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Opinion - Suren Surenyants, politólogo
¿Elecciones o referéndum?
18 de Mayo de 2026

 

Seré honesto: desde el 4 de mayo me quedó una impresión muy amarga y desagradable. Fue cuando Ilham Aliyev, por videoconferencia, ante los participantes de la Comunidad Política Europea reunidos en el corazón de Ereván, llamó a nuestros prisioneros de guerra "criminales de guerra", y calificó la operación de limpieza étnica en Artsaj como "restauración de la integridad territorial".

Una bofetada política envuelta en retórica de paz.

Ya hemos visto todo esto antes.

El dictador de Bakú lleva décadas perfeccionando el arte de hablarle a Europa en el lenguaje de los ultimátums. Aliyev acusó directamente al Parlamento Europeo de "sabotear la paz", citando las 14 resoluciones aprobadas en cinco años, y ostensiblemente congeló la cooperación con las instituciones europeas.

Todo ese "teatro de un solo actor" fue interpretado tanto para la audiencia interna como para la externa, con el objetivo claro de demostrar que Bakú ya no se defiende, sino que es él quien dicta las condiciones a Occidente.

Pero lo más amargo y trágico está en otro lado: los "pacificadores" europeos fingieron que todo era normal. Necesitan a Bakú como fuente alternativa de gas, y por eso están dispuestos a estrecharle la mano a un líder autoritario año tras año, cerrando los ojos ante su retórica descarada.

El doble estándar occidental y la situación creada son peligrosas para nosotros.

Mientras el primer ministro Pashinian tranquiliza al pueblo con el mantra de la "encrucijada de la paz", el adversario actúa de manera muy concreta e implacable.

Bakú fortalece sistemáticamente su músculo militar. El presupuesto de defensa para 2026 asciende a 8.700 millones de manats —casi 5.000 millones de dólares—, destinado, naturalmente, a "pacificar" a Armenia.

¿Y qué hace la Ereván oficial en este momento?

Recorta sus propios gastos de defensa en aproximadamente un 16%, poniendo en marcha de hecho un proceso de desarme unilateral.

La cima del cinismo es el proyecto "Azerbaiyán Occidental". En Bakú se ha convertido en estrategia de Estado, con intentos de legitimación a nivel internacional. Cuando el movimiento "No al Azerbaiyán Occidental" da la voz de alarma y llama a los fenómenos por su nombre real, diciendo que se trata de la política de expansión demográfica de Azerbaiyán bajo el disfraz del "retorno", nos llaman "enemigos de la paz" y nos acusan de sabotear el proceso de normalización.

¿Pero de qué paz se puede hablar cuando el 18 y 19 de junio, inmediatamente después de nuestras "decisivas" elecciones, Bakú ya tiene planificado un festival con el nombre burlesco de "Retorno al Azerbaiyán Occidental"?

Por eso surge la pregunta del título: ¿elecciones o referéndum? Se intenta colocarnos ante una falsa disyuntiva, presentando la votación del 7 de junio como el dilema "guerra o paz", donde por "paz" se entiende la aceptación incondicional de la hoja de ruta impuesta desde Bakú.

Esto es un engaño. La verdadera elección es mucho más aterradora: o preservamos los últimos vestigios de soberanía y el derecho a decidir nuestro futuro por nosotros mismos, o aceptamos definitivamente la humillación del "Azerbaiyán Occidental".

La estrategia de Pashinian está construida sobre una ilusión peligrosa: que renunciando a Artsaj y "liberándose" de Rusia supuestamente se puede tener un "brillante futuro europeo" y garantías de seguridad de Occidente.

¿Pero dónde están esas garantías? ¿Dónde está la respuesta de Europa a las declaraciones sanguinarias que Aliyev hizo en Ereván?

No existen. Solo hay nuevas resoluciones "de papel", carentes de voluntad política y, más aún, de garantías de seguridad.

Tienen toda la razón quienes dicen: si Pashinian es reelecto el 7 de junio, nos espera, realmente, el "Azerbaiyán Occidental".

Se nos ofrecen bellas palabras y promesas: sin ejército fuerte, sin aliados, sin una clara estrategia estatal.

El 7 de junio es un referéndum, en el que el pueblo armenio debe elegir entre la República de Armenia y el "Azerbaiyán Occidental".

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