"La diplomacia armenia debe vincular la condena internacional del Genocidio Armenio con la resolución justa del conflicto de Karabaj."
En respuesta a una pregunta sobre el reconocimiento del Genocidio Armenio por parte del gobierno de Israel, Pashinian declaró a los periodistas: "No vemos la necesidad de ninguna reacción, ya que consideramos que abstenerse de politizar la cuestión del Genocidio Armenio sirve a los intereses de la República de Armenia."
Con esta declaración, Nikol Pashinian adopta de facto y de manera oficial uno de los postulados antiarmenios que el Estado fascista turco lleva décadas elaborando: considerar el Genocidio Armenio como un acontecimiento exclusivamente histórico, desvinculándolo de la gravísima situación actual de la República de Armenia, de los intereses vitales del pueblo armenio y de los principios fundamentales del derecho internacional. Si esta lógica continúa, pronto, al estilo turco, se comenzará a hablar no del Genocidio Armenio sino de "los eventos de 1915". La propuesta de Pashinian de "no politizar" el Genocidio no es más que una amarga farsa.
En cuanto al reconocimiento oficial del Genocidio Armenio por parte del gobierno de Israel o de cualquier otro Estado, tal decisión no debería entusiasmarnos particularmente, aunque en términos generales constituye un desarrollo positivo. La razón es que el reconocimiento del Genocidio Armenio tiene escaso valor si de ningún modo frena la agresión turco-azerbaiyana en curso y la política hostil hacia Armenia, ni contribuye a mejorar la gravísima situación geoestratégica actual del país.
En esta ocasión me veo obligado a repetir lo que he señalado en diversas oportunidades a lo largo de los años.
El hecho es que las decenas de Estados influyentes y organizaciones internacionales que reconocieron el Genocidio Armenio no solo no movieron un dedo en 2020–2023, sino que ni siquiera condenaron el ataque turco-azerbaiyano-israelí-salafista contra Armenia. No tomaron ninguna medida para ayudar a la víctima del genocidio que ellos mismos reconocieron, ni para castigar a los agresores genocidas, uno de los cuales era Turquía, miembro de la OTAN, y el otro Israel, aliado cercano del Occidente colectivo y de los Estados Unidos. Por el contrario, hicieron y continúan haciendo todo lo posible para consolidar y perpetuar las CONSECUENCIAS GENOCIDAS de ese ataque.
Ya en octubre de 2007 presenté cuál debería ser la posición de Armenia y de los armenios ante tales reconocimientos. A continuación reproduzco esos criterios, con algunas pequeñas correcciones lingüísticas y de puntuación:
"En lo que respecta al planteamiento del Genocidio Armenio en los parlamentos de diversos Estados y en otras instancias internacionales no jurídicas, hace ya tiempo que ha llegado el momento de que Armenia y los armenios evalúen tales resoluciones con sus propios criterios, que se correspondan tanto con la realidad histórica como con los intereses nacionales y estatales armenios, entre los cuales no existe contradicción alguna, contrariamente a lo que durante años se ha intentado hacernos creer. Proponemos cinco criterios principales para tal evaluación:
1. La indicación precisa de los límites cronológicos del genocidio: 1893–1923.
2. La mención de que los armenios fueron exterminados en su patria histórica, principalmente en la parte occidental de Armenia.
3. La identificación clara del Estado perpetrador —el Imperio Otomano— así como la inequívoca condena de su sucesora, la República de Turquía, por negar el Genocidio Armenio y llevar a cabo acciones hostiles contra Armenia (bloqueo, guerra de propaganda, rechazo de relaciones diplomáticas, ayuda militar a Azerbaiyán, etc.).
4. El reconocimiento de la responsabilidad del Estado turco ante el Estado armenio —como representante último de los intereses del pueblo armenio— así como el reconocimiento de la necesidad de compensar a la República de Armenia, ante todo mediante compensación territorial.
5. La vinculación en tales resoluciones de las consecuencias del genocidio con la situación geopolítica actual de la región, es decir, el reconocimiento del impacto negativo del genocidio sobre la seguridad de Armenia y de la región. Lo más importante es precisamente esto: en qué medida tales resoluciones contribuyen a resolver el problema más urgente: garantizar la seguridad de Armenia.
El Genocidio Armenio ha creado para los armenios un problema existencial de espacio vital, reduciendo ese espacio a dimensiones extremadamente peligrosas. Desde esa perspectiva deben contemplarse tanto la liberación de Artsaj —gracias a la cual las fronteras de Armenia adquirieron capacidad defensiva y la mínima profundidad estratégica— como la garantía del desarrollo seguro de la comunidad armenia de Chavajk.
La tarea de la diplomacia armenia es vincular hábilmente la condena internacional del Genocidio Armenio con la resolución justa del conflicto de Karabaj y el establecimiento de una paz duradera en la región. La comunidad internacional, al reconocer el genocidio cometido contra los armenios, está obligada a dar el siguiente paso lógico: reconocer el derecho del pueblo armenio sobre Artsaj, incluido todo su territorio liberado.
Los criterios de responsabilidad y compensación mencionados arriba aún no se han reflejado en ninguna resolución adoptada por instancia internacional alguna. Y no podían reflejarse, porque la propia República de Armenia nunca se planteó tales objetivos, nunca intentó elaborar tales programas y, naturalmente, nunca presentó las correspondientes reivindicaciones fundamentadas."
Lamentablemente, ningún presidente ni ningún gobierno de la República de Armenia elaboró tal política ni aprovechó estos postulados que propuse.