Lo que dijo Alíev y pasó inadvertido en nuestra esfera pública. Sobre esto escribió la especialista en temas azerbaiyanos Tatevik Hayrapetian:
«El 13 de julio, bajo el título tan absurdo como irónico de "La misión de los medios en la promoción de la paz: restablecer la verdad y reconstruir la confianza", varios periodistas extranjeros se reunieron con Alíev en la Shushi ocupada y mantuvieron una charla. La conversación duró unas tres horas. Como me gusta leer y estudiar el material completo antes de comentar algo, recién ahora me refiero a este tema, después de haberlo hecho.
En nuestra esfera pública se discutieron con mucha intensidad los pasajes referidos al Grupo de Minsk de la OSCE, en particular que Alíev se quejaba de que no le daban lo que realmente quería. Y así es: tanto de las declaraciones de Alíev como de las de Pashinian se desprende con claridad que ambos estaban disconformes con las propuestas: uno porque quería quedarse con todo, el otro porque quería sacarnos de la "trampa del conflicto", liberarnos de la "carga", como quien dice.
Como resultado, cada uno consiguió lo que quería: uno sometió a una limpieza étnica completa a los armenios de la tierra de sus ancestros, de su casa y su lugar; al otro, en cambio, nos "liberó" del "lazo" de Artsaj. Si en el primer caso —el de Alíev— eso funcionó a favor de Azerbaiyán, en el nuestro es más o menos como si alguien tuviera dos hijos, uno de ellos con algunos problemas de salud, y los médicos dijeran que se necesita un tratamiento largo, y esa persona dijera "no, mejor que se termine de una vez", dijera "mátenlo, que se acabe esta historia", y después dijera "lo hice por mi otro hijo, para que él viva bien". En fin, dejemos de lado esta degradación moral.
Alíev tampoco ocultó su fuerte descontento con algunas estructuras europeas, y se mostró particularmente molesto con Josep Borrell, el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad: «Esa es una gran red antiazerbaiyana que existía dentro de la Comisión Europea. Pero menos mal que el señor Borrell ya está fuera de la política, esperemos que para siempre…».
Eso dijo Alíev. En términos generales, se mostró conforme con su trabajo junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. En cambio, estaba muy molesto con algunas estructuras europeas, especialmente con el Consejo de Europa, respecto del cual dijo: «Si Azerbaiyán se retirara por completo del Consejo de Europa, en el país nadie ni siquiera lo notaría. Así que estar o no estar ahí, en los hechos, no cambia demasiado…».
En realidad tiene bastante razón: para el pueblo de la Azerbaiyán autoritaria, la presencia en esos organismos no cambia nada, de todos modos los reprimen de inmediato si se atreven a criticar al dictador.
En cuanto a Estados Unidos, no dejó pasar la oportunidad de volver a recordar a Biden con malas palabras y de elogiar a Trump. Sin embargo, no tuvo problema en llamar al TRIPP "corredor de Zangezur".
Sobre Rusia hizo declaraciones bastante audaces, incluso respecto de Ucrania, ya que hasta el día de hoy, en gran medida, ha "digerido" su propia conducta, incluida la que tuvo hacia los efectivos de paz rusos.
Y el pasaje más llamativo, a mi juicio, fue el referido al tema del gas.
«Por eso, es necesario ampliar la infraestructura de transporte existente, pero el obstáculo es la agenda verde europea, y los bancos europeos no quieren financiar proyectos de combustibles fósiles. En consecuencia, surge la pregunta de dónde conseguir crédito para ampliar la capacidad del gasoducto. Otra cuestión, probablemente más importante, son los contratos de largo plazo. Y esto es justamente lo que hablamos con la señora Ursula von der Leyen: que necesitamos contratos de largo plazo. Porque para aumentar significativamente la producción tenemos que hacer grandes inversiones, y si en determinado momento nos dicen "gracias, adiós, ya no necesitamos más tu gas", ¿qué vamos a hacer?…».
Esta fue una confesión muy reveladora sobre el futuro incierto del gas azerbaiyano, y no es la primera vez que se queja de la falta de inversiones. A mi entender, este tema está muy subestimado de nuestra parte en el marco de los cálculos sobre nuestro propio futuro.
También llamó la atención su actitud, muy celosa, respecto de la construcción de la fábrica de inteligencia artificial en Armenia, tema sobre el cual tampoco es la primera vez que se manifiesta.
En realidad el material era extenso, y en muchos sentidos necesita un análisis más profundo, pero resumo esta nota con la confesión más singular de Alíev: «Las cuestiones de derechos humanos son problemas universales…». Es un punto muy acertado, por eso llegará el día en que le recuerden esta declaración.
Y al final de su intervención, aconsejaba no rendirse, luchar, no resignarse ante los fracasos, y tener presente que cuando uno se pone en situación de dependencia respecto de otros centros de poder, después queda prisionero de las decisiones que ellos toman sobre uno… Qué se le va a hacer, aun viniendo del adversario, es un buen consejo, especialmente para ese partido de "Destruyamos el Estado" [apodo despectivo con el que la autora se refiere al oficialismo armenio] que nos puso en situación de dependencia de Azerbaiyán», escribió.