El artículo, firmado por el experto iraní en asuntos del Cáucaso Borhan Heshmati, abre con una advertencia directa al primer ministro armenio: «Señor Pashinian, le pedimos que no haga concesiones en la cuestión de Nagorno Karabaj».
El detonante del análisis es la declaración que Pashinian realizó durante la campaña electoral en la localidad de Kornidsor, en Syunik, donde preguntó retóricamente: «¿En qué sentido Artsaj fue nuestro? ¿Construimos escuelas allí, jardines de infantes, fábricas? ¿Vivimos allí? ¿En qué sentido fue nuestro?» A esto se sumó su afirmación de que el Movimiento de Karabaj iniciado en 1988 fue un error fatal —declaración que, según Heshmati, supera incluso las posiciones de Ilham Aliyev.
Heshmati estructura su crítica en diez ejes:
1. Primera declaración explícita de un alto funcionario armenio. Es la primera vez que un jefe de gobierno de Armenia afirma abiertamente, sin reservas diplomáticas, que Karabaj no perteneció a Armenia, en contradicción con décadas de política oficial e incluso con las demandas presentadas por Ereván ante tribunales internacionales por violaciones de derechos de los armenios de Karabaj entre 2018 y 2023.
2. Distorsión de la historia. Las iglesias y monasterios de Dadivank (siglos IX-XIII) y Gandzasar (siglos XII-XIII), entre otros, testimonian una presencia armenia de siglos —en algunos lugares, milenaria— en la región.
3. Contradicción con la práctica presupuestaria. Durante décadas, incluidos los años de gobierno de Pashinian, Armenia destinó partidas específicas del presupuesto nacional a Karabaj. El propio Pashinian reconoció en abril de 2024 ante la Asamblea Nacional que su gobierno gastó entre 2020 y 2023 unos 538 mil millones de drams (aproximadamente 1.300 millones de dólares) en la región.
4. Falta de legitimidad jurídica. Durante la Segunda Guerra de Karabaj, el propio Pashinian declaró reiteradamente que las partes del conflicto eran Azerbaiyán y los armenios de Karabaj, reconociendo implícitamente que no tenía mandato para decidir en nombre de estos últimos.
5. Contradicciones internas. Las posiciones de Pashinian sobre Karabaj han sido tan contradictorias que algunos analistas concluyen que actúa como agente subordinado al orden anglosajón, sin voluntad política propia.
6. El «modelo Saakashvili-Zelenski». Heshmati compara a Pashinian con el expresidente georgiano Mikheil Saakashvili y con el presidente ucraniano Volodimir Zelenski: líderes que sacrificaron los intereses nacionales ante potencias externas, cosechando elogios de Aliyev y Erdoğan.
7. Justificación de la limpieza étnica. Afirmar que Karabaj «nunca perteneció a Armenia» equivale, según el autor, a legitimar la depuración étnica ejecutada por Bakú.
8. Alineamiento con la geopolítica anglosajona-sionista. Las declaraciones de Pashinian coinciden plenamente, sostiene Heshmati, con los planes de EE.UU., Gran Bretaña y círculos sionistas en el Cáucaso del Sur donde, tras el estallido de la guerra en Ucrania, se priorizó el abastecimiento energético de Europa a través de Azerbaiyán.
9. Riesgos estratégicos de la «generosidad» de Pashinian. Al renunciar a los derechos de los armenios de Karabaj y hacer concesiones en Syunik al proyecto del «mundo turco», Pashinian pone en riesgo la propia existencia de Armenia como Estado independiente con posibles consecuencias tan graves como el genocidio de 1915 o la depuración de Karabaj en 2023, esta vez en territorio armenio.
10. Los derechos históricos de Irán. Si el «nunca» de Pashinian implica que Karabaj no perteneció a nadie excepto a Azerbaiyán, el autor recuerda que desde la antigüedad —bajo los aqueménidas, arsácidas y sasánidas— el Cáucaso del Sur formó parte del Imperio iraní, y Karabaj estuvo bajo soberanía persa hasta los tratados de Gulistán (1813) y Turkmenchay (1828).
Heshmati concluye que Pashinian carece de autoridad legal y moral para «donar generosamente» Karabaj. Aun reconociendo la posición oficial de Irán —que considera Artsaj parte del territorio azerbaiyano—, el analista subraya que ello no otorga a Bakú el derecho a ejecutar una limpieza étnica, destruir el patrimonio histórico y religioso de la región ni violar los derechos de los armenios.
Como condición para cualquier solución duradera, Heshmati exige el retorno de los más de 120.000 armenios desplazados desde septiembre de 2023, con garantías internacionales de seguridad, y la celebración de un referéndum libre y transparente supervisado por observadores internacionales —incluidos iraníes— para que los habitantes de Karabaj determinen su propio destino sin presión militar.
«La limpieza étnica de Karabaj y su justificación a través de un funcionario complaciente de origen armenio», concluye el autor, no conducirá a una solución duradera del conflicto.
-------------------------------------
Artículo original de Borhan Heshmati publicado en Iranian Diplomacy. Análisis de Grigor Arakelian, iranólogo y ex embajador de la República de Armenia en Irán, publicado el 22 de mayo de 2026