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Viernes 31 de Julio - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Opinion - Vladimir Martirosian, politólogo
El precio de la perpetuación del poder lo paga Armenia
31 de Julio de 2026

Hablemos en serio. El secuestro de la política y cómo Armenia paga el precio de la perpetuación del poder.

Las elecciones terminaron, comenzó la etapa de rendición de cuentas. En política, la perpetuación del poder nunca termina con las elecciones. Termina solamente cuando se paga todo el precio político de la victoria. Y ese precio siempre se paga en tres direcciones:

  1. Al pueblo.
  2. Al sistema político.
  3. A los centros de poder externos.

La gran pregunta es a quién le conviene, políticamente, que este poder se mantenga.

Para entender la respuesta hay que mirar al mismo tiempo dos procesos que, a primera vista, no tienen conexión entre sí. Uno hacia adentro, otro hacia afuera. En realidad son las dos caras del mismo mecanismo político.

El secuestro de la política. Abran el noticiero de cualquier día y van a ver que el tema central ya no es la política. Se convirtió en un flujo interminable de detenciones, causas penales, prisiones preventivas, audiencias judiciales, inmunidades, fianzas, decisiones de los investigadores e interpretaciones procesales.

Presten atención al cambio más importante: los protagonistas ya no son los dirigentes políticos. Son los abogados, los fiscales, los investigadores —la autoridad armenia que instruye la causa penal, separada de la fiscalía—, los jueces. El debate político fue reemplazado por el lenguaje judicial, los programas políticos por las acusaciones, la competencia política por las causas penales. El debate político fue reemplazado por el lenguaje judicial, los programas políticos por las acusaciones, la competencia política por las causas penales. Esto no es una casualidad periodística. Es una tecnología política seria. El poder controla y administra la protesta, y le fijó su lugar y su cancha. Quien elige el campo de batalla, tarde o temprano termina dictando también la lógica de la lucha.

Si el poder logra trasladar la lucha política de la plaza al tribunal, no cambia solamente la geografía del conflicto, sino la física misma de la política. Si antes era la oposición la que decidía el tiempo político, ahora ese tiempo lo deciden el investigador, el fiscal y el juez.

Como resultado, el tiempo político es reemplazado por el tiempo procesal, la calle por el patio del tribunal, el pensamiento político por la espera de un fallo, y la iniciativa política por una reacción defensiva sin fin.

La derrota más grande de la política no es la cárcel. La derrota más grande de la política es el momento en que la fuerza política empieza a vivir con la agenda que le impone el poder. Cuando tu actividad política pasa a depender de la notificación de un investigador.

Tu movilización, sujeta al horario de una audiencia. Tu noticiero, sujeto a un pedido de prisión preventiva. Y tu agenda, sujeta a la última causa penal armada por el poder. En ese momento vos ya no estás creando una agenda política propia. Estás consumiendo la agenda creada por otro.

Esa es la mayor ventaja estratégica del poder. No que la oposición proteste, sino que la oposición ya no decide por sí misma cuándo, por qué y de qué manera debe protestar. Cada causa penal crea un foco de atención aislado. Cada audiencia, una ola emocional aislada. Cada malestar social queda como una isla separada. Y el malestar fragmentado nunca se transforma en presión política unificada.

Mientras todos miran a los tribunales, se desarrolla un segundo proceso, mucho más profundo.

Los Estados no viven del noticiero, viven de sus compromisos. Durante la campaña electoral, a la sociedad se le presentó principalmente una agenda interna tóxica. Se hizo para tapar otra pregunta: qué compromisos de política exterior asumió Armenia en el camino hacia la continuidad en el poder. Esa pregunta no se formuló, porque ese era precisamente el precio de la victoria. Y ahora empezó la etapa del pago de ese precio.

Azerbaiyán sigue empujando sus propias prioridades, entre ellas la cuestión de los cambios constitucionales en Armenia.

Rusia espera que Armenia termine de definir su opción estratégica en materia de seguridad e integración, y que convoque un referéndum en el país.

La Unión Europea espera que Armenia se mantenga, en el marco de la cooperación en política exterior, dentro de una línea profundamente antirrusa, y usa eso como condición para profundizar y continuar toda la cooperación.

Estados Unidos está interesado en consolidar un nuevo ordenamiento estratégico en el Cáucaso Sur y espera de Armenia, en particular en la cuestión iraní, que tenga en cuenta exclusivamente los intereses norteamericanos.

