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Opinion - Prensa Coordinada de la Organización Demócrata Liberal Armenio
¿Tendrán Alguna Vez Validez Definitiva los Resultados del 7 de Junio?
24 de Junio de 2026

"Sin organismos de revisión reconocidos por todos, ningún resultado electoral puede considerarse definitivo"

Las elecciones parlamentarias nacionales de la República de Armenia se celebraron el 7 de junio en medio de una atmósfera de tensión sin precedentes.

El mensaje central de nuestras posiciones preelectorales consistía en mantener viva en el electorado la conciencia de que, en estas elecciones en particular, no se elegiría simplemente un gobierno con una u otra inclinación política. Para un pueblo armenio situado ante una encrucijada decisiva de su historia, el resultado electoral determinaría los cambios fundamentales en el carácter nacional de nuestra patria: primero en el futuro inmediato, y luego también a largo plazo.

Condensando la infinidad de argumentos, el punto central era claro. De un lado, el Contrato Civil ofrecía como promesa principal asegurar la paz en Armenia a cualquier precio de concesiones ante Turquía y Azerbaiyán. Del otro, la oposición prometía igualmente la paz, pero preservando al mismo tiempo la dignidad del pueblo armenio, al mantener entre sus prioridades la defensa de los valores y las tradiciones nacionales.

Bajo estas condiciones se celebraron las elecciones.

Si bien en todo el mundo los procesos electorales conllevan inevitablemente cierto número reducido de irregularidades, en esta ocasión ocurrió en Armenia lo más inaceptable de todo.

No es este el lugar —ni es posible dentro de los límites de este artículo— enumerar y presentar la lista exhaustiva y detallada de los datos sobre las violaciones a los estándares electorales internacionalmente reconocidos, tanto las ocurridas en la etapa preelectoral como durante y después del proceso mismo. Es un hecho, sin embargo, y podemos afirmarlo sin exageración, que en la víspera del escrutinio, tanto el sector que hoy se presenta como ganador de la mayoría de votos como el conjunto de los sectores opositores se acusan mutuamente, calificando uno al otro como responsable de las irregularidades más extremas y generalizadas.

Esta situación extrema es sencillamente inaceptable para el pueblo armenio, teniendo en cuenta el carácter decisivo de estas elecciones. Por ello, y descartando de antemano cualquier toma de posición partidaria, nos vemos obligados a concluir que estas elecciones son inválidas. Pero también es preciso tener la certeza de que cuando y si acaso, salgan a la luz las verdades, nosotros y todo el pueblo armenio estamos dispuestos a condenar sin vacilar a la parte culpable.

Estimados compatriotas: como dijimos, en los países civilizados del mundo la celebración de elecciones es un fenómeno corriente y permanente, e igualmente inevitable es que, pese a todos los mecanismos antifraude equilibradamente controlados por todas las partes, ocurran siempre algunas irregularidades en número limitado. Estas últimas, sin embargo, son sometidas de inmediato —con muy pocas excepciones— a la revisión de organismos equilibrados, políticamente indiscutibles y reconocidos por todos, y finalmente se proclaman resultados irrefutables y definitivos.

Es precisamente por eso que resulta indignante y condenable la vergonzosa situación que se vive en la Armenia de hoy: pese a las grandes promesas de democracia y justicia, brillan por su ausencia esos mismos organismos políticamente equilibrados e indiscutiblemente reconocidos por todos que son propios y esperables de cualquier país civilizado.

Sí: esta situación es una gran vergüenza, flagrante e inaceptable, para Armenia.

En efecto, en la Armenia actual es ya de dominio público que los dos organismos supuestamente "imparciales" y "respetables" —la Comisión Electoral Central y, por encima de ella, el Tribunal Constitucional— aunque formalmente independientes, son en la práctica y de manera evidente subordinados al primer ministro Pashinian y al partido Contrato Civil.

Como consecuencia inevitable, semanas después del 7 de junio, todos los resultados electorales son considerados impugnados por una u otra razón en el conjunto de la sociedad armenia.

Para poder avanzar en este análisis, nos centraremos hoy en un caso concreto como ejemplo objetivo de arbitrariedad. En medio de la agitación general, donde aún no existe prácticamente ningún acuerdo real sobre los números, quizás pueda considerarse lo más cercano a lo definitivo el siguiente panorama de mandatos inicialmente reconocidos entre los sectores con mayor caudal de votos —con una gran salvedad—: el Contrato Civil obtuvo 61 escaños; la alianza "Armenia Fuerte", 29; la "Alianza Armenia", 12; y el partido "Armenia Próspera" objeto del principal litigio actual, 5 escaños. Sin embargo, de repente, la Comisión Electoral Central "descubrió" que entre los votos de este último partido que había recibido miles de sufragios, faltarían algunas decenas de votos y, anulando esas pocas decenas "de conformidad con la ley electoral", ha decidido anular en su totalidad los 5 escaños del partido Armenia Próspera y, más aún, transferir 4 de ellos al partido oficialista Contrato Civil.

Esta aplicación aún más escandalosa de las tortuosas leyes constitucionales armenias por parte de la Comisión Electoral Central tiene consecuencias fatales: el nuevo gobierno que se constituya —que en ningún caso ha obtenido por sí mismo la mayoría absoluta constitucional— al apoderarse injustamente de estos escaños, contará aparentemente con ciertas atribuciones constitucionales para designar, en posiciones clave especialmente en los ámbitos de la justicia y la defensa, candidatos directamente subordinados a él.

He aquí por qué la anulación completa e injusta de los escaños de "Armenia Próspera" es el tema prioritario de los litigios actuales, aunque como señalamos, el movimiento para declarar la totalidad de las elecciones inválidas ya ha adquirido una gran envergadura.

El clima político en Armenia es hoy manifiestamente muy tenso.

Al concluir esta breve mirada al debate sobre los resultados electorales, señalamos con dolor que tras haber completado 35 años de independencia —un período sin precedentes en nuestra historia reciente—, la maquinaria político-administrativa que hoy domina Armenia se encuentra en un estado evidentemente primitivo e inaceptable.

La diáspora armenia mundial sigue con impotencia, y desde la distancia, los desarrollos políticos explosivos que cada día adquieren una nueva forma en Armenia.

Armenia no ha comprendido aún el verdadero significado de la democracia. Esta no es más que una palabra que las autoridades utilizan para ganarse simpatías en los círculos internos y externos. Pero la realidad es diferente, y no puede ocultarse por mucho tiempo.

La pregunta más importante para el pueblo armenio hoy es la siguiente: si las elecciones del 7 de junio, cargadas de tantas e innumerables irregularidades, no han logrado conducir el clima político interno del país hacia una calma constructiva, ¿qué otro mecanismo existe para que al menos se infunda esperanza y se den algunos pasos hacia ese objetivo tan necesario para nuestra nación?

Aunque muy difícil, y como una posibilidad quizás alcanzable, proponemos —con deliberada y consciente buena fe— que cuanto antes mejor, como un primer y gran paso de colaboración nacional en nuestra historia, y contando con la sincera buena voluntad de todos, se impulse la conformación de una "Comisión Extraordinaria e Independiente para la Evaluación de las Elecciones del 7 de Junio", con la participación de círculos e individuos competentes que gocen de la confianza general tanto en Armenia como en la diáspora. El difícil mandato de esta comisión deberá ser el examen objetivo de todos los datos e irregularidades del proceso electoral, y la determinación de las modalidades de su corrección. En caso de que todo ello resulte imposible, y siguiendo ejemplos exitosos a nivel internacional, deberá formularse una reformulación fundamental de las reglas electorales aceptable para todos, que conduzca a Armenia a organizar, en el transcurso de uno o dos años y en condiciones de paz, nuevas elecciones aceptables para todos, con resultados justos e indiscutibles.

Se ruega no apresurarse a recibir esta propuesta con una sonrisa burlona. Sabemos que esta solución es muy difícil de implementar y que numerosos sectores e individuos "entendidos" la considerarán utópica. Por lo tanto, al momento de emitir un juicio negativo, se espera que se proponga simultáneamente una alternativa mejor y viable, a la cual estamos dispuestos a brindar nuestro apoyo total.

Lo esencial, estimados compatriotas, es que el estado postelectoral que hoy reina en Armenia —incivilizado e indigno de un Estado moderno— es inaceptable; para nosotros es motivo de profunda vergüenza como mínimo.

Es inadmisible que Armenia siga gobernándose con métodos tan rudimentarios.

 

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