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Martes 07 de Abril - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Opinion - Dr. Arshavir Gundjian, miembro de la Orden de Canadá
De cara a las elecciones de la Asamblea Nacional de Armenia
07 de Abril de 2026

Todo el pueblo armenio está obligado a comprometerse sin vacilaciones, tomando como norte, primordialmente, los supremos intereses nacionales

Este primer artículo subraya que la Diáspora armenia es una parte inseparable de la nación armenia. Como tal, tiene la obligación de estar presente y participar oficialmente en las elecciones, al menos en calidad de observadora.

El próximo 7 de junio se celebrarán las elecciones parlamentarias ordinarias de la Asamblea Nacional de Armenia.         La campaña electoral ya ha cobrado gran impulso en la vida interna del país.

Estas elecciones, que determinarán el próximo liderazgo político de Armenia y a su primer ministro, revisten un carácter excepcionalmente decisivo y crucial dadas las actuales e inéditas condiciones políticas nacionales e internacionales, complejas y difíciles. De su resultado depende no solo el destino de Armenia, sino también, y de manera fundamental, el perfil de toda nuestra nación en los próximos años y su destino a largo plazo, en el más literal sentido existencial.

Teniendo todo esto en cuenta, el pueblo armenio en su totalidad —es decir, en primer lugar y naturalmente los ciudadanos de Armenia, pero no solo ellos— junto con la inmensa Diáspora que completa la estructura del pueblo armenio, tiene la obligación de considerarse ante una gran responsabilidad: influir en el resultado de estas elecciones con todas las capacidades disponibles, por todos los medios a su alcance, teniendo como guía, en particular, los supremos intereses nacionales.

De cara a las elecciones, se espera que la prensa armenia se concentre cada vez más, con análisis y cobertura informativa, en orientar la atención de la consciente sociedad armenia hacia las cuestiones urgentes que plantean estos comicios.

Ya es muy extensa la lista de problemas serios suscitados desde el frente interno —es decir, dentro de Armenia— por los distintos agrupamientos políticos surgidos al calor de esta campaña electoral. Sin embargo, este artículo no trata sobre todo eso, sino que su objetivo es recordar la existencia de la inmensa Diáspora armenia, completamente olvidada en medio del "ruido" general, y corregir su ausencia.

En efecto, entre los problemas fundamentales ocupa un lugar de suma importancia la cuestión de las obligaciones recíprocas y los derechos mutuos entre la Diáspora armenia y Hayastán, una cuestión que puede decirse que, en los 110 años transcurridos desde el Gran Genocidio, salvo contadas e infrecuentes iniciativas esporádicas, lamentablemente nunca fue objeto de un debate serio, de un análisis profundo ni de conclusiones aplicables a escala nacional.

En estos días resulta especialmente preocupante la actitud de las autoridades actuales de Armenia hacia la Diáspora, que no es solo abiertamente fría, sino directamente despreciativa. Por eso el autor de estas líneas plantea enfáticamente —como un tema que merece un serio debate nacional de cara a las elecciones— la inevitable cuestión de definir las obligaciones y derechos recíprocos entre la Diáspora y Hayastán.

Queda establecido que este artículo, y las demás expresiones que se espera lo sigan, precisarán también, mediante un debate multifacético y las conclusiones lógicas aplicables a escala nacional que de él emanen, el papel indiscutible y la parte que corresponde a la Diáspora en las elecciones de Armenia, independientemente del capricho o de la buena voluntad de los gobiernos de turno, los primeros ministros o los líderes del momento.

Queda igualmente establecido que en el transcurso del debate sobre esta cuestión fundamental, en ausencia de un organismo de supervisión reconocido a escala estatal y nacional, será la aplicación del principio de libre expresión de opiniones lo que guiará la manifestación de puntos de vista diversos y, con toda seguridad, frecuentemente contradictorios entre sí. En lo que respecta al autor de estas líneas, conforme a su práctica ya consolidada, afirma que su análisis se basará en la máxima medida posible en datos históricos y prácticos indiscutibles, sobre argumentaciones especialmente lógicas y difícilmente refutables.

El dato más importante, que sirve de fundamento a todas las demás conclusiones razonadas, es el siguiente: la Diáspora armenia es una parte inseparable de la nación armenia.

Es sabido que numerosas otras naciones también cuentan con comunidades suyas establecidas voluntariamente en distintos lugares del mundo, habiéndose alejado de su tierra madre por propia voluntad. Esas naciones tienen igualmente diásporas más pequeñas o a veces más numerosas. Sin embargo, esos grupos no pueden —ni pretenden— considerarse parte de su nación de origen; a lo sumo expresan que pertenecen por ascendencia a determinada nacionalidad.

