El primer ministro Nikol Pashinian cruza todas las líneas rojas y excede sistemáticamente los límites de su autoridad.
Durante los últimos ocho años, violó cientos de leyes y numerosas disposiciones de la Constitución. Al mismo tiempo, encarceló a un gran número de armenios no por haber infringido la ley, sino simplemente por expresar su desacuerdo con el gobierno, un derecho fundamental que todo ciudadano debería poder ejercer en un Estado democrático.
El mensaje de Pashinian parece claro: las leyes no se aplican a él. Puede vulnerar cualquier norma sin que ningún juez lo detenga, tal como él mismo se jacta de sostener.
Desde que llegó al poder, en 2018, atacó duramente a la Santa Iglesia Apostólica Armenia y a sus autoridades. Pese a esa conducta difícilmente compatible con los valores cristianos, cita con frecuencia las Sagradas Escrituras para engañar a sus seguidores más ingenuos.
La paradoja es evidente. La Biblia relata, en Mateo 4:5-7 y Lucas 4:9-12, cómo Satanás, citando también las Escrituras y concretamente el Salmo 91:11-12, intentó convencer a Jesús de que se arrojara desde lo alto del templo, asegurándole que los ángeles lo salvarían. Jesús le respondió con una cita de Deuteronomio 6:16: “No tentarás al Señor tu Dios”.
Durante años circuló un rumor infundado según el cual el Katolikós habría tenido un hijo. Pashinian dejó dormir esa versión durante siete años y solo decidió explotarla cuando le resultó políticamente conveniente.
Desde entonces, y desde hace más de un año, abusa de su cargo para intentar derrocar al Katolikós Karekin II. Formuló llamados públicos para que renunciara, profirió amenazas personales y llegó incluso a utilizar expresiones soeces en su página de Facebook.
Cuando esos intentos fracasaron, pasó a presionar a diez altos religiosos para que se pusieran de su lado. Bajo la excusa de impulsar una supuesta “reforma” eclesiástica, creó además un denominado “comité de ciudadanos” destinado a reemplazar al Katolikós.
Resulta llamativo que un hombre incapaz de gobernar adecuadamente el país pretenda decidir quién debe conducir la Iglesia. Sencillamente, no es asunto suyo.
Todo esto viola de manera flagrante la Constitución armenia, que consagra la separación entre la Iglesia y el Estado. Sin embargo, Pashinian, que ya consolidó un gobierno autoritario y personalista, tampoco parece dispuesto a respetar ese límite.
A comienzos de enero, el Katolikós Karekin II y un comité integrado por seis obispos destituyeron al obispo Gevorg Saroian como primado de la diócesis de Masyatsotn. Pashinian instó entonces a Saroian a desconocer esa decisión interna de la Iglesia y a presentar una demanda judicial para impedir su aplicación. Pese a ello, la jerarquía eclesiástica lo despojó del sacerdocio el 27 de enero.
Posteriormente, un tribunal adoptó una decisión manifiestamente irregular: ordenó al Katolikós abstenerse de destituir a Saroian y le prohibió salir del país. De ese modo, le impidió viajar junto con los seis obispos del Sumo Consejo Espiritual para participar de una importante asamblea episcopal celebrada en Austria.
La asamblea se realizó de todos modos. Veinticinco obispos llegados desde distintas partes del mundo expresaron públicamente su respaldo al Katolikós y criticaron al gobierno de Pashinian por el hostigamiento sistemático contra la Iglesia.
La primera audiencia contra el Katolikós y los seis obispos fue fijada para el 7 de agosto, a las 16:00, en el tribunal de Vagharshapat, Etchmiadzin.
Es la primera vez que la República independiente de Armenia formula cargos penales contra el Katolikós de Todos los Armenios. Ni el Imperio Otomano ni la Rusia zarista, a lo largo de siglos de dominación, se atrevieron a llegar tan lejos.
La única excepción histórica fue el asesinato del Katolikós Khoren I, estrangulado por agentes de la seguridad soviética el 6 de abril de 1938.
Llevar al Katolikós ante la Justicia constituye un abuso de poder liso y llano.
Desde hace más de 1.700 años, los armenios proclaman con orgullo que Armenia fue el primer Estado en adoptar oficialmente el cristianismo. Sin embargo, el gobierno armenio trata hoy a la máxima autoridad de la Iglesia como si encabezara una organización criminal.
La única noticia alentadora es que el Katolikós Karekin II ya anunció que no renunciará, ni siquiera en caso de ser detenido y encarcelado. Continuará ejerciendo como Katolikós legítimo aun desde la prisión.
Durante los últimos ocho años, el gobierno de Pashinian acumuló una extensa lista de medidas sin precedentes contra la Santa Iglesia Apostólica Armenia:
— En 2018 anuló los pasaportes diplomáticos de los miembros del clero.
— Eliminó del currículo escolar la materia Historia de la Iglesia Armenia.
— En 2024 suspendió los servicios religiosos en las cárceles.
— Interrumpió la asistencia espiritual del clero en las Fuerzas Armadas.
— Proyecta confiscar edificios y bienes pertenecientes a la Iglesia.
— Las fuerzas de seguridad allanaron el predio de la Santa Sede de Etchmiadzin para detener a un arzobispo.
— Varios altos religiosos fueron detenidos y encarcelados mediante acusaciones falsas.
— El 2 de agosto de 2026, en violación del reglamento parlamentario, las autoridades impidieron que el Katolikós pronunciara una oración durante la sesión inaugural del Parlamento.
— El gobierno impuso a la Iglesia cientos de miles de dólares en impuestos y multas por las velas adquiridas por los fieles, pese a que se trata de una institución sin fines de lucro y a que esas contribuciones constituyen, en esencia, donaciones.
El juez Hakob Manukian tiene la oportunidad de desestimar, el próximo 7 de agosto, los cargos presentados contra el Katolikós y los seis obispos, evitando así convertirse en cómplice de las maniobras ilegales impulsadas por Pashinian.
De no hacerlo, podría quedar expuesto al descrédito internacional cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos determine —como resulta altamente previsible— que la decisión judicial violó los derechos fundamentales garantizados por la Constitución armenia y por las convenciones internacionales.
Tanto los armenios que viven en Armenia como los de la Diáspora deben despertar de una autocomplacencia que se ha prolongado demasiado y alzar su voz.
Si permanecen en silencio incluso ante la eventual detención y encarcelamiento del Katolikós, no merecerán conservar ni su Iglesia ni su patria.