En medio de la campaña electoral del primer ministro Nikol Pashinian y del creciente acercamiento de Armenia a la Unión Europea, las relaciones entre Armenia y Rusia atraviesan una nueva etapa de tensión.
En las últimas semanas, Moscú comenzó a imponer obstáculos al ingreso de flores, brandy y pescado armenios en el mercado ruso. Aunque las restricciones fueron justificadas con argumentos técnicos —mercadería deteriorada, problemas en los camiones o incumplimientos sanitarios—, en Armenia muchos interpretan esas medidas como parte de un mensaje político más amplio.
Ahora, Rusia parece dispuesta a utilizar una herramienta de presión mucho más sensible: el gas.
Según informó el diario ruso Kommersant, el ministro de Energía de Rusia, Serguéi Tsiviliov, envió una carta al Ministerio de Administración Territorial e Infraestructura de Armenia en la que advierte sobre la posibilidad de suspender el suministro libre de impuestos de gas natural, productos petroleros y diamantes en bruto. El gobierno armenio, sin embargo, afirmó que no recibió ninguna comunicación oficial sobre el tema.
La advertencia se produce mientras ambos países negocian un nuevo esquema de precios para el gas. Moscú amenaza con poner fin a las condiciones preferenciales otorgadas a Armenia, en un contexto en el que Pashinian insiste en que el país debe avanzar hacia una mayor autonomía económica.
Durante la campaña, el primer ministro Pashinian declaró: «Ya no somos un Estado ni un pueblo pobre. Hoy somos capaces de crear nuestra propia prosperidad. Armenia dejará de ser un país de miles o millones para convertirse en un país de miles de millones y billones».
En paralelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sorprendió con un respaldo explícito a Pashinian de cara a las elecciones del 7 de junio de 2026. A través de Truth Social, expresó su “apoyo completo y total” a la reelección del primer ministro armenio y vinculó ese apoyo con su visión de “paz y prosperidad” para Armenia y el Cáucaso Sur.
Trump también destacó el proyecto TRIPP —Trump Route for International Peace and Prosperity—, una iniciativa de conectividad regional que, según Washington, podría transformar el Cáucaso Sur y abrir nuevas oportunidades económicas para Armenia y para empresas estadounidenses.
La exposición internacional de Armenia se intensificó durante mayo, con la cumbre europea realizada en Ereván y la reciente visita del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Sin embargo, dentro del país, muchos se preguntan si ese protagonismo diplomático se traducirá en beneficios concretos para la economía cotidiana.
Mientras tanto, en el sur de Armenia, los habitantes observan con expectativa el futuro de la abandonada línea ferroviaria de Meghrí. En el norte, transportistas armenios permanecen demorados en el paso fronterizo de Lars, a la espera de que Rusia permita el ingreso de productos agrícolas, entre ellos frutillas que ya comenzaron a deteriorarse.

Vagones de tren oxidados en Meghri (foto de Marut Vanian)
La presión rusa ya se tradujo en medidas concretas. El Servicio Federal de Supervisión Veterinaria y Fitosanitaria de Rusia (Rosselkhoznadzor) anunció que, a partir del 30 de mayo de 2026, impondrá restricciones temporales a la importación de tomates, pepinos, pimientos, verduras de hoja y frutillas provenientes de Armenia. Moscú sostiene que se detectaron reiteradas irregularidades fitosanitarias y que las autoridades armenias no adoptaron medidas suficientes para corregirlas.
Aunque las restricciones agrícolas afectan directamente a productores y exportadores armenios, el punto más sensible es el energético. El gas tiene un peso estratégico para la economía armenia y para la relación bilateral con Rusia.
La periodista y analista Naira Hairumian, directora de Step1.am, sostuvo que la discusión no se limita a un eventual aumento de precios, sino a la posible cancelación del acuerdo que permite a Armenia recibir gas ruso en condiciones preferenciales.
Según Hairumian, Pashinian dejó entrever que Armenia podría avanzar hacia un esquema alternativo de abastecimiento, incluso mediante gas azerbaiyano vinculado al proyecto TRIPP. Esa posibilidad abre interrogantes de fondo: qué ocurrirá con el papel de Rusia, cómo reaccionará Gazprom —propietaria de gran parte de la infraestructura interna de distribución de gas en Armenia— y qué margen real tiene Ereván para diversificar sus fuentes de energía.
La analista también planteó una pregunta clave: si Armenia busca reducir su dependencia del gas ruso, ¿por qué no ampliar el uso del gas iraní, considerando que ya existe una conexión directa entre ambos países?
Cabe recordar que, en virtud del acuerdo firmado en 2013, Rusia suministra a Armenia gas, combustibles y diamantes en bruto sin derechos de exportación y en condiciones preferenciales para consumo interno.
En cuanto a la visita de Marco Rubio, Hairumian consideró que debe leerse en clave electoral. Sin embargo, advirtió que un respaldo demasiado visible de Washington podría producir un efecto contrario en sectores de la sociedad armenia que mantienen vínculos políticos, económicos o sentimentales con Rusia.
En ese contexto, el resultado de las elecciones y, especialmente, la transparencia del recuento de votos serán factores decisivos para medir el nuevo equilibrio de poder en Armenia.
La disputa por el gas, las restricciones comerciales rusas y el apoyo abierto de Estados Unidos a Pashinian muestran que Armenia se encuentra en el centro de una competencia geopolítica cada vez más explícita. En plena campaña electoral, el país enfrenta una pregunta crucial: hasta dónde puede avanzar en su giro hacia Occidente sin pagar un costo económico inmediato frente a Rusia.