El excesivo interés de las potencias extranjeras —y en algunos casos su franca injerencia— en nuestras próximas elecciones parlamentarias podría despertar, quizás, cierto orgullo nacional en algunos de nosotros. Somos una nación con complejos, con una dirigencia estatal que padece morbosas inseguridades. Se interesan por nosotros, se ocupan de nosotros, escriben sobre nosotros, analizan, especulan, presentan rankings. ¿Qué tiene de malo?...
Hace apenas 6 o 7 días: los jefes de Europa, quizás por no encontrar un lugar más adecuado en todo el continente, vinieron a Ereván a celebrar su 8.ª cumbre. Y no solo ellos: trajeron también a Canadá, probablemente para erigir un dique contra la hegemonía del presidente Trump en la OTAN. Más aún: arrastraron hasta Ereván al aventurero populista Zelenski, para que con sus amenazas de bombardear la Plaza Roja de Moscú aterrorizara a Rusia y, en particular, al presidente Putin. Los participantes de la cumbre, al mismo tiempo, quisieron enviar señales a Teherán, al que Israel y su obediente Estados Unidos no han logrado doblegar hasta ahora, de que no había lugar para bravuconadas.
Sin embargo, el objetivo principal de la campaña europea en Armenia era otro: arrancar a Armenia de su aliado estratégico Rusia y, de ese modo, expulsar a los rusos definitivamente del Cáucaso.
En primer lugar, eliminar la Base Militar N.º 102, que —si no me equivoco— es la última de sus instalaciones en el exterior y donde, por cierto, prestan servicio también soldados armenios. Para ello es necesario, ante todo, declarar nulo el tratado firmado por 45 años en 1992 por Levon Ter-Petrosian, presidente fundador de la República de Armenia; y en paralelo, retirar a nuestro país de la OTSC —la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva—, de la que Pashinian fue siempre su más encarnizado opositor, uno de cuyos primeros actos "heroicos" —como recordamos— fue, tras decapitar el Tribunal Constitucional, abrir un proceso "penal" contra el General de Teniente Khachaturov, entonces al frente de la OTSC, desacreditando toda esa estructura y cumpliendo al mismo tiempo las instrucciones de quienes lo designaron.
Uno de los objetivos principales de la reunión europea en Ereván era también perpetuar en el poder a su hombre colocado, poco antes de las elecciones de junio. Al guardar silencio ante las declaraciones del canciller turco Hakan Fidan y del presidente azerbaiyano Aliyev, los europeos refrendaban de hecho las amenazas de "o Pashinian o la guerra", lo que deja, en todo caso, una fuerte impresión en ciertos sectores del electorado, a los que se suman quienes quedan deslumbrados por el número y los nombres de los participantes de la cumbre. Hoy muchos repiten: "¿Quién más podría haber traído a tanta gente?", sin siquiera comprender qué es lo que esos invitados nos han traído —o nos traerán— encima.
Esa presencia del engranaje europeo es, que por otro lado, esvuna advertencia a la oposición: no abrirán la boca cuando su hombre vuelva a violar una y otra vez la ley electoral, todas las normas internacionales, y vuelva a desatar su furia con sus tropelías y atropellos.
He aquí el panorama: sombrío e inquietante. Un complejo entero de indiferencias, maquinaciones, traiciones y golpes esperados de amigos y enemigos por igual —algo que se define con toda precisión mediante la expresión del vocabulario internacional: "vicious circle", círculo vicioso.
Ese círculo no se formó por sí solo. Quiénes y cuáles son sus artífices: piénsnelos ustedes mismos.