desde hace unos días una fotografía tomada en el predio de la Catedral Madre de la Protección de la Santa Madre de Dios de Stepanakert. Lo que vuelve especialmente doloroso el episodio es que la misma joven azerbaiyana que publicó la imagen ya se había fotografiado en ese mismo lugar en 2025, cuando el templo todavía estaba en pie. La nueva foto no solo documenta la destrucción ocurrida, sino que además deja en evidencia el tipo de actitud que se fue consolidando hacia el patrimonio cultural y espiritual armenio.

Según datos de monitoreo satelital, la catedral fue demolida entre el 3 de marzo y el 2 de abril de este año. En los últimos meses, la oficina del ombudsman del patrimonio cultural de Artsaj —junto con otras organizaciones y especialistas en preservación patrimonial y monitoreo satelital— había advertido en reiteradas ocasiones sobre su destrucción.

Pero uno de los aspectos más representativos, y a la vez más dolorosos, de todo este episodio es el texto que acompaña la fotografía: "gorbagor oldu", es decir, "desapareció", "fue aniquilado". La destrucción de una iglesia armenia no se presenta como motivo de dolor o preocupación, sino como causa de orgullo y satisfacción.

Este fenómeno no puede analizarse como la conducta de un individuo aislado: es la expresión de un problema más profundo y sistémico. Cuando la destrucción de una iglesia es celebrada públicamente con expresiones de alegría y orgullo, eso confirma que la construcción del odio antiarmenio y de una actitud hostil hacia el patrimonio cultural armenio tiene carácter sistemático en Azerbaiyán.

Las acciones contra el patrimonio cultural armenio de Artsaj dejaron de ser, desde hace tiempo, una cuestión sobre el destino de monumentos aislados. Se trata de una política sistemática de eliminación de la huella armenia, en cuyo marco iglesias, monasterios, cementerios, jachkares, monumentos, poblados enteros, barrios históricos y otros objetos culturales son destruidos o modificados y resignificados con el objetivo de negar su identidad armenia.

La destrucción de la catedral resulta especialmente simbólica porque ocurre en un momento en que la comunidad internacional, los organismos multilaterales y las instituciones de preservación patrimonial están al tanto de los riesgos que amenazan al patrimonio armenio de Artsaj. Durante años se publicaron documentos, informes especializados, fotografías y evidencia satelital, pero esos registros rara vez fueron seguidos de medidas prácticas y preventivas.

La respuesta actual de los organismos internacionales resulta claramente desproporcionada frente a la magnitud del riesgo. Después de cada nueva destrucción, las declaraciones, las preocupaciones y los llamados no pueden reemplazar a las acciones concretas: si la comunidad internacional se limita a registrar la devastación una vez consumada, eso no es protección del patrimonio, sino un simple registro retrospectivo de la destrucción.

Tampoco es aceptable que sean las organizaciones especializadas las que, a través de imágenes satelitales, tengan que revelar la destrucción de monumentos, mientras los organismos internacionales competentes no logran garantizar mecanismos efectivos de monitoreo, evaluación independiente, misiones de constatación de hechos y rendición de cuentas.

Para salvar el patrimonio cultural de Artsaj no hacen falta más declaraciones protocolares, sino medidas concretas: la implementación de mecanismos internacionales de monitoreo, la participación de expertos independientes, la recopilación y publicación sistemática de datos satelitales, la documentación legal de cada destrucción, la identificación de responsables y la aplicación de mecanismos de responsabilidad legal y política a nivel internacional.

La destrucción de la Catedral Madre de Stepanakert debe funcionar como una nueva y grave señal de alarma para la comunidad internacional. Si hoy es posible destruir una iglesia armenia y presentar ese acto como una "victoria" —más aún, enorgullecerse de ello—, esto no es un fenómeno nuevo: con la misma lógica, las autoridades azerbaiyanas convirtieron en héroe a Ramil Safarov, quien asesinó a hachazos al oficial armenio dormido Gurgen Margarian, y actuaron de la misma manera frente a la decapitación de Karam Sloian. La continuidad de esta lógica significa que mañana puede estar en riesgo otro monumento del patrimonio armenio de Artsaj.

El genocidio cultural comienza precisamente en el momento en que la destrucción de un monumento deja de percibirse como un crimen y se convierte en símbolo de victoria. Y la inacción internacional, cualquiera sea la justificación política que se le busque, termina configurando de hecho un ambiente de impunidad.

La destrucción de la Catedral Madre de Stepanakert no solo debe documentarse: debe convertirse en un tema de la agenda jurídica y política internacional. El silencio, las reacciones tardías y las declaraciones ambiguas ya no alcanzan. Para salvar el patrimonio cultural armenio de Artsaj —que representa un valor para toda la humanidad— se necesitan acciones inmediatas, sistemáticas y mensurables, mientras todavía sea posible preservar los monumentos que quedan en pie.

Hovik Avanesov, ombudsman del patrimonio cultural de Artsaj, vicepresidente de la ONG histórico-cultural «Azgayín»

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