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Viernes 20 de Marzo - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Opinion - Vardan Oskanian, ex ministro de Asuntos Exteriores de Armenia
No vio la guerra de 2020, pero "predice" la del otoño
20 de Marzo de 2026

 

Ayer, Pashinian recurrió una vez más a su ya predecible método de acción: convertir la amenaza de guerra no en una cuestión de responsabilidad, sino en un burdo instrumento político. Esta vez fue más lejos, advirtiendo, o más bien, chantajeando, al pueblo armenio: si pierde las próximas elecciones, la guerra será inevitable.

Podría pensarse que, después de las guerras, los años de fracasos, las pérdidas y las decepciones vividas bajo su gobierno, declaraciones de este tipo se presentarían al menos con cierta seriedad o mesura. En cambio, suenan cada vez más desesperadas, casi mecánicas, como si repetir la misma idea pudiera restaurar una confianza hace tiempo perdida.

Paradójicamente, cuanto más insiste en esta narrativa, más le juega en contra. El pueblo armenio no necesita que le recuerden la guerra: la vivió, cargó con su dolor y pagó su precio. Y cada vez que Pashinian toca ese tema, no genera miedo ante un futuro incierto, sino que reactiva recuerdos muy concretos de sus propios años de gobierno. Las guerras bajo su mandato no fueron hipotéticas: fueron reales, devastadoras y de consecuencias gravísimas. Así, cuando habla de guerra, la gente no imagina lo que podría ocurrir sin él, sino que recuerda lo que ocurrió precisamente bajo su conducción.

No sorprende, entonces, que este argumento suene cada vez más vacío. Un líder que ha fracasado en política exterior y en seguridad ahora pretende presentarse como el único garante de la paz. Esto podría parecer irónico si no fuera tan serio. Los hechos hablan por sí solos: se dejaron pasar oportunidades, se ignoraron advertencias, y propuestas como la opción del Grupo de Minsk de 2019 no solo fueron rechazadas, sino ocultadas al público.

Pero quizás el aspecto más preocupante de esta retórica no es su cinismo, sino su absoluta irracionalidad. Pashinian habla como si tuviera la capacidad exclusiva de predecir el momento de una guerra, como si las realidades geopolíticas se acomodaran a los resultados electorales. Sin embargo, la realidad muestra otra cosa. El 21 de septiembre de 2020, apenas seis días antes del inicio de la guerra de los 44 días, presentaba en el salón del Madenataran su visión "Armenia 2050", repleta de grandes ambiciones y un optimismo completamente desconectado de la realidad. Ni una palabra, ni una insinuación, ni una señal de que el país estaba a punto de enfrentar una de las guerras más devastadoras de su historia contemporánea.

La pregunta, entonces, sigue en pie: si no pudo prever una guerra que estallaría apenas días después, ¿en qué basa ahora su predicción de guerra para el otoño?

Estos recordatorios constantes sobre la guerra dicen más sobre las incapacidades y los fracasos de quien los pronuncia que sobre los peligros que enfrenta Armenia. No reflejan visión estratégica, sino falta de consciencia política; no liderazgo, sino pura improvisación. Y quizás lo más elocuente es que este enfoque subestima precisamente a quienes intenta influir, suponiendo que olvidarán o ignorarán lo que ya vivieron en carne propia. Esta es, tal vez, la prueba más evidente de cuán desconectado está de la realidad.

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