La cumbre de líderes europeos celebrada en Ereván entre el 4 y el 5 de mayo atrajo la atención de toda Europa. Delegaciones de distintos países del continente, junto con el primer ministro de Canadá y funcionarios de Georgia y Turquía, se reunieron en Armenia. La participación conjunta de la UE y Canadá subrayó su creciente distanciamiento de los Estados Unidos. La presencia de un líder de la OTAN, en contraste con la ausencia de representación estadounidense de alto nivel, puso de relieve aún más estas diferencias.
El evento generó una amplia variedad de reacciones: desde debates públicos en redes sociales hasta declaraciones agresivas del ex presidente ruso Dmitri Medvédev, así como el discurso hostil que el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev pronunció en línea durante la cumbre. Todo ello se convirtió en objeto de nuevos debates y críticas.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, junto con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, representaron a la UE en la cumbre. Fue una oportunidad clave para profundizar las relaciones bilaterales, en particular en materia de conectividad, energía, transporte y cooperación digital. Los líderes debatieron los desafíos globales actuales, como los últimos desarrollos en la región ampliada, incluyendo Ucrania y el impacto de la crisis en curso en Oriente Medio. Al término de la cumbre emitieron una declaración conjunta e intercambiaron una serie de documentos firmados esenciales para profundizar la asociación UE-Armenia, entre ellos la asociación de conectividad UE-Armenia, seis cartas de intención no vinculantes, un nuevo texto sobre el acuerdo de trabajo entre Armenia y Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas), y el informe sobre visados.
Costa, al finalizar la reunión de la Comunidad Política Europea, señaló que el hecho de que Armenia albergue la cumbre es una poderosa ilustración del valiente camino geopolítico que el país recorre junto a la Unión Europea. Subrayó que Armenia es un socio cercano de la UE y que la Unión aspira a profundizar esta relación. Esta primera cumbre histórica, continuó, marca un hito importante y representa una inversión en paz, seguridad, conectividad y prosperidad en el Cáucaso Sur.
Sin embargo, no se mencionó en ningún momento ni bajo ninguna forma la plena integración de Armenia a la UE.
Si bien Armenia es considerada parte de la gran familia europea, no ha expresado intención alguna de incorporarse a la Unión Europea ni a la OTAN, ni de retirarse de la Unión Económica Euroasiática ni de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva. La ausencia de tales declaraciones sugiere que la adhesión a la UE no es actualmente un objetivo concreto de la política exterior armenia. De existir dicho objetivo, este habría sido el momento y la plataforma histórica para enunciarlo con claridad y obtener un respaldo europeo más amplio.
Sin ese compromiso, ¿qué beneficios tangibles puede esperar Armenia realistamente de esta cumbre, más allá de la visibilidad mediática? ¿Aprovechará Armenia esta oportunidad para avanzar en sus intereses nacionales, o será utilizada por el gobierno con fines políticos internos, en particular en un contexto preelectoral?
Personalmente, mantengo la opinión de que durante los últimos ocho años, las autoridades armenias no han adoptado ninguna medida sustantiva contra los intereses vitales de Rusia, incluso cuando esos intereses han entrado en conflicto con los propios de Armenia. Si bien la retórica ha sido con frecuencia tensa y las declaraciones variadas, un hecho permanece claro: en el nivel más alto —entre Pashinian y el presidente ruso Vladímir Putin— la comunicación directa y activa ha continuado de manera ininterrumpida.
Cabe reiterar que Armenia no ha actuado contra los intereses centrales de Rusia: no se ha retirado de la UEEA ni de la OTSC; Rusia sigue siendo formalmente el aliado estratégico de Armenia; la base militar rusa continúa operando en territorio armenio; y Rusia sigue siendo el principal socio comercial de Armenia e e un destino clave de sus exportaciones.
Por lo tanto, si Armenia no declara su intención de adherirse a la UE ni siquiera en este momento crucial, ello sugiere que esta cuestión no forma parte de su agenda real de política exterior. Moscú, en este sentido, tiene pocos motivos para preocuparse, y los debates sobre la membresía en la UE probablemente seguirán siendo retóricos en lugar de traducirse en acciones concretas. Al mismo tiempo, tales narrativas pueden servir para sostener el apoyo popular al primer ministro Pashinian y a su gobierno.