En febrero de 2015, el entonces presidente Serj Sargsian calificó a Tsarukian de un "mal para el país". Muchos recordarán aún la lluvia de agravios de aquellos días, cuando funcionarios oficialistas de distinto calibre, casi sin aliento, lanzaban declaraciones ofensivas contra su antiguo compañero de ruta.
En ese momento, Tsarukian se inclinaba por encabezar y liderar un movimiento de cambio de poder que, muy probablemente, habría culminado con éxito si no se hubiera tomado la decisión de retroceder en apenas su arranque. El conflicto entre el poder y Tsarukian se resolvió mediante negociaciones, con la mediación de Samvel Karapetian, tras lo cual Tsarukian anunció su retiro de la política.
Años antes, junto al expresidente Ter-Petrosian, Tsarukian ya había intentado impulsar un movimiento para sacar del poder a Serj Sargsian, en lo que se definió como una "revolución burguesa-democrática". Aquel intento fracasó, pero tuvo una consecuencia duradera: fue el origen de la ruptura política entre Pashinian y el Congreso Nacional Armenio, el partido de Ter-Petrosian.
La cuenta pendiente con Serj Sargsian, sin embargo, quedó saldada más tarde. En 2018, cuando estalló la revolución que finalmente sí logró desplazar a Sargsian del poder, Tsarukian —ya al frente del Partido Prosperidad— eligió apoyar a Pashinian en el momento decisivo, contribuyendo así a la caída del gobierno que antes no había podido derrocar por sus propios medios.
Es notable que, en aquellos días de 2018, Tsarukian, quien encabezaba el segundo bloque más numeroso de la Asamblea Nacional, tenía la posibilidad real de convertirse en primer ministro mediante un compromiso político con la mayoría republicana, pero prefirió apoyar a Nikol. Resulta enteramente lógico que, ya en el poder, Pashinian empujara sistemáticamente a Tsarukian fuera de la política en los años siguientes.
A algunos podría parecerles que el objetivo de Nikol no fue, desde un principio, la destrucción de Tsarukian, y que llegó a esa determinación recién en las últimas elecciones parlamentarias, al decidir castigarlo por proponerle un encuentro "de león a león" en la jaula del león. Pashinian puede parecer impulsivo en sus decisiones a muchos, pero en realidad actúa como un verdugo calculador.
El destino de Tsarukian estaba sellado mucho antes de las elecciones, y el ajuste de cuentas pashinianista no habría tardado en llegar aun si el líder del partido Armenia Próspera hubiera decidido no participar de la última campaña electoral. Como resultado de ocho años en el poder, Nikol ha conformado un nuevo círculo chovinista y oligárquico, personalmente leal a él, preparando de manera sistemática el despojo de la elite que se enriqueció bajo los gobiernos anteriores. Al pueblo se le prometió la devolución de lo saqueado, y bajo ese manto se lleva a cabo, en los hechos, una redistribución de la propiedad y de las riquezas del país.
A los viejos dueños vienen a reemplazarlos otros nuevos, que en sentido figurado son mucho más despiadados que los anteriores. Y en esta picadora van a caer todos, incluso quienes hoy le sostienen el paraguas a los que gobiernan. Si esto es bueno o malo, me abstengo de juzgarlo.
Solo dejaré constancia de una cosa: es justo que las víctimas de este sistema político deforme terminen siendo, con los años, todos los que participaron en la construcción de este aparato estatal devorador de hombres. Y agregaré que este proceso abre la posibilidad de que se forme una fuerza con aspiraciones de nuevo poder, capaz de mandar finalmente al demonio a este tándem de "ex" y "actuales".