SECCIONES
ARMENIA
LOCALES
DIÁSPORA
UGAB
INSTITUCIONES
EMPRENDIMIENTOS Y PYMES
OPINION
AGENDA
SOCIALES
EDICIONES
Temp.: -
Hum.: -
Lunes 23 de Marzo - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Opinion - Grigor Arakelian, iranólogo, diplomático
Conflicto Irán-EE.UU.-Israel: los escenarios contradictorios del desenlace
23 de Marzo de 2026

 

La mayor atención en Medio Oriente y los países vecinos se concentra estos días en las perspectivas de resolución de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán. Sin embargo, cada uno de los bandos involucrados en las operaciones militares tiene su propia visión del desenlace.

EE.UU.

Aún no es posible dar una evaluación definitiva sobre los objetivos militares del presidente estadounidense Donald Trump. Sus metas parecen oscilar entre varias direcciones: por un lado, limitar el programa nuclear iraní; por otro, obligar a Teherán a aceptar todas las exigencias de EE.UU. e Israel. Más aún, Trump también aspira al colapso del sistema teocrático vigente en Irán.

Hasta ahora, la República Islámica no se ha sometido ni se ha derrumbado, aunque sus capacidades militares se han debilitado considerablemente como consecuencia de los bombardeos continuos del adversario.

En febrero, las negociaciones indirectas entre Irán y EE.UU. sobre la cuestión nuclear —celebradas en Ginebra con mediación de Omán— registraron cierto avance, según declaraciones de ambas partes. El gobierno omaní informó posteriormente que Irán estaba dispuesto a realizar concesiones significativas que, según el mediador, podían constituir una garantía sólida de que Teherán no buscaría adquirir armas nucleares.

Sin embargo, Irán no estaba dispuesto a discutir ni la limitación ni la suspensión de su programa de misiles balísticos, ni tampoco el cese del apoyo a grupos aliados en la región.

El mejor escenario para Washington y sus aliados sería el colapso del orden teocrático en Irán y la formación de un sistema de gobierno predecible para Occidente. Otro resultado deseable para EE.UU. sería que la República Islámica cambie su conducta y abandone el apoyo a fuerzas proxy en la región; aunque esto parece poco probable en caso de que Mojtaba Jamenei ascienda como nuevo líder, ya que su prioridad podría ser la venganza.

Un posible bloqueo del estrecho de Ormuz —y el consiguiente aumento de los precios mundiales del petróleo— podría presionar a Trump para que ponga fin a la guerra. A esto se suma que la renuncia de Joseph Kent, director del Centro Nacional Antiterrorista de EE.UU., en señal de protesta contra la guerra, tampoco fue un desarrollo favorable para la administración estadounidense.

Irán

Irán busca concluir la guerra lo antes posible, pero no a cualquier precio; en particular, no mediante la sumisión total a todas las exigencias de EE.UU.

Teherán es consciente de que probablemente cuenta con "paciencia estratégica" para resistir a Trump, y en ese sentido la geografía también juega a su favor: Irán posee la costa más extensa entre los países del Golfo Pérsico y puede amenazar durante largo tiempo el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz, por donde habitualmente pasa cerca del 20% del petróleo mundial.

El llamado de Trump a otros países para que colaboren en la gestión de las consecuencias de la guerra no encontró amplia respuesta: Gran Bretaña, los países europeos y otras naciones no mostraron disposición a aportar medios para escoltar buques comerciales.

La posición oficial de Irán es que la guerra debe terminar con garantías claras de que el país no será objeto de nuevos ataques. Teherán exige además una indemnización por los daños de miles de millones de dólares causados por los ataques aéreos de EE.UU. e Israel.

Aunque la concreción de tales exigencias es poco probable, para Irán es fundamental presentarse ante la comunidad internacional y ante su propio pueblo como el bando victorioso, capaz incluso de reclamar reparaciones de guerra.

Israel

De los tres actores principales, Israel es el que menos apura el fin del conflicto.

Israel busca destruir en la mayor medida posible el arsenal de misiles balísticos de Irán, así como sus centros de mando, estaciones de radar e instalaciones militares. Al mismo tiempo, Israel quiere que Irán comprenda claramente que cualquier intento de reconstruir esas capacidades tendrá graves consecuencias, ya que la fuerza aérea israelí podría volver a atacar.

Israel considera los programas misilístico y nuclear de Irán como una amenaza existencial. Antes del inicio de esta guerra, Irán contaba con una desarrollada industria local de misiles y drones; en particular, los drones tipo "Shahed" eran suministrados a Rusia para su uso en la guerra contra Ucrania. Irán llevaba a cabo además el enriquecimiento de uranio a niveles que, según sus adversarios, superan lo necesario para la energía nuclear civil.

El gobierno de Benjamin Netanyahu considera estos dos factores —el programa misilístico y la actividad nuclear— como amenazas con las que Israel no puede convivir.

Más leídas