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Viernes 17 de Abril - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Opinion - Marieta Khachatrian
Ilusiones de la oposición e ilusiones del poder
17 de Abril de 2026

En los últimos días, durante la sesión de preguntas al gobierno en la Asamblea Nacional y la presentación del balance presupuestario del año pasado, quedó en evidencia que el gobierno ha designado a "Armenia Fuerte" de Samvel Karapetian como su principal rival. Los oficialistas se han concentrado tanto en esta alianza y en su líder de facto que han olvidado —o casi olvidado— a Kocharian, Tsarukian, Vanetsian, Tatoyian e incluso a Edmon Marukian, y no paran de hablar de Samvel Karapetian. A las otras tres principales fuerzas opositoras las llaman, "la oposición de tres cabezas".

En ese sentido, el propio presidente de la Comisión Electoral Central (CEC), Vahagn Hovakimian, aclaró —ante la consulta de un diputado oficialista sobre la posibilidad de no registrar a una fuerza financiada por ciudadanos extranjeros— que la CEC está obligada a registrar a toda fuerza que no haya cometido infracciones. Por su parte, el vicepresidente de la Asamblea Nacional, Ruben Rubinian, fue igualmente categórico: "Armenia Fuerte" será registrada.

En otras palabras, ni la modificación del Código Electoral —que excluye los nombres propios del nombre de una alianza—, ni el discurso abiertamente anti-Karapetian, ni las detenciones de miembros y simpatizantes garantizan que la CEC vaya a rechazar la lista y la solicitud de participación electoral de "Armenia Fuerte".

Por el contrario, la detención de Samvel Karapetian y la batalla legal en torno a su figura están contribuyendo a elevar su popularidad. Un gobierno que maneja a la perfección la ingeniería política y cuenta con estructuras de seguridad al tanto hasta de las conversaciones en cocinas, no puede desconocer el efecto de su propia conducta. Más aún: la campaña electoral iniciada antes de tiempo y la actividad de propaganda desplegada por el Primer Ministro en las provincias irritan a quienes no simpatizan con el oficialismo y contribuyen a la formación de una visión alternativa.

Cabe entonces suponer que se está materializando el cambio de oposición que nosotros pronosticamos antes que nadie: el gobierno —quiera o no, conscientemente o no— está intentando convertir en el principal favorito para ingresar al parlamento a la alianza formada por Samvel Karapetian. Probablemente existan otros procesos aún no visibles que pronto saldrán a la luz. Con todo, el nerviosismo del gobierno obedece también a otras causas.

En teoría, es posible una repetición del escenario de 2018, cuando Serzh Sarkisian estaba convencido de que lo que ocurría en las calles significaba simplemente la entrada al parlamento de una nueva capa opositora, pero en cierto momento perdió el control sobre los procesos y sobre el poder. La tentación de repetir esa experiencia puede existir en los tres grandes bloques opositores —"los ex de tres cabezas", según la caracterización de Pashinian—. De hecho, Ishkhan Saghatelian, de la alianza "Armenia", sostuvo precisamente eso: que hay que dejar de lado las diferencias e ir juntos a las elecciones.

Sin embargo, en nuestra opinión eso no es posible. Las ambiciones de los líderes de las tres principales fuerzas, sus distintas visiones sobre quién debería ser primer ministro, los viejos resentimientos y los intereses divergentes lo impiden, por más que compartan la misma orientación geopolítica. Sobre todo porque el propio Nikol Pashinian declaró apenas el día anterior en el parlamento que nadie logrará enfrentar a las autoridades de Armenia y Rusia entre sí: "nosotros no hemos discutido ni discutiremos con la Federación Rusa".

Además, el gobierno ha tomado en el último período medidas sumamente populares que ninguna oposición puede neutralizar, sea que sus distintas alas utilicen el argumento del dinero o el discurso de las ideas nacionales. Nos referimos a la puesta en marcha del programa de seguro médico —basta observar las filas en las farmacias para retirar medicamentos gratuitos y en los hospitales para recibir atención sin cargo—, con todas sus deficiencias. También a los cambios en el servicio militar, las promesas de liberalización de visados, los encuentros directos del Primer Ministro con la gente común en las zonas rurales, y la proyección política de la cumbre de la UE en Ereván, prevista para principios de mayo. No se puede ignorar este tipo de acciones, aunque coincidimos con quienes señalan que el actual gobierno nunca logró encontrar puntos de contacto con los sectores intelectuales, que se oponen al poder tanto por lo ocurrido en torno a Artsaj y la Iglesia como por el abandono de los prisioneros en Bakú y otros temas de amplio conocimiento público.

Pero quienes decidirán en las urnas son las personas comunes, y hay que registrar las realidades, no los deseos y sueños de la oposición. Más aún cuando esa oposición, junto con el actual gobierno, hicieron todo lo posible para que no surgieran nuevas fuerzas alternativas genuinas capaces de dejar atrás tanto el pasado como el presente, tarea ardua que quedó pendiente para los próximos años. Aunque en la región aún pueden surgir situaciones de fuerza mayor capaces de modificar también nuestra realidad interna.

De todas formas, no se puede ignorar que el gobierno puede obtener apoyo de la población rural, los jubilados y una parte significativa de los militares.

Y aunque la CEC ya ha recibido la solicitud de la alianza "Unidad de Alas" de Arman Tatoyian, resulta evidente que Tatoyian, Marukian y las demás fuerzas menores cumplirán el papel de lastre en el gran barco: se llevarán votos de la oposición y luego, al quedar fuera del umbral electoral, facilitarán el ingreso al parlamento de las tres fuerzas principales. Pronto se verá quién abandona la contienda, o si acaso las fuerzas cercanas a Kocharian y Tsarukian deciden presentar un frente unificado.

Pero téngase en cuenta: los empresarios nunca pondrán en riesgo su patrimonio ni pondrán todos los huevos en una sola canasta.

En definitiva, la oposición —digamos, la oposición de corte karapetianista— se ilusiona con llegar al poder, mientras el gobierno se ilusiona con que todos los "ex" quedarán en el olvido de la historia y no entrarán al parlamento.

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