Destruir el vínculo Armenia-Diáspora, convertirlo en un ambiente de resentimiento, y simultáneamente contruir los mecanismos de una "diáspora azerbaiyana".
Es interesante preguntarse si los medios de comunicación que se dedican a "descubrir" a los compatriotas llegados desde Rusia para participar en las elecciones intentan, con el mismo celo, descubrir a los ciudadanos de la República de Armenia que llegan desde Europa o desde Estados Unidos con el mismo propósito.
Mi pregunta es, naturalmente, retórica, porque en la práctica no hay necesidad de "descubrir" a nadie: son nuestros compatriotas y, aunque viven fuera de las fronteras de Armenia, constituyen un recurso valioso para la propia viabilidad del Estado armenio.
Y una prueba de ello es que, durante años, ese mismo recurso ha sido blanco de Azerbaiyán, por vías directas e indirectas. No descarto que entre esas "vías" haya figurado también la influencia sobre el poder político de Armenia y los círculos allegados al poder, con el fin de erosionar la relación Armenia-Diáspora y de exportar hacia la diáspora la polarización interna, como si la división en blanco y negro dentro del país no fuera suficiente.
Y esto ocurre precisamente mientras Azerbaiyán lleva adelante, en esencia, un programa estatal destinado a construir una "diáspora azerbaiyana" en diversos países clave y a obtener así un efecto de lobby.
Destruir el vínculo Armenia-Diáspora, convertirlo en un ambiente de resentimiento, impulsado desde la propia política estatal de Armenia y, en paralelo, construir los mecanismos de una "diáspora azerbaiyana": sin duda, también en este terreno Azerbaiyán trabaja con una planificación notablemente estratégica. Y el dolor se multiplica al ver cómo sectores armenios se vuelven —quieran o no— engranajes de esa planificación azerbaiyana.