Radicalmente distinto es el caso de la gran masa que compone la Diáspora armenia, que cuenta con millones de personas y cuyo número supera ampliamente al de los armenios que viven dentro de las fronteras de la propia Armenia. Esta Diáspora, además, únicamente como consecuencia de un crimen de lesa humanidad, tuvo que abandonar de la noche a la mañana su hogar ancestral, su trabajo, sus escuelas y sus instituciones, y fue desplazada solo para salvarse de una muerte segura, estableciéndose inicialmente, y de forma apenas provisoria, en distintos países del mundo. Esta concentración de millones de armenios, que en aquella trágica etapa y en adelante recibió la denominación de Diáspora armenia, fue indudablemente, desde sus primeros días, una parte inseparable y genuina de la nación armenia.

Para desarrollar lógicamente estas ideas, sigamos paso a paso las etapas sucesivas por las que atravesó esa colectividad llamada Diáspora en los 110 años transcurridos desde el Gran Genocidio hasta nuestros días.

Aunque sea de manera abstracta, si por un momento —como simple ejercicio mental— suponemos que en aquellos días infernales del Genocidio hubiese existido una entidad estatal armenia digna de ese nombre, sus autoridades y líderes, conscientes de su responsabilidad, habrían considerado como su deber primordial e inmediato emprender un inmenso trabajo de reunificación nacional y de asistencia extraordinaria para la preservación del pueblo, procurando justificar en la mayor medida posible su innegable obligación de proteger y cuidar a esa gran fracción inseparable de la nación armenia.

Sabemos, sin embargo, que en aquellos días no existía ni tal Estado ni las autoridades correspondientes.

La Armenia Soviética de aquella época, que también escapó por muy poco de su propia destrucción total, y que vivió las durísimas condiciones de la Segunda Guerra Mundial, solo pudo dar —tras tres décadas y de forma completamente imperfecta y dolorosa— sus primeros pasos hacia la reunificación de los hijos de la Diáspora, mediante en gran parte fallido programa de repatriación.

Nuestro propósito no es —ni es posible en un solo artículo— realizar un análisis serio de la prácticamente insignificante, casi nula, envergadura del trabajo de las sucesivas autoridades de la República de Armenia para brindar atención nacional a la Diáspora, desde aquellos días hasta hoy. Sin embargo, es posible calificar de manera general la envergadura de ese trabajo, lamentablemente, con esas dos palabras: casi nada.

Para prevenir cualquier crítica superficial ante esta grave afirmación, debo añadir que el autor de estas líneas conoce de muy cerca y con experiencia personal muy prolongada todos los detalles: tanto del movimiento de repatriación de 1946 como de su continuación en menor escala en los años sesenta; igualmente conoce de cerca los valiosos esfuerzos del Comité de Vínculos Culturales con los armenios de la Diáspora, así como los distintos programas especiales de verano para maestros y jóvenes diaspóricos. Del mismo modo conoce lo que debe considerarse el intento más serio en relación con la Diáspora: la valiosa labor del Ministerio de la Diáspora, creado durante un breve período en los años de la Armenia independiente, y finalmente las absolutamente infructuosas e insensatas circunstancias de la creación del llamado comisionado para la Diáspora por parte de las autoridades actuales, quienes lamentablemente clausuraron el más o menos exitoso emprendimiento del Ministerio anterior.

El propósito central del presente artículo es —quizás por primera vez— declarar abierta y en voz alta que lamentablemente es claro, cierto e indiscutible que la suma total de todos los trabajos mencionados, emprendidos por las repúblicas de Armenia, no podía satisfacer ni siquiera en medida ínfima las inmensas necesidades de la Diáspora armenia extendida por el mundo —necesidades que era innegablemente obligación de aquellas atender durante los últimos 110 años— a fin de que esa inmensa colectividad preservara mínimamente y mantuviese hasta hoy su perfil nacional armenio, digno de admiración y respeto.

Hoy señalamos con énfasis y declaramos en voz alta que todo eso fue realizado de manera admirable por la propia Diáspora armenia, principalmente mediante sacrificios individuales y frecuentemente con trabajo completamente voluntario, cuyo valor real se cuenta en millones.

La consecuencia objetiva e indiscutible de esta realidad es que los Estados armenios del pasado, del presente y del futuro previsible, y todas las autoridades que los representan, le deben material y moralmente, de forma directa y práctica, a todos los responsables de esa Diáspora que brindó atención nacional en su lugar.

