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Sábado 11 de Julio - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Opinion - Marieta Khachatrian
La magia del 41-64
11 de Julio de 2026

 

Después de las elecciones, cuando el gobierno tiene múltiples problemas prioritarios por resolver —entre ellos, enfrentar las próximas dificultades en exportaciones e importación de gasoil (Rusia estableció el 8 de julio una prohibición total a la exportación de gasoil), y resolver los problemas de seguridad alimentaria de cara al invierno que se avecina—, el poder está ocupado en otros asuntos populistas y organiza shows para la plebe. Bueno, ¿no notan las colas por combustible en Rusia, la guerra que se reinició bajo nuestras narices la noche del miércoles al jueves (Estados Unidos volvió a atacar a Irán)?

Quiero preguntarle al gobierno: ¿saben qué reacción en contra generó —incluso entre sus propios simpatizantes— el derribo salvaje y poco profesional del opositor Tsarukian, sobre todo cuando él no ofrecía resistencia alguna, y esa escena no ocurrió al momento de su detención, sino al entrar a su casa por la mañana para el allanamiento? ¿Se necesitan semejantes escenas para ir a Europa? ¿Hace falta paralizar empresas en funcionamiento? O si los líderes opositores desplegaron una actividad tan ilegal, ¿por qué esperaron a que terminaran las elecciones en lugar de impedir esas ilegalidades antes de los comicios? Porque ahora todo esto se asemeja a una persecución poselectoral y al establecimiento de un clima de miedo, al prometido "convertirlo en un vagabundo"...; de todas formas, esas opiniones abundan en la sociedad, y ninguna formulación jurídica cambiará la convicción popular. Lo correcto habría sido un trabajo tranquilo y profesional de los organismos de seguridad, sin shows: ¿qué manía es esta por hacer las cosas para la exhibición?

Pero, por supuesto, no es solo la conducta del gobierno la que se inscribe en esta falta de lógica, tras la decisión de la Corte Constitucional, que consideró improcedente revisar los resultados electorales. Nuestro común asombro puede repartirse por igual entre gobierno y oposición, cuando se supo que las fuerzas opositoras que entraron al Parlamento toman sus bancas, mientras que el gobierno hará todo lo posible por sumar los tres o cuatro mandatos que le faltan para lograr mayoría absoluta constitucional. La oposición, con sus 41 mandatos, dice que comienza una nueva etapa de la lucha política, que el proceso para sacar a Pashinian del poder recién empieza, bla, bla, bla, que van a estar en el Parlamento y en la calle al mismo tiempo. Bueno, eso fue lo que decidió en las elecciones esa gente común a la que llamaron de todo —traidores a la patria, zombis, súbditos de los turcos, yo qué sé qué más—, ¿y ahora esperan manipulaciones en el Parlamento? El gobierno, por su parte, va presentando acusaciones una tras otra contra los líderes opositores: le llegó el turno al número uno de "Armenia Fuerte", Narek Karapetian, y a la compañera de partido de Tevanian, Aregnaz Manukian.

A mí, personalmente, me resulta desagradable ver las escenas preparadas para la plebe, y la concentración de ambos bandos en el potencial de confrontación de la relación 41-64 de las bancas parlamentarias, que amenaza con transformarse no solo en un enfrentamiento entre oposición y gobierno, sino entre dos grandes sectores del pueblo, con el agravante de que los hilos de esa confrontación están en manos, no de los nuestros, sino de actores externos, lo cual vuelve aún más dramática la posible inestabilidad de nuestra vida interna.

Que la oposición siempre es más vulnerable, y que algunos de sus miembros —especialmente los que ocupan bancas— pueden quedar sometidos a distintas presiones y cambiar de bando, lo he visto muchas veces a lo largo de mi larga vida; lo que le pasó a Tsarukian ya había ocurrido antes en el pasado (uno se pregunta si el líder opositor que lo convenció de meterse por segunda vez en el mismo río siente remordimiento de conciencia).

Así que el nuevo Parlamento, cuyo perfil aproximado dibuja un cuerpo legislativo nada agradable a la vista, se convertirá en escenario de nuevas escenas, intrigas y shows, no lo duden. Consideren en este contexto las ciento cinco renuncias a sus candidaturas de la lista de Armenia Fuerte: se les dijo que quien tuviera un punto débil renunciara, y así lo hicieron.

Pero si uno mira apenas la biografía de tantos y tantos aspirantes a diputados que quedaron en las listas opositoras, se trata en sí mismos de un conjunto de puntos débiles, de modo que es más probable que el gobierno se lleve gente de la oposición que al revés: es cuestión de tiempo.

Pero hay algo completamente distinto que no me deja tranquila, como alguien preocupado por el país, y no por tal o cual fuerza política.

