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Opinion - Suren Sureniants, politólogo
"Moscú no cree en lágrimas"
28 de Julio de 2026

"Moscú no cree en lágrimas": la primera llamada Pashinian-Putin tras las elecciones no trajo alivio económico

La conversación telefónica que mantuvieron el primer ministro armenio, Nikol Pashinian, y el presidente ruso, Vladímir Putin, el pasado 27 de julio, fue la primera desde las elecciones parlamentarias de junio, y dejó en evidencia que las diferencias estratégicas entre Ereván y Moscú lejos están de resolverse.

El contacto llegó en un momento cargado de tensión: las restricciones impuestas por Rusia a las exportaciones de origen armenio vienen generando serias dificultades económicas para Armenia, en medio de un vínculo bilateral cada vez más tirante. No fue, además, un llamado aislado: antes de hablar con Putin, Pashinian ya se había comunicado con el canciller alemán Friedrich Merz (22 de julio) y con el presidente francés Emmanuel Macron (25 de julio), gestiones europeas que, al parecer, no alcanzaron para destrabar el conflicto comercial con Rusia. Recién entonces, cuando la vía europea no dio resultados, Ereván recurrió a Moscú, en lo que más que una decisión política parece haber sido una necesidad objetiva.

Dos comunicados, dos prioridades

Según el comunicado oficial armenio, Pashinian planteó directamente el problema de las restricciones a la exportación. El comunicado del Kremlin, en cambio, revela una prioridad completamente distinta: del lado ruso, el tema central no fue la economía sino la cuestión de la integración europea de Armenia. Putin insistió en la necesidad de convocar cuanto antes un referéndum nacional para que Armenia defina su rumbo estratégico —Unión Europea o permanencia en la UEE—.

Pashinian, en su respuesta, reconoció en los hechos que el proceso de adhesión a la UE todavía no está en una etapa práctica.

Ni una palabra sobre las restricciones económicas

Pese al gesto conciliador, la llamada no produjo ningún resultado visible: no hubo ningún anuncio sobre el levantamiento o la flexibilización de las restricciones comerciales. Es más, el comunicado del Kremlin ni siquiera mencionó los problemas económicos, un silencio que deja bastante clara cuál es, en verdad, la prioridad de Moscú.

Hay un dato adicional que no pasó inadvertido: una vez más, Putin se abstuvo de felicitar a Pashinian por su triunfo en las elecciones parlamentarias. En la práctica de las relaciones interestatales, un silencio de este tipo rara vez es casual y, por lo general, encierra un mensaje político.

La continuidad de una lógica que ya se venía anunciando

El contenido de la llamada aparece como una continuación directa del encuentro Pashinian-Putin del 1° de abril y de la lógica política de la declaración de Astaná. Moscú ya no está dispuesta a tolerar que Ereván se siente "en dos sillas" a la vez.

Más aún: el documento de Astaná prevé que, antes de diciembre de 2026, el consejo intergubernamental de la UEE deberá presentar un informe sobre las posibles consecuencias de suspender la aplicación del tratado de la UEE respecto de Armenia. Ya no se trata de una advertencia genérica, sino de un proceso con plazos concretos.

En definitiva, la conversación telefónica entre Pashinian y Putin no marcó el inicio de una salida a la crisis en las relaciones armenio-rusas. Por el contrario, confirmó que las divergencias estratégicas entre ambas partes siguen profundizándose.

Moscú, claramente, no está dispuesta a dejarse guiar por las dificultades económicas de Ereván ni por sus explicaciones políticas. Rusia sigue esperando de Armenia no garantías verbales, sino una definición estratégica clara y definitiva.

Moscú no cree en lágrimas. Pocas frases describen mejor el trasfondo político de la llamada de ayer.

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