En los últimos días, el tema número uno de debate en Armenia ha sido la integración europea, y por eso no han faltado análisis ni discusiones al respecto. No sorprende que el presidente ruso Vladimir Putin también se haya referido al asunto en una de sus recientes entrevistas. En ella, sugirió que las autoridades armenias deberían considerar la realización de un referéndum para elegir entre la Unión Económica Euroasiática (UEE) y la Unión Europea (UE). Putin señaló que planteó esta cuestión más de una vez en conversaciones con el primer ministro armenio Nikol Pashinian, afirmando que Rusia apoyará todo aquello que sea beneficioso para Armenia. Mencionó lo que denominó las relaciones especiales de Rusia con el pueblo armenio a lo largo de los siglos y declaró que, si una decisión determinada es beneficiosa para el pueblo armenio, Rusia no se opondrá.
A primera vista, la declaración de Putin puede parecer sorprendente dado el clima de hostilidad entre Rusia y la Unión Europea, la tensa relación entre ambas partes y la actitud general de Rusia frente a las políticas de la UE, especialmente en lo que Moscú considera tradicionalmente su esfera de influencia. Por supuesto, la declaración también puede interpretarse como lenguaje diplomático, detrás del cual pueden existir significados distintos a los expresados explícitamente por el presidente ruso. Creo que el panorama es algo más complejo.
Es importante comprender que todos los indicios, y en especial los desarrollos de las últimas semanas, demuestran que Armenia no tiene intención de avanzar hacia la membresía en la UE, y Moscú es claramente consciente de ello. Ya resulta evidente que Ereván no tiene como objetivo estratégico unirse a la Unión Europea, y esto se entiende por igual en Moscú, Bruselas, Washington y Ereván. Es más, una eventual adhesión de Armenia a la UE no sería particularmente bienvenida en Moscú, Bruselas, Washington ni siquiera en ciertos sectores de Ereván. Por lo tanto, al hacer tal declaración, el presidente ruso parece ser plenamente consciente de que Armenia no tiene ni ese objetivo ni esa intención.
Durante sus contactos regulares con Pashinian, la visión general de Armenia respecto de la Unión Europea casi con certeza forma parte de las conversaciones, y el presidente ruso está bien informado sobre los objetivos estratégicos reales de Armenia. En consecuencia, las declaraciones de Putin deben interpretarse más como un intento de reforzar públicamente la idea de que Armenia no busca verdaderamente la membresía en la UE y de que, si tal intención existiera genuinamente, las autoridades armenias organizarían inevitablemente un referéndum al respecto.
Es probable que Putin comprenda que las autoridades armenias no deseen organizar dicho referéndum, y probablemente esté convencido de que, aun si se celebrara, no produciría necesariamente los resultados requeridos, ni en términos de participación electoral ni en cuanto al resultado final. Por ello, con su declaración, Putin está efectivamente afirmando que si Armenia quisiera de verdad acercarse a Europa, ya estaría dando pasos concretos en esa dirección, incluyendo la organización de un referéndum.
El propósito más amplio de la declaración parece ser reforzar en la conciencia pública la idea de que Armenia ni verdaderamente quiere ni puede, en términos realistas, acercarse a la Unión Europea. Al mismo tiempo, Putin expuso las razones por las que Armenia no puede simplemente decidir orientarse hacia la UE. La razón principal es, por supuesto, la profunda relación económica entre Armenia, Rusia y la Unión Económica Euroasiática (UEE), así como el volumen del intercambio comercial Armenia–Rusia. En este contexto, las cifras son de suma importancia.
Resulta claro que la integración a la UE es actualmente irrealista para Armenia debido a las significativas diferencias entre los sistemas económicos, la ausencia de fronteras comunes con la Unión Europea y las limitaciones generales de las perspectivas de integración económica. Si la frontera armenio-turca estuviera abierta y Turquía o Georgia fueran miembros de la UE, naturalmente sería mucho más sencillo para Armenia avanzar hacia la membresía europea. Sin embargo, en las condiciones actuales, ese escenario parece improbable.
Al mismo tiempo, es importante reconocer que el proceso burocrático e institucional de la Unión Europea para la incorporación de nuevos miembros es sumamente complejo. En este sentido, Georgia y Ucrania sirven como buenos ejemplos: ambas han pasado casi dos décadas intentando acercarse a la membresía en la UE sin jamás haberla obtenido.
Por otra parte, es difícil imaginar que la UE esté actualmente dispuesta a crear otro gran foco de tensión con Rusia en el Cáucaso Sur, donde la paz sigue siendo sumamente frágil. Por lo tanto, todos estos factores han sido probablemente evaluados con detenimiento en Moscú, llevando a la conclusión de que Armenia difícilmente se convertirá en miembro de la UE en el futuro previsible. Es precisamente sobre la base de esta evaluación que Rusia parece estar definiendo su enfoque actual.