Intereses distintos, objetivos distintos, pero una sola lógica común: todos esperan que Armenia dé los pasos que, según su propia visión, corresponden a sus intereses estratégicos. Pero el cambio más peligroso acá ni siquiera es ese. Lo peligroso es que los actores externos hoy ya se expresan públicamente sobre los procesos constitucionales, de integración y de política interna de Armenia. Esto en sí no es un fenómeno nuevo. Lo nuevo es que esas declaraciones, muy a menudo, ya no se perciben como una excepción, sino como un componente natural del proceso político. Desde el punto de vista de la ciencia política, esta es una línea muy peligrosa.

Cuando los actores externos se convencen de que sus expectativas no solo son escuchadas, sino que además, gradualmente, pasan a formar parte de la agenda política interna, se configura una nueva relación. En esa relación, la influencia externa empieza a extenderse no solo hacia la política exterior, sino también hacia el nivel institucional interno del Estado. En las relaciones internacionales no existe el vacío de influencia.

Si un Estado debilita por sí mismo los límites de su propia autonomía política, esos límites se llenan muy rápido de expectativas externas. Y desde el momento en que las expectativas externas se convierten en uno de los factores determinantes de la agenda interna, la soberanía empieza a retroceder. Eso no sucede con una sola firma ni con un solo gran tratado, sino con la acumulación de muchas concesiones "pequeñas", "técnicas", "temporales" e "inevitables".

Así es como los Estados pierden su condición de sujeto político: a fuerza de acumulaciones. Lo que ahora poco a poco se va imponiendo a Armenia como exigencia es, precisamente, el resultado de esa acumulación, que a su vez es el resultado de la necesidad de aferrarse al poder.

Dos procesos, una sola estrategia.

A primera vista parece que la agenda penal interna y los desarrollos de política exterior no tienen relación. En realidad son procesos interconectados.

 

  • Hacia adentro, la política se reemplaza por procesos judiciales.
  • Hacia afuera, la agenda estatal choca permanentemente con las expectativas externas.
  • Hacia adentro, se controla el comportamiento político.
  • Hacia afuera, se controla la orientación estratégica del Estado.

 

Este es el doble pago del precio político de quedarse en el poder: uno interno, otro externo.

Y mientras la sociedad esté concentrada en el ruido interno, las decisiones estratégicas externas quedan mucho más fácilmente fuera del control político público.

¿Y dónde está Armenia?

Si Azerbaiyán espera su parte…
Si Rusia espera su parte…
Si Europa espera su parte…
Si Estados Unidos espera su parte…

Entonces, ¿dónde está la parte de Armenia? ¿Dónde está el crecimiento de la seguridad? ¿Dónde está el desarrollo económico? ¿Dónde está el fortalecimiento de las instituciones estatales? ¿Dónde está la profundización de la soberanía?

Si a estas preguntas no hay una respuesta clara, pública y medible, entonces aparece la situación política más peligrosa de todas: cuando todos esperan algo de vos y vos no sabés qué vas a recibir a cambio, poco a poco dejás de ser un sujeto pleno de la negociación.

La salida

La lucha jurídica debe continuar. Pero la política no puede quedar limitada a los tribunales. El tribunal decide el destino jurídico de una persona. La política decide el destino de un Estado.

El problema principal de la oposición no es renunciar a los tribunales.

El problema principal es recuperar la iniciativa política propia: agenda propia, tiempo propio, temas propios, reglas de juego propias, lugares de protesta propios, pensamiento político propio.

El nivel más alto de la lucha política no es responder a cada movimiento del adversario. El nivel más alto de la política es obligar al adversario a responder a tus propias iniciativas. La historia ha demostrado muchas veces que los sistemas no caen en el terreno que ellos mismos eligieron como campo de batalla. Caen cuando pierden el control sobre el comportamiento político de la sociedad.

P.D. Los Estados no se destruyen solamente con guerras.

También se destruyen cuando la sociedad está tan ocupada con el ruido del momento que no percibe cuándo, en su nombre, se está cambiando la orientación estratégica del Estado. Por eso, la gran pregunta política de Armenia hoy no es a quién van a detener mañana.

La gran pregunta es esta: "¿Quién escribe hoy la agenda política de Armenia?"

Si esa agenda se escribe en los tribunales, y las decisiones estratégicas del país se forman bajo la presión constante de las expectativas externas, entonces ya no estamos frente a una simple crisis política pos-electoral, sino frente a una crisis de gobernabilidad del Estado. Y la historia nunca recuerda estas crisis como un escándalo político más. Las recuerda como puntos de inflexión en el destino de los pueblos...

 

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