El nerviosismo de Pashinian no viene de que exista una oposición. Viene de que esa oposición ya tiene peso electoral.
Pashinian sigue siendo hoy la fuerza dominante en los medios y también en las redes sociales. El trabajo sobre el terreno es inmenso: pueblo por pueblo, colectivo por colectivo, comunidad por comunidad. Pareciera haber también una tarea de salir de los gabinetes y mostrarse: aumentos de jubilaciones, el tema del seguro médico, golpes de efecto dirigidos a los jóvenes, lives interminables, escenas cotidianas, puestas en escena de "estar entre la gente" y "ser uno más del pueblo", entre otras. Desde afuera parecería que todo funciona.
Pero el problema es el siguiente: todo esto ya no produce el resultado que debería producir según lo planificado. Si ahora, en el piloto preelectoral, no lo produce, tampoco lo producirá durante la campaña oficial. El nerviosismo viene de ahí. Porque ganar en los medios no significa recuperar la confianza de la gente sobre el terreno. Pashinian puede seguir siendo la figura más comentada y debatida. Puede tener el mayor tiempo en el aire, los mayores recursos, las mayores posibilidades administrativas. Pero si después de todo eso no hay dinámica en su índice de aprobación, entonces el problema no está en el volumen de trabajo ni en su efectividad, sino en el agotamiento y en la opinión definitiva que ya se ha formado sobre él.
Y este es exactamente el punto donde comienza el verdadero nerviosismo. El problema es que en el campo opositor ya existen fuerzas que no solo superan el umbral, sino que juntas comienzan a adquirir un peso político y numérico que se convierte en un problema para los cálculos iniciales de este gobierno y para la gobernabilidad del proceso.
Y es precisamente aquí donde nace su nuevo y agresivo argumento: llamar a la oposición 'el partido de tres cabezas de la guerra'.
Esto no es una formulación casual. Es una tecnología de gestión del miedo.
Porque si Armenia Fuerte, la Alianza Armenia y Armenia Próspera no fueran realmente un peligro colectivo y un rival real, Pashinian no hablaría de ellos con tanta agresividad, tanto personalismo y tanto nerviosismo.
El poder siempre golpea con más fuerza a aquel a quien más teme en ese momento. Es decir, la nueva retórica de Pashinian en realidad dice una sola cosa: él ya tiene y ve los datos y cifras más recientes que la comunidad política aún no ve en su totalidad. Él ya comprende que esas fuerzas no solo tienen el recurso para superar el umbral, sino que juntas pueden tener un peso electoral mayor de lo que era posible prever y contener, mientras que su propia dinámica se ha estancado.
Por eso ya no dice "elíjannos porque…", sino "no elijan a los otros porque…". Esto es un chantaje manifiesto.
Y cuanto más se repite ese chantaje, más evidente se vuelve que el verdadero problema ya no es si Pashinian seguirá siendo la primera fuerza.
El verdadero problema es que ya no puede mantenerse como la única fuerza dominante, aunque esté tan presente, tan seguido y tan cerca de la vida pública. Este es su mayor nerviosismo político, que por ahora no logra manejar de ninguna manera, mientras que todas las demás soluciones son radicales y, a su vez, arriesgadas.
P.D. : La oposición tiene conclusiones enormes que sacar de la velocidad de Pashinian, un frente enorme en el que trabajar, y una enorme voz anti-Pashinian susceptible de capitalización política. De esa sociología hay que pasar a la acción y ocuparse de HACER POLÍTICA SOBRE EL TERRENO.
Ha llegado el momento de que pidan y se acerquen más al elector — a aquellos a quienes deben honrar, respetar, enaltecer, y pedirles, sí, PEDIRLES, que vean la solución a través de ellos, juntos, como electores y elegidos.