Entonces, fíjense qué pasó. La oposición dice que el gobierno usó recursos administrativos y falsificó las elecciones; el gobierno, por su parte, dice que la mayor parte de los votos de la oposición fue producto de compra de votos. ¿En serio? ¿Qué están diciendo? Es decir, ambas partes, de este modo, están declarando que la estructura número uno del gobierno de Armenia —el órgano legislativo— no es legítima. ¿Entienden qué golpe le están asestando a Armenia, qué vulnerable están dejando al país, al deslegitimar así a su órgano legislativo? Es decir, ¿están impugnando —o sentando las bases para impugnar— todas las leyes que este Parlamento "no legítimo" va a aprobar en el futuro próximo? ¿Quién de nuestros enemigos podría asestarle a Armenia un golpe tan fuerte como el que se asestan entre sí la oposición y el gobierno, tomados de la mano? ¿Y entonces para qué van a ese Parlamento no legítimo, a tomar sus bancas, a hablar de reparto de cargos y de la fórmula D'Hondt? La CEC (Comisión Electoral Central), de hecho, al dejar sin cambios los resultados electorales, dejó sin respuesta la acusación bilateral de no legitimidad del Parlamento. ¿Y cómo va a ratificar ese órgano "no legítimo" documentos de importancia estatal: el acuerdo de paz, el TRIPP, las decisiones de demarcación fronteriza?

Tiran al piso a Gagik Tsarukian, fabrican relatos de leones y espantapájaros, pronuncian textos agradables al oído de la plebe: ¿en qué están ocupados? ¿Saben que a su lado se reinició la guerra, que pese a las garantías el embajador de Irán sigue transmitiendo, como antes, su preocupación por los riesgos y desafíos de la implementación del TRIPP y por la presencia estadounidense en la frontera de su país, y que la participación en las honras fúnebres de Jamenei no neutraliza eso como peligro en nuestra frontera sur? ¿Saben que en invierno hay riesgo de corte de gas, y que von der Leyen no es quien va a resolver el tema del gas (los esfuerzos prorrusos de Pashinian en Ekaterimburgo indican que sí lo saben)?

Mientras tanto, los nuestros hablan de cosas muy agradables: de las porciones de la torta parlamentaria, de los mandatos, del robo de ganado, del robo de personas, de que los cargos de vicepresidente de la Asamblea Nacional y de presidente de tres comisiones parlamentarias son para la oposición, y a quién le toca cuánto. Vamos, por favor.

Es que a los nuestros siempre les ha gustado hablar de cargos. De las comisiones actuales de la Asamblea Nacional, nueve son de Contrato Civil y tres de la gran oposición; esta última, si muestra buena voluntad, le cederá un cargo a la pequeña oposición.

Y dicen que en Contrato Civil hay un tironeo por los cargos, que varios hombres y una mujer técnica dental se están sacando pedazos entre sí por los puestos de jefe y secretario de la bancada. A Alen Simonian también lo despidieron con éxito, y nadie dijo ni "fu"; claro, qué importa la experiencia como para tenerla en cuenta: que la gente nueva cometa un montón de errores hasta que los nuevos cargos les queden a medida, a costa de nuestros nervios.

Levanten la cabeza aunque sea un poco, miren a su alrededor: Kiev y Moscú están siendo bombardeadas, el conflicto reiniciado entre Estados Unidos e Irán amenaza con arrastrar a Turquía, a Israel y a Azerbaiyán también como desafío para nuestro sur, y el secretario general turco de la OSCE anda pensando en hacernos cambiar de religión. Y ustedes siguen atrapados bajo la magia del 41-64.

P.D.: De la última declaración a la prensa de Nikol Pashinian, tras la reunión de gobierno, se desprende que él, de todos modos, comprende la gravedad de la nueva situación y que, en ese sentido, quizás, tras ser nombrado nuevamente primer ministro, considere oportuno renovar los cuadros del gobierno. De todas formas, el hecho de no desmentir la intención de reemplazar al jefe de gabinete del primer ministro, Arayik Harutiunian, da testimonio de ello; también se perfila la salida del ministro de Industria de Alta Tecnología, Mkhitar Hayrapetian. Y, en general, renovar el gabinete de ministros tras las elecciones es algo aceptado en los nuevos gobiernos. Solo que la concepción de Pashinian sobre la responsabilidad unipersonal en las decisiones políticas también debería enviarse al pasado: en los Estados normales, no es la persona sino el sistema, la institución, la que es responsable, y solo con responsabilidad institucional es posible renovar el sistema y los enfoques. Las decisiones políticas son útiles y persiguen la justicia solo si su responsable es el sistema, no la persona.

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