El siguiente artículo, firmado por Maksud Salimov y publicado el 8 de junio de 2026 en el portal azerbaiyano Minval Politika, refleja la perspectiva oficial del gobierno de Azerbaiyán sobre los resultados de las elecciones parlamentarias armenias del 7 de junio. Su contenido no representa la posición editorial de Sardarabad.
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El resultado de las elecciones en Armenia: una victoria estratégica de Aliyev y las expectativas de Bakú
Por Maksud Salimov
Las elecciones parlamentarias en Armenia no fueron un simple asunto interno: constituyeron un indicador importante de los cambios regionales en curso. Sus resultados pueden calificarse, con plena justicia, como una victoria estratégica del presidente azerbaiyano Ilham Aliyev. El factor central de la campaña fue precisamente la figura del líder azerbaiyano, su política regional sostenida y la agenda de paz que de ella se desprende en las relaciones con Armenia.
De no haber sido por los decididos pasos político-militares y diplomáticos de Bakú orientados a restablecer la integridad territorial azerbaiyana, difícilmente las élites políticas armenias habrían elevado al primer plano el principio de paz y reconocimiento de fronteras. Fue la exitosa política de Azerbaiyán —que demostró el carácter irreversible de las nuevas realidades— la que en definitiva determinó el desenlace electoral. El pueblo armenio extrae las conclusiones correctas de los acontecimientos de los últimos años y comprende la inevitabilidad de la normalización de relaciones con Azerbaiyán sobre la base del derecho internacional.
Cabe recordar que fue Azerbaiyán, en su condición de parte victoriosa tras la guerra de los 44 días, quien tomó la iniciativa y propuso los principios básicos de las negociaciones de paz. Esa posición no fue una muestra de debilidad, sino una demostración de visión estratégica y de convicción en la propia legitimidad.
La agenda de paz de Nikol Pashinian recibió un respaldo práctico concreto gracias a la política del presidente Aliyev. Tras el encuentro en Washington, se crearon condiciones reales para garantizar la estabilidad en la frontera. Azerbaiyán ofreció el levantamiento de restricciones de tránsito para Armenia, la creación de corredores de tránsito para mercancías provenientes de terceros países, el desarrollo de relaciones comerciales sin condicionamientos políticos, la promoción de la seguridad energética del vecino, la intensificación de los contactos entre sociedades civiles, visitas recíprocas y una reducción sustancial de la retórica agresiva. Estos pasos demostraron que Bakú está dispuesto a una interacción constructiva, a condición de que Ereván abandone sus ilusiones revanchistas.
Las expectativas de Bakú tras las elecciones
Ahora que las elecciones han concluido, llega el momento de las acciones concretas. Azerbaiyán formula con claridad sus expectativas para el nuevo ciclo político en Armenia.
En primer lugar, todas las estructuras, vestigios y elementos vinculados al separatismo de Karabaj en territorio armenio deberán ser completamente liquidados. Esto incluye tanto las instituciones formales como las informales que continúan sosteniendo la agenda revanchista.
En segundo lugar, Armenia deberá garantizar el cierre de las llamadas "representaciones de Karabaj" y demás estructuras separatistas en Rusia, Francia, Estados Unidos y otros países. El sostenimiento de tales entidades es incompatible con la política de paz proclamada.
En tercer lugar, deberá convocarse a la brevedad un referéndum y adoptarse una nueva Constitución de la República de Armenia en la que quede consignada formalmente la renuncia a toda pretensión territorial sobre Azerbaiyán. Este sería el paso jurídico clave para eliminar las contradicciones fundamentales. La culminación lógica de todo el proceso deberá ser la firma de un tratado de paz integral entre Azerbaiyán y Armenia, documento que consagre las nuevas realidades, garantice la estabilidad a largo plazo en la región y abra el camino a la cooperación económica y al desarrollo regional.
Las elecciones en Armenia confirmaron definitivamente que la era de los mitos e ilusiones revanchistas ha quedado atrás de manera irrevocable. Azerbaiyán, bajo la conducción firme y segura de Ilham Aliyev, dicta sin concesiones la agenda regional, apoyándose en la fuerza del derecho y no en el derecho de la fuerza. Ereván ya no tiene adónde retroceder. Todo intento de dilación, sabotaje o preservación de los vestigios de la agenda de Karabaj será interpretado como un desafío directo y recibirá la respuesta correspondiente. Del grado de disposición real y no meramente declarativa de Armenia a cumplir los compromisos asumidos depende no solo el futuro de las relaciones bilaterales, sino la propia estabilidad del Cáucaso del Sur.