Entre estos se cuentan las organizaciones benéficas, educativas, culturales, políticas y de toda otra índole sin fines de lucro, surgidas con innumerables sacrificios a lo largo de los años y que funcionan hasta hoy, así como individuos particulares. En esas organizaciones han trabajado y trabajan hoy de forma completamente voluntaria y gratuita personas de la más alta preparación profesional: abogados, científicos, empresarios de gran éxito, quienes fácilmente podrían dedicar esas mismas preciosas horas a placeres o a otros numerosos trabajos altamente rentables.

Llamamos la atención de las autoridades de Armenia que deberian reconocer humildemente que las mismas tareas que en Hayastán se realizan con cuantiosos recursos estatales y generosas remuneraciones, el armenio de la Diáspora las lleva a cabo de forma completamente gratuita y, más aún, aportando de su propio patrimonio personal para sostener actividades educativas, culturales y benéficas en beneficio de su comunidad.

Señalamos que todo esto se lleva a cabo en la Diáspora con gran dificultad pero con tangible éxito desde hace 110 largos años, única y exclusivamente para preservar el carácter nacional armenio de esa gran colectividad diaspórica.

Sí, es la propia Diáspora quien reemplaza por completo la inmensa responsabilidad que incumbe innegablemente a las autoridades de Armenia, pero que éstas han omitido por su incapacidad.

¿Es necesario recordar también a las autoridades de Armenia que la parte consciente de la Diáspora armenia es directamente una gran fuente objetiva de riqueza para Hayastán, a condición de que las autoridades de turno tengan la capacidad y la conciencia de utilizar constructivamente esa riqueza? Quizás convenga recordar que muy frecuentemente, sobre todo en el pasado reciente, se escuchaban en Armenia, con justicia y gran orgullo, declaraciones públicas donde se afirmaba que "si Azerbaiyán es rico en petróleo, Armenia lo es aún más en su Diáspora".

Naturalmente, así como la utilidad del petróleo de Azerbaiyán se manifiesta solo cuando es extraído de sus entrañas, la utilidad de los armenios de la Diáspora se manifiesta especialmente cuando las autoridades de Armenia son conscientes de su obligación, se esfuerzan, cuidan y acercan a la patria —de manera organizada— a los merecedores armenios de la Diáspora, en lugar de alejarlos.

Finalmente, basándonos en los datos objetivos y razonados expuestos en este artículo, llegamos al propósito inmediato y principal del presente escrito y, de cara a las próximas elecciones de la Asamblea Nacional de Armenia, dirigimos nuestra palabra a las autoridades actuales de Hayastán:

La Diáspora armenia consciente, extendida por el mundo y que representa a varios millones de personas, es no teórica sino objetivamente una parte inseparable de la Nación Armenia. Por lo tanto, como única autoridad legítima como nación armenia reconocida internacionalmente, ustedes tienen una deuda clara con la Diáspora y están obligados a reconocerla y tratarla como lo que es: una parte inseparable de la Nación Armenia

En consecuencia, las autoridades de Armenia están naturalmente obligadas a crear la forma y la oportunidad oficial de participación de representantes de la Diáspora en las próximas elecciones de la Asamblea Nacional.

Una vez más, para prevenir la objeción de que la Diáspora, al carecer de una estructura organizativa general, no podría designar a sus representantes, señalamos de manera práctica y lógica que el turno corresponde en primer lugar a las autoridades de Armenia.

Nuestra exigencia es que, tomando en cuenta la argumentación lógica fundamental presentada en este artículo, las autoridades de Armenia reconozcan oficialmente el principio de la participación de la Diáspora en las elecciones. Solo después será obligación de los distintos círculos responsables de la Diáspora encontrar la forma que satisfaga al conjunto y designar a sus representantes.

Mientras tanto, anticipándonos a los previsibles obstáculos legislativos en materia de ciudadanía, como alternativa indiscutiblemente aplicable, proponemos que a los mencionados representantes de la Diáspora se les otorgue oficialmente la condición de observadores.

Conclusión principal e inmediatamente aplicable: cuando se invita a estar presentes en las elecciones de Armenia a diversos representantes observadores oficiales, incluso europeos u oriundos de otros países, está fuera de toda duda que la Diáspora armenia —parte inseparable de la nación armenia— tiene derecho prioritario a estar presente, al menos en calidad de "observadora oficial", participando así formalmente en dichos comicios.

